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La bisexualidad es poder

En el Día Internacional de la Bisexualidad hablamos con cinco personas sobre sus historias, las implicaciones de su orientación sexual y los prejuicios que se encuentran al vivir en ese espectro amplio de la bisexualidad
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@Lauracelofan

“Lo positivo de la bisexualidad ha sido que me ha traído una exploración muy amplia del deseo y una ruptura grandísima con la heterosexualidad como sistema opresivo. Es mucho más tangible y visible cuando uno ha habitado el mundo heterosexual”, dice Zoha al hablar de su experiencia al habitar esa categoría difusa llamada bisexualidad.

Para Natalia reconocerse bisexual implicó una ruptura con el binarismo de lo bueno y lo malo. A Camila le dijeron que solo era una etapa, que todos los gays pasaban por eso. Para Juane, una persona no binaria, las orientaciones plurisexuales están todas cobijadas bajo la diversidad, pero hay una variedad de conceptos que pueden generar confusión.

El binarismo opera en la mayor parte de los sistemas culturales del mundo, especialmente en el de influencia occidental. Esta cultura binaria ha sido criticada por el movimiento y las teorías queer por la exigencia de ser o estar de un lado o del otro cuando en la vida práctica el espectro es mucho más amplio. 

En esa resistencia al mundo heteronormativo, muchas personas han encontrado fuerza al apartarse de la norma y de los roles tradicionales que la sociedad impone. En ese fluir reside también el poder y la libertad de explorar la intimidad fuera de las restricciones convencionales. 

Y aunque la letra B en la sigla LGBTIQ+ haga referencia a las personas bisexuales, en esta misma población hay prevención o sospecha hacia ellas. La bifobia es un hecho, a pesar de que se disfraza de cuestionamiento sutil, chistes morbosos o desestimación de la experiencia bisexual. Y, como es de esperarse, puede tener consecuencias psicológicas negativas en las personas con esta orientación sexual.  Como dice Zoha, “en un mundo en el que se exige tanta definición, vivir en el lado fluido es complejo. A veces quisiera desecharlo y volver a mi construcción heterosexual, porque siento que es un lugar de privilegio al que es muy difícil renunciar. Hay muchas contradicciones mentales, batallas internas”.

Quienes se identifican como bisexuales buscan precisamente que su orientación sexual no sea señalada como una etapa o un estado de confusión, sino que se reconozca como la atracción sexual y afectiva tanto por personas del mismo sexo como del opuesto. 

Hoy, como cada 23 de septiembre desde 1999, la bandera con el azul morado y el rosa se ondea para celebrar el Día Internacional de la Bisexualidad. El objetivo es dar visibilidad, eliminar la discriminación y el acoso que viven las personas que se identifican como parte de ese espectro amplio de la bisexualidad. 

Recopilamos parte de sus historias para conocer las maneras distintas en que se vive la bisexualidad como un proceso que se transforma, una fluidez, una contradicción o incluso una confrotación con los valores más arraigados en nuestra cultura. 

1. Zoha AMC, antropóloga.  

Lo más importante del proceso de reconocerme como bisexual fue darme cuenta del sistema heterosexual. Primero fui bisexual, luego me construí y crecí como heterosexual, después me quité esa “máscara”, y lo que quedó debajo o lo que salió a flote más que bisexualidad puedo decir es una sexualidad fluida. En su momento me nombré bisexual por mucho tiempo, pero cada vez voy viendo que es problemático el binarismo, aunque cuando las personas bisexuales nos nombramos como bisexuales estamos también reconociendo que es una categoría política. Para mí, la sexualidad fluida está aunada a un género fluido más que todo. 

En un comienzo me reconocí como bisexual cuando reconocí que mi sexualidad inicialmente fue de exploración con niñas de mi misma sexualidad y luego con niños y jóvenes. Me reconozco bisexual en el momento en el que acepto la posibilidad de sentir la atracción en diferentes grados, magnitudes y no siempre al mismo tiempo hacia personas con genitalias diferentes. 

A mi vida lo que ha traído la bisexualidad ha sido más problemático que beneficioso. Por un lado está la bifobia tanto internalizada como externa. La internalizada se da porque socialmente tiene muchas cargas el ser bisexual en ambos espectros, dentro de la heteronorma y la homonorma. La bifobia está muy presente, entonces hay un alto grado de internalización, de querer negar que eso está ahí, que existe y que yo siento como algo posible: la fluidez, un lugar de no definición. En un mundo en el que se exige tanto estatismo y tanta definición, vivir en el lado fluido es complejo. A veces quisiera desecharlo y volver a mi construcción heterosexual, porque siento que es un lugar de privilegio al que es muy difícil renunciar. Hay muchas contradicciones mentales, batallas internas. 

Por otro lado, la bifobia externa es muy fuerte; el tema de la búsqueda del deseo, de pareja y amor romántico es complejo porque no se acepta mucho el lugar de las personas con esta construcción bisexual o fluida. A las personas heterosexuales les cuesta mucho estar con personas bisexuales porque sienten cierto grado de incertidumbre, y las personas homosexuales u homonormadas también desconfían mucho. La bifobia se ve mucho en esta desconfianza, en lugar de preguntarse por nuestros acuerdos, nuestros principios o valores. 

Lo positivo de la bisexualidad ha sido que ha traído una exploración muy amplia del deseo y una ruptura grandísima a la heterosexualidad como sistema opresivo. Es mucho más tangible y visible cuando uno ha habitado el mundo heterosexual. Cuando uno lo ha vivido y sabe que puede ir y volver, uno se hace más consiente. Da un espectro de análisis mucho más grande. Pero también lo pone a uno en unos lugares muy complejos de indefinición.  


Eventualmente para funcionar en muchas cosas de la sociedad yo creo que se nos exige definirnos por uno o por otro, repitiendo el binarismo. Es duro, porque implica (para mí) renunciar a una naturaleza de mi esencia y de mi libertad.


Nunca me habían hecho esa pregunta, generalmente las personas bisexuales o pansexuales no tenemos estos espacios. Finalmente creo que la bisexualidad da un espectro más grande hacia la aceptación de la verdadera diversidad, así el pronombre bi hable de dos, la bisexualidad es un espectro muy grande. Abre mucho más el abanico a los cuerpos, a lo queer, en el sentido de desestructurar muchas cosas del deseo, de como deben ser los cuerpos. Ya sea desde la homonorma o heteronorma siento que realmente en la bisexualidad, pansexualidad o fluidez sí se abre la sombrilla de la diversidad. Considero que las demás letras son casillas. 

2. Juane Celeste, estudiante de psicología y biología. Cofundadore grupo Gensir.

Me reconozco como una persona no binaria, pansexual o bisexual, esa diferencia nunca me ha quedado muy clara, me parece baladí. Me reconozco como no binarie, y esto me ha traído implicaciones malas, departe de las terfs que llegan a ser excluyentes. La gente también desconfía de ti por transicionar tarde, no te llegan a creer del todo. Incluso es más complejo, porque hay una heterosexualidad compulsiva, y esta, mi identidad es solo un pretexto para “comerme” chicas indistintamente. También en mis interacciones sociales ha tenido implicaciones de este estilo, de desconfianza.

No sé la diferencia entre bisexualidad y pansexualidad, en un momento no me interesó definirme en una, salí con el término bipansexual. Yo lo que entendía era que la pansexualidad incluía a las personas trans, binarias y no binarias. En cambio, la bisexualidad aparentemente supone dos géneros. 

Más tarde personas bisexuales empezaron a decirme que no, que desde que la bisexualidad se enuncia como una categoría política relevante en la esfera pública ya se está incluyendo la gente trans, que rebasa lo cis. 


Aún me confunde, no tengo clara la diferencia y lo vivo así. Está el ser polisexual, pansexual y bisexual, tres categorías que a grosso modo se sobreponen entre ellas y tienen diferencias que para algunas personas son importantes, para mí, personalmente, no. Yo me enuncio desde la pansexualidad y la bisexualidad a veces, sin distinción.


3. María Camila, trabaja en creación de contenidos. 

Cuando estaba descubriendo mi sexualidad en la infancia (tipo 8 años) tuve acercamientos a contenido para adultos con una amiga, fue accidental y como era niña y sabía que era algo prohibido pues más me quedaba ahí. Ese contenido para adultos era más que todo lésbico. Ya luego más “grande” entrando en los años de preadolescencia (entre 11 y 12 años) yo sentía que ningún otro niño se fijaba en mí (en cambio a otras niñas sí notaba que las miraban mucho y demás) … entonces empecé a buscar por internet test de cómo saber la sexualidad o cómo saber si era lesbiana o cómo actuar como lesbiana, la verdad ni sé cómo llegué a conocer la palabra lesbiana, pero sí sé que la conocía, la palabra se me quedó.

Efectivamente empecé a seguir como esos tips que daban en internet para ser o parecer lesbiana (JAJAJ), pero luego un niño se fijó en mí y nos hicimos novios. Así que hasta ahí llegó mi vaina de ser lesbiana. Esta parte es graciosa porque hasta el momento yo no había negado nunca mi atracción a las mujeres, pero tampoco lo había reconocido… estaba como ahí. 

Luego, una vez en el colegio tenía 15 años y estábamos hablando con amigas y algún comentario que yo hice llevó a que me dijeran “ah tú eres bisexual” y yo…. lo negué, la verdad no sé por qué. Supongo que me dio pena o tal vez hasta el momento no lo había reconocido conmigo misma, la verdad no sé. Para ese entonces yo ya había tenido acercamiento con una chica, pero nada que verbalizáramos, solo era algo físico en privado, en público éramos las mejores amigas.

A los 15 o 16 conocí a una mujer lesbiana con quien tuve mucho feeling, yo siempre he sido curiosa por la sexualidad y le pregunté si era lesbiana y ella, entre risas y con pena, me dijo que sí y me preguntó a mí y yo le dije que no, que yo era bisexual… ella me dijo que eso era una etapa y que todos los gays pasaban por eso. Más adelante otro amigo me pregunto “si ya me había definido”, preguntas tal vez incómodas, pero que en su momento se me hacían normales. 

Creo que el momento full de reconocerme como lesbiana surgió a los 17 años cuando le dije a mi mamá y ella me dijo que no estaba de acuerdo con eso porque “le parecía deshonesto, que uno o escoge una cosa o la otra, pero no ambas” yo le dije que yo me fijaba en el alma de las personas, no en su físico o lo que sea… pero ella no dijo nada más. Ahí decidí que no iba a decir nunca nada más en mi casa hasta que tuviera una novia, que hasta el sol de hoy no ha pasado. Yo creo que mi papá lo sabe, pero nunca lo hemos hablado y la verdad no me interesa. No creo que me esté escondiendo porque como buena mujer bisexual poco o nada salgo con otras mujeres y con las pocas que he estado nunca ha sido para nada serio. Tal vez solo tienen un interés sexual o un morbo o qué sé yo. El punto es que si no tengo algo serio con alguna mujer, ¿para qué decir algo acá en la casa que probablemente solo va a alterar a todos y no va a hacer ningún bien?

Eso sí: mis opiniones yo no las callo y si una mujer me parece atractiva yo lo digo y si hacen comentarios homofóbicos yo me paro en raya; la vez que fui al pride mis papás ni preguntaron gran cosa, ni me dijeron nada, creo que a veces las palabras sobran y hay silencios y acciones cómplices que hacen que yo me sienta en plena libertad de ser quien soy sin sentirme juzgada en mi núcleo familiar. Mucho menos en mi grupo de amigos porque ellos lo saben y no hay mucho por decir ahí y solo he recibido amor y comprensión. 


Admito que me molesta que cuando digo que soy bisexual me vean con cierto morbo o como si no sé qué extraño pasara conmigo, pero esas veces son contadas. Y si soy sincera prefiero el morbo de los hombres, que las miradas juzgadoras de las lesbianas. Casi siempre miran como “es una etapa” o creen que uno está “experimentando”.


4. Natalia, antropóloga. 

Desde pequeña lo sabía y lo sentía y lo practicaba, solo que con miedo, porque en el imaginario de la familia tradicional está la normalización de que a una deberían gustarle los hombres y que es muy extraño que a una le gusten las mujeres, extraño e incómodo, y así crecí yo. De las primeras personas que me gustaron en el colegio fue una amiga y un niño, me gustaron al tiempo, y fue normal. 

Fui creciendo y yo sentía esa atracción hacia las mujeres, pero yo crecí en una familia católica con valores tradicionales, entonces había cierto rechazo a eso. De nuevo, yo lo supe desde pequeña, pero luego hubo un rechazo propio hacia mi gusto por las mujeres, tal vez en forma de silenciar mis gustos. Porque asociaba mucho la idea de gustar de mujeres con el pecado. A mis 15 años me cuestioné de nuevo esa forma de autocensura porque para mí era muy normal que me gustaran los hombres, pero no las mujeres. Cuando me reconocí oficial y públicamente como bisexual ya fue entrados mis 18, 19 años con mi primera pareja mujer. 


No me reconocí como bisexual con resignación, simplemente lo asumí como un hecho, algo normal para mí. Fue una forma de hacerme la vida más llevadera y bonita porque vivir con culpa es horrible.


Yo no quería que mi forma de amar y recibir amor tuviera un velo de culpa entonces lo acepté con tranquilidad, así como se acepta el hecho de tener que lavar ropa al otro día, porque no es una tragedia. Yo creo que no es un a pesar de, no es algo de asumir con tolerancia, no es que me toque aceptarlo porque es lo políticamente correcto. No lo veo como un “me acepté”. 

Lo que implicó en mi vida fue la ruptura entre lo binario de lo bueno y lo malo (bueno gustar de hombres, malo gustar de mujeres), y eso hizo eco en otros ámbitos de mi vida sobre lo bueno y lo malo, sobretodo de las actitudes. Por ahí mismo empecé a cuestionarme cómo me comportaba yo con los hombres y la forma en la que yo soy con las mujeres. Hay una sexualización de por medio, me preguntaba si de la misma manera en que está esa sexualización de los hombres a las mujeres (porque lo he vivido, porque sé que así es) debía yo hacerlo si a mi también me gustaban las mujeres. 

Nunca sentí rechazo cercano ni que me juzgaran de forma cercana, aún cuando yo he sido muy abierta respecto a mi sexualidad, por ejemplo, con mi mamá, mi abuela, mis amigas… Mi mamá de hecho tampoco lo ve como es mi hija a pesar de (ser bisexual) sino igual que yo, es un hecho, son cosas que pasaron así. 

Otra implicación que tuvo reconocerme como bisexual fue darme cuenta de cómo yo me había autocensurado toda la vida, no solo en términos de mi sexualidad sino en otros aspectos. El replantearme mi forma de vivir la sexualidad me hizo replantearme muchos aspectos de mi vida, y todavía. Creo que son procesos inacabados y que se transforman todos los días. 

5. Carolina, correctora de estilo, escritora. 

Mi primer acercamiento a la bisexualidad fue con unos episodios de abuso que cuando estaba pequeña no entendí y acepté porque, por decirlo así, me gustaba que sucedieran. Mientras tanto, cursando la primaria me di cuenta de que no solamente me gustaba compartir con mi mejor amiga, sino que realmente me atraía físicamente, entonces de algún modo entendí que me gustaba. Me pasó después con otras chicas y eso corroboró que me gustan las mujeres. 

Fui creciendo y en el colegio hubo un boom de la comunidad LGBT (en ese entonces no se habían incluidos más letras) y sentí el apoyo y el espacio para poder compartir con otras personas lo que yo sentía y cómo me sentía, así que empecé a pasar más tiempo con amigas que tenían la misma orientación sexual que yo, lo cual me hizo encontrar una zona de confort. 


Por supuesto que también caí en ese error de sexualizar el cuerpo femenino y bueno eso fue algo que solo entendí hasta que llegué a la universidad, pues al ser “más grandes” es una discusión más aceptada y confrontada también. Esto me sirvió mucho para entender y ser consciente de que la orientación sexual no tiene que ver con sexualizar los cuerpos de nadie.


Las repercusiones que esto ha traído a mi vida estuvieron encaminadas en un principio por el miedo, porque no sabía cómo decírselo a mi mamá, que es con quien he vivido siempre. Pero lo importante de esto fue cuando entendí que no era necesario decirlo, que nadie estaba pidiéndome ni exigiéndome que hiciera público lo que yo sentía y cómo me sentía respecto a mi sexualidad. 

Durante la secundaria estuve un tiempo en una iglesia cristiana y aunque no veía la bisexualidad como un pecado, porque sabía que nadie puede impedirnos sentir las cosas que sentimos y por quiénes las sentimos, si me rayó un poco el hecho de no ser lo que ellos esperaban que yo fuera, y también me pasó que unas chicas de la iglesia me atraían mucho. Después, simplemente decidí alejarme de todos estos temas que no iban mucho conmigo y continuar mi vida aceptando lo que soy y entendiendo que no tengo que ir por la vida presentándome “hola, soy bisexual”, como si fuera algo para destacar o alguna advertencia. 

Durante la universidad tuve algunas experiencias sexuales con otras mujeres y aunque no he tenido relaciones sexoafectivas con ellas y con ninguna otra mujer, estas experiencias terminaron por aclararme que soy bisexual. Supongo que algún día podré extrapolar mi atracción y que eso signifique estar con otra mujer y sentirme atraída por ella en todos los aspectos que se pueda.