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La entrevista de Oprah con Harry y Meghan arrasó con la monarquía

Alan Sepinwall habla sobre cómo la entrevista cambiará la forma en que las nuevas generaciones vean a la realeza
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Joe Pugliese/CBS

Oprah Winfrey puede ser muchas cosas en su calidad de entrevistadora: Serena, cálida, familiar, desafiante y ocasionalmente ingenua en la forma en que solo alguien tan rico y famoso como ella puede serlo.

¿Pero lo que casi nunca es? Desubicada. Sin embargo, con esa sílaba rápida y la expresión que lanzó mil memes para acompañarla, ninguna otra palabra describe mejor su respuesta.

¿Qué?, dijo la entrevistadora.

Este fue el momento de Oprah With Meghan and Harry: A CBS Primetime Special donde quedó claro que la entrevista de Oprah con la pareja real superaría las expectativas de todo mundo. Meghan, la actriz convertida en duquesa, acababa de revelar que en el período previo al nacimiento de su hijo Archie alguien de alto rango en la familia real había expresado su preocupación por cuán oscura sería la piel del bebé. Y el rostro de Oprah habló por muchos de nosotros.

“¿Qué?”, no solo fue una reacción al racismo institucional hecho explícito por la revelación de Meghan, sino las ganas que su entrevistada tenía para hundir a sus suegros. Había siluetas que Meghan y Harry parecían dibujar y nombres que eligieron no nombrar; pero cuando Harry se unió a la segunda hora de la entrevista, se negó a dar más detalles sobre la conversación sobre el color de la piel, aunque confirmó que tuvo lugar.

En general, parecían hablar sobre su relación con los otros miembros de la realeza, aparte de la propia Reina Isabel, a quien tanto Meghan como Harry describieron como extremadamente amable, nadie más escapó sin rasguños. 

Harry sugirió una relación distante con su hermano William, y expresó su decepción porque su padre, quien había pasado por una experiencia similar con la forma en que la familia y los medios de comunicación trataron a la princesa Diana, había mostrado tan poca empatía por su situación, hasta el punto de rechazar las llamadas de Harry por un tiempo.

La mayor parte de su ira, sin embargo, estaba reservada para las palancas y engranajes que componen la monarquía misma, a la que se referían en varios puntos como “la institución” y “la empresa”. La monarquía les había fallado en múltiples niveles, argumentó la pareja: negándose a otorgarle un título principesco (y, lo que es más importante, la protección de por vida que lo acompaña) a Archie; negarse a brindarle a Meghan el tipo de apoyo contra los medios británicos que recibieron otros miembros de la realeza; y, lo que es más atroz, negar su solicitud de buscar un tratamiento para la depresión que se estaba saliendo de control.

La lista de pecados reales era amplia y profunda, de maneras que hicieron que la conversación se sintiera relevante mucho más allá de los problemas específicos de esta pareja. Esto no era solo un chisme de celebridades, sino una historia sobre la salud mental, sobre el racismo institucionalizado y sobre cómo las imágenes, donde Meghan y Harry se veían felices y serenos en una noche de fiesta cuando en realidad ella le había suplicado a Harry que la llevara por miedo a lo que podría hacerse a sí misma si la dejaban sola en casa. En un momento, Meghan incluso mencionó ir a Recursos Humanos en busca de ayuda y no encontrar ninguna, una circunstancia tristemente común que nunca esperarías de una mujer cuya supuesta boda de cuento de hadas fue vista por millones.

Sin embargo, la entrevista de Meghan y Harry pintó una imagen de una institución tan calcificada que quizás sea insalvable, incluso como la gloriosa y costosa firma de relaciones públicas en la que se ha convertido esencialmente la realeza.

Este se sintió como el tipo de evento que la televisión rara vez ofrece en un mundo posterior a las plataformas digitales (las primeras calificaciones sugirieron que un promedio de 17.1 millones de personas lo vieron el domingo por la noche). Esta entrevista moldeará la percepción de la realeza en los próximos años, incluso si sus lecciones se aplican a un mundo mucho más amplio que el del Palacio de Buckingham.