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La estrategia del terror: joven en Tuluá aparece decapitado

El joven asesinado seria parte de los manifestantes del Paro Nacional en su municipio
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Lo poco que se sabe de Santiago Ochoa, el joven que apareció decapitado en las últimas horas, es que salió de su casa en Tuluá Valle del Cauca el pasado sábado 19 de junio y no regresó. La cabeza del joven, sin ser identificada en ese momento como tal, fue encontrada en el jardín de una de las casas de Aguaclara, zona rural de Tuluá.

Medicina Legal determinó horas más tarde que esta parte del cuerpo pertenecía a Santiago Ochoa. De acuerdo con algunas versiones Ochoa sería parte de la primera línea de resistencia de Tuluá en las protestas del Paro Nacional, algo que no se ha confirmado. 

El hecho horrorizó a los habitantes del sector y ha generado un gran rechazo por parte de la ciudadanía en general, que en redes sociales ha pedido claridad y justicia. Algunas personas en redes sociales como Twitter vincularon el caso con posibles acciones del ESMAD, pero las autoridades locales han aclarado que este cuerpo policial no ha tenido operaciones en los últimos días en este municipio.

La gravedad de este acto violento desafortunadamente no radica en que sea algo ajeno a las dinámicas de la violencia en nuestro país, pero sí por los posibles nexos con la represión contra manifestantes. Colombia en su larga historia de conflicto armado ha contado con hechos de este tipo que además de castigar con la muerte hacen uso de la sevicia como modus operandi para generar terror.

El informe del Centro Nacional de Memoria Histórica de 2016 Hasta encontrarlos recopiló relatos y sistematizó las formas en que actores armados, principalmente grupos paramilitares, llevaban a cabo actos “inútiles” para asesinar, porque solo sumaban dolor y degradación a los cuerpos que iban a ser o que ya habían sido ejecutados. “En estas prácticas de sevicia se ponen en evidencia las intencionalidades de ocultamiento y de generación de terror”, dice el informe.

La investigación en su momento además explicaba que estos actos antemortem y postmortem (antes y después del asesinato) tienen varias funciones más allá de acabar con la vida de la víctima. Algunas de estas incluyen el deshonrar la corporalidad de las víctimas, degenerar los rasgos físicos por los que podrían ser reconocidas y enviar un mensaje a las familias y a la comunidad de los alcances de los perpetradores, su control y capacidad de generar terror.

La Policía del Valle del Cauca ofreció una recompensa para tener información sobre el caso y los autores de este crimen por un monto de 10 millones de pesos, algo que ha sido criticado por algunos personajes de la vida pública por ser una cifra muy pequeña comparada con la ofrecida por otro tipo de crímenes. Se espera conocer más detalles del caso y justicia para Ochoa y su familia.