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La predicción de la pandemia

El nuevo libro de Lawrence Wright (ganador del Pulitzer) imagina una plaga global peor de la que enfrentamos en este momento
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JAY L. CLENDENIN/”LOS ANGELES TIMES”/CONTOUR RA/GETTY IMAGES

Hace diez años, Lawrence Wright estaba sentado en su escritorio pensando en el fin del mundo. The Looming Tower, su libro sobre el surgimiento de Al Qaeda y los eventos que llevaron al 11 de septiembre, ganó un Pulitzer, convirtiéndolo en el hombre ideal para las historias sobre catástrofes de proporciones épicas. Así que no fue una sorpresa cuando el director Ridley Scott lo llamó para hablar sobre La carretera, la obra maestra literaria y apocalíptica de Cormac McCarthy. “La pregunta de Ridley fue: ‘¿Qué carajos pasó?’”. Wright, de 72 años, me dice por teléfono desde su casa en Austin. “Pensé que era una pregunta interesante: ‘¿Qué causó que la civilización se agrietara y derrumbara?’”.

Wright se puso a trabajar creando un guion para responder a esa pregunta. La guerra nuclear era demasiado obvia. El cambio climático no era tan obvio como ahora. Pero en su época de joven reportero (antes de sus días en Rolling Stone E y The New Yorker), Wright vivió en Atlanta y cubrió el Centro para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC). “Cubrí la gripe porcina y la enfermedad de los legionarios en 1976”, comenta. “Estaba en sintonía con la idea de que una pandemia podría tener ese efecto”. Escribió los dos primeros actos del guion pero se enredó en el tercero, sin saber muy bien cómo acabar con el mundo. “Y Ridley se fue e hizo Robin Hood”, dice riendo.

Entonces, hace unos años, Scott lo volvió a llamar: “Me dijo: ‘No sé por qué carajos nunca hicimos esa película’. Quería saber si estaba interesado en retomar”. Cuando Wright lo hizo, se dio cuenta de que quería escribirla como una novela que seguiría a un cazador de microbios llamado Henry Parsons mientras intenta rastrear la fuente de –o encontrar la cura para– un virus nuevo que está acabando con la humanidad. El pánico se propaga, los problemas abundan, y con una buena razón: la civilización enloquece. Esto significa que los eventos imaginarios de The End of October, que salió a la venta el 28 de abril, se parecen mucho a la realidad de hoy.

Mucho de lo que pasa en The End of October está sucediendo ya; como refugiarse en cuarentena, la caída del mercado de valores, el cierre de los colegios, el derrumbe de los sistemas, incluso la forma en que el gobierno responde. Si lo hubiera leído hace un par de semanas, habría parecido ficción. Ahora no lo es.

Hubo cosas que escribí en la novela y pensé que probablemente eran muy extremas, como hacer que tres millones de personas hicieran cuarentena en La Meca. Nunca se me ocurrió que China haría que 100 millones de personas hicieran cuarentena. Las dimensiones de la reacción fueron algo que pensaba imposible.

Pero es impresionante en todo lo que acertó.

Bueno, hay cosas que me están acreditando y no lo merezco. Por ejemplo, la sensación de que estábamos destinados a sufrir una pandemia de grandes proporciones es algo que, cuando estaba entrevistando a estos expertos, todos ya veían posible. Entonces yo reflejé su ansiedad en la novela. Eso no es una profecía.

Acabo de escribir una historia sobre la ansiedad y el cambio climático. Los científicos saben qué pasará y de todos modos la gente no presta atención. ¿Es la misma sensación que tenían los epidemiólogos?

Por supuesto. Cuando comencé a trabajar en el libro, me di cuenta de que mi imaginación como novelista no era equivalente a la ansiedad que esta gente tenía. No era algo de “si sucede”. En su mayoría estaban de acuerdo con que: “Esto va a suceder. Tenemos que estar preparados y no lo estamos”. Y hubo un grado justo de enojo de su parte.

En muchos aspectos, la novela se basa en la progresión de la gripe de 1918 y de lo que pasaría si volviéramos a una época en la que millones y millones de personas viajan todos los días, las ciudades son más densas, la gente está mucho más en contacto y el mundo tiene más habitantes. Si sueltas un virus en ese contexto, ¿qué pasaría hoy? El COVID-19 no es ni de cerca tan mortal como la gripe de 1918, pero puedes ver qué pasaría si fuera ese virus, gracias a la falta de preparación y el hecho de que la creación de la vacuna o un tratamiento se demora tanto. Eso me pareció una verdadera amenaza a la civilización.

¿Cuándo sacó el guion del cajón?

Hace tres años. Decidí que me obligaría a investigar. Soy un periodista de formación, por lo que siempre pienso que la realidad es más poderosa y más sorprendente que mi imaginación. Hablé con expertos, y fui a los Institutos Nacionales de Salud, a Fort Detrick (instalación del Comando Médico del Ejército de los Estados Unidos), y a la base naval de Kings Bay en Georgia. Hay un montón de cosas sobre los animales, porque usualmente la gripe se origina en las aves, así que entrevisté a veterinarios, y aprendí cosas que no podría haber imaginado.

Retomando lo de la gripe de 1918, una cosa que me impactó en el libro es la manera en la que habla de cómo la gente tiende a recordar los eventos históricos y a conmemorarlos, pero cuando se trata de la pandemia de 1918, hay casi que un olvido intencional.

Eso me fascinó porque la gripe mató a más estadounidenses de los que murieron en todas las guerras del siglo XX: la Primera y Segunda Guerra Mundial, Corea, Vietnam, Iraq, Afganistán; 675 mil personas en total. Mi papá tenía tres años, y él y sus padres se contagiaron en el centro de Kansas. El promedio de vida de un estadounidense en 1917 era de aproximadamente 55 años. En 1918, bajó a 39. Es una cicatriz en la historia que dejó una gran marca, pero inmediatamente después, nadie la mencionó. ¿Por qué sucedió esto? En parte porque la gripe se vio opacada por la guerra, que era muy preocupante. Pero también la razón por la cual la gente evitó el tema es que no sabía qué hacer al respecto, y no era cuestión de ser heroico, con excepción de los trabajadores de la salud. Uno simplemente tiene gripe, y sobrevive o muere. No hubo acción humana involucrada, a diferencia de la guerra, que está llena de drama. La gripe es silenciosa, mata a la gente indiscriminadamente, y hay poco heroísmo en tratar de luchar contra la infección. Así que todas esas cosas contribuyeron al hecho de que esto acabara por ser enterrado en la memoria universal.

Aun así, hay mucho heroísmo en su libro.

Me impresionó el coraje y el compromiso de las personas que he conocido en la salud pública. De cierta manera, es un sacerdocio científico. Se someten a un peligro tremendo.

¿Gracias a que los virus pueden escapar con facilidad?

Sí, pasa todo el tiempo y con una frecuencia alarmante. Ir a un ambiente ajeno, investigar algo que nadie ha visto antes y del que no tienes idea, como epidemiólogo, ¿a qué te enfrentas? Te estás poniendo en peligro.

¿Considera que es bueno este recordatorio de lo frágil que es nuestra especie y nuestra civilización?

Sí, es importante comprender que estamos sujetos a los caprichos de la naturaleza y tenemos que respetar eso. Parte de la razón por la cual estamos tan mal preparados para una pandemia de ese tipo es la arrogancia de la gente al pensar que nuestra civilización ha conquistado y subyugado a la naturaleza. Ese no es el caso. La naturaleza es más inteligente que nosotros. Incluso desde el cambio de milenio, tuvimos el resurgimiento del H1N1, que fue una gripe de 1918. Hemos tenido zika, ébola, SRAS y MERS. En el espacio de 20 años, han aparecido una serie de nuevas enfermedades extremadamente peligrosas, y veremos muchas más. De alguna manera, podemos ver esto como un llamado de alerta.

The End of October / Lawrence Wright / KNOPF

Con el conocimiento que tenía, ¿qué tan preocupado estaba cuando las noticias del COVID-19 empezaron a circular?

Le dije a mis amigos: “Hagan mercado”. Si hubiera sido el gran profeta que todos dicen, hubiera vendido mis acciones, pero no se me ocurrió. Sin embargo, pude ver el peligro que enfrentábamos; fue sencillo leer lo que estaba sucediendo en China. Pero había una actitud engreída de parte de Occidente, creyendo que eso era de China y que no se propagaría a nuestros países. Esa es una de las razones por las que, a pesar de la advertencia, la gente no estaba preparada.

¿Le frustra ver cómo EE. UU. ha manejado la pandemia?

Es vergonzoso. Habiendo trabajado en historias del Centro para el Control de Enfermedades de Atlanta, es desgarrador ver cómo esa gran institución ha manejado este desafío de manera torpe. Y no es solo el CDC, también la Administración de Alimentos y Medicamentos, y nuestros departamentos de salud y servicios humanos, todos han fallado en esta prueba. Pienso en las decisiones que hemos tomado para recortar los presupuestos de los departamentos de salud y para eliminar el equipo de respuesta a la pandemia en el Consejo de Seguridad Nacional, que habría estado a cargo de esto ahora mismo. El almirante Timothy Ziemer, que era el jefe de esa organización, fue el que manejó los brotes de malaria en África y se le atribuye haber salvado 6 millones de vidas. Lo despidieron a él y a todo su equipo. Hubo un acto de arrogancia imperdonable.

Gran parte de su trabajo –especialmente este libro y The Looming Tower– explora la manera en que la humanidad atenta contra sí misma continuamente.

Desde el comienzo de la civilización hemos luchado contra esto. Constantemente vemos que la gente actúa en contra de sus propios intereses y hay una lucha entre el salvajismo y la civilización. Eso es algo que estudié cuando trabajaba sobre el terrorismo. Hay estos fuertes impulsos que compiten todo el tiempo por el control de nuestra civilización.

¿Eso le genera más o menos empatía hacia nosotros como especie?

Pienso que siempre está la posibilidad de renovarnos y que los momentos de gran tragedia son oportunidades para reiniciar. El 11 de septiembre fue una oportunidad y luego la arruinamos. Pero recuerdo claramente que después de los ataques, pensamos: “Vamos a tener que defender algo ahora. Vamos a tener que convertirnos en lo que fueron nuestros padres cuando se enfrentaron a la Segunda Guerra Mundial, al nazismo y luego al comunismo”. En cambio, invadimos Irak. Eso aniquiló ese sentido de que somos personas que quieren hacer lo correcto y que somos la esperanza del mundo. Por el contrario, cometimos un error catastrófico. Y si vamos a cometer un gran error en esto, tendrá que ver con sacrificar nuestra democracia de alguna manera. Ves el uso de poderes extraordinarios —que son, en muchos casos, absolutamente necesarios—, pero también ves la pérdida de privacidad y la creciente concentración de control en el gobierno, esos van a ser poderes que dificultarán el florecimiento de nuestra democracia.

Pero es un momento para reiniciar, y llegarán buenas cosas. Hay una historiadora médica en Bolonia sobre la que estoy escribiendo y ella hablaba sobre cómo la Peste Negra terminó en la Edad Media y le abrió la puerta al Renacimiento. Bueno, ahora tenemos esa oportunidad. Es momento de repensar, por ejemplo, el cambio climático. Esto nos recordó que el cambio está en nuestras manos.

Otro tema que me interesó en el libro fue el de la religión y la fe, esta idea de los humanos jugando a ser dioses. ¿Siente que los humanos somos muy semejantes a Dios o no lo suficiente en cuanto a nuestra relación con el mundo?

La religión siempre ha sido un tema constante en mi trabajo casi desde el comienzo. Siempre me ha intrigado el por qué la gente quiere creer. Si tienes fuertes creencias políticas, puede que esto no afecte tu comportamiento en lo absoluto, de hecho, rara vez lo hace. Pero si tienes un fuerte sentimiento religioso, eso dictamina cada momento de tu vida. El no hablar sobre la potencia de la religión es un error. Por un lado, al escribir sobre el Islam, he visto cómo la religión tiene un lado oscuro. Y por el otro, he estado en prisiones viendo hombres cuyas vidas cambiaron gracias a la fe. Entonces, mi posición es la de un observador respetuoso frente a las creencias religiosas.

En el siglo XX, la humanidad adquirió poderes divinos, poderes que son capaces de destruir la creación, pero no adquirió la sabiduría para controlar los impulsos que siempre amenazan la civilización. Siempre representamos un peligro para nosotros mismos, más que cualquier otra cosa. Y entonces hablamos de lo divino, y esto depende de qué entendemos por Dios. Si es una deidad, ¿es benevolente? Si quieres creer en un Dios justo, debes comportarte de esa forma. Tenemos a mucha gente que dice creer en un Dios justo, pero sus propias acciones indican que esa no es la deidad a la que le juran fidelidad.

¿Las últimas semanas han cambiado su perspectiva de The End of October?

Bueno, el virus que creé no es el COVID-19, y espero que el mío jamás aparezca. Pero sí ha aparecido en el pasado, y tal vez lo haga en el futuro. El COVID-19 es el precursor de una enfermedad que tendremos que afrontar algún día, y espero que la lección de este virus sea que debemos estar mejor preparados.

¿Qué sigue para usted? O supongo que otra manera de preguntarlo sería: ¿Cuál es la próxima calamidad para la humanidad?

[Risas] Todos quieren que deje de azotar a la humanidad. Me han asediado con peticiones para escribir una novela sobre una mujer presidente o sobre la solución al cambio climático. Estoy agradecido por las sugerencias, pero el trabajo de un reportero es enfrentar las crisis actuales.


Las obras de Wright

Lawrence Wright ha pasado las últimas cinco décadas identificando las debilidades de la humanidad y explorándolas de maneras fascinantes y aterradoras en sus páginas. Aquí hay una lista corta de algunos de sus mejores trabajos.

  • The Looming Tower / 2006

Para lograr su extensa historia sobre los acontecimientos que llevaron al 11 de septiembre, Wright hizo más de 500 entrevistas. Pinta el horror de ese día no como algo inevitable, sino como el resultado de puntos débiles y humanos en la CIA y el FBI.

  • Going clear: Cienciología y la prisión de la fe / 2013

“Cuando la gente buena hace el bien y la gente malvada hace el mal, no es sorprendente. Pero cuando la gente buena hace el mal, es necesario que la religión esté involucrada”, dice un personaje de The End of October. La inmersión profunda de Wright en la cienciología ahonda en ese aspecto.

  • God Save Texas: A Journey Into the Soul of the Lone Star State / 2018

“A veces parece que todo ser vivo puede morder, pinchar, picar o dispararte”, escribe Wright en su amorosa pero esclarecedora oda a su estado natal.