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Fotografía por Andrés Oyuela. OVERALL DE JEAN Y ZAPATOS DE ZARA - BODY EN DULCEMENTA - MOTO ROYAL ENFIELD

La reinvención de Claudia Bahamón

Contextos tan machistas como el nuestro tienden a hacernos olvidar que detrás de la figura de alguien como Claudia Bahamón existe una historia tan profunda y compleja como la de cualquier ser humano.

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Llegó al modelaje y la presentación a través de un extraño giro del destino. Han pasado ya 14 años desde ese encuentro fortuito y ella sigue presente en el imaginario de los colombianos con una perspectiva muy diferente.

Claudia estudió arquitectura en la Universidad Javeriana y su interés estaba en la arquitectura efímera, que consiste básicamente en el diseño y producción de escenografías y espacios para eventos y espectáculos. A través del fotógrafo y realizador Óscar Azula, se puso en contacto con una de las compañías más reconocidas del país y terminó trabajando en el montaje del Reinado Nacional de Belleza en 2001. Allí la buscó la gente de RCN, y el resto es más o menos historia; una historia de la que casi todos los colombianos hemos sido testigos a través de los medios.

Se ha convertido en vocera de la organización ambientalista World Wildlife Fund (WWF), es madre de dos hijos y ha vuelto a la presentación tras un largo receso que tuvo origen cuando se radicó en los Estados Unidos junto a su esposo, el director Simón Brand.

Claudia Bahamón nos habla de sus historias, las vueltas que la llevaron de las bambalinas a los escenarios, el papel de la mujer en los medios, el medio ambiente, el consumo responsable y los conflictos que este puede generar con su oficio.

Fotografía por Andrés Oyuela. SUÉTER STRADIVARIUS – FALDA ESTHER EN THE BACKROOM – CULOTTE DE MAZ – MANUELA ALVAREZ

¿Qué tanto has podido mantener el interés en tu carrera inicial? ¿Cómo se mantiene la relación con esa parte de tu vida?

El interés siempre está porque me fascina. Una de las cosas que más disfruto del arte escénico es ir a algo como el Circo del Sol, a obras de teatro, ver películas y fijarme en la arquitectura que hay detrás de eso, en la dirección de arte, la fotografía.

Estudié arquitectura porque en Colombia no existía la forma de estudiar arquitectura efímera. Por eso
terminé trabajando como arquitecta para una empresa que hacía escenografías, que era lo más cercano. Por supuesto, todo eso sigue presente. No lo practico, no he construido nada, pero siempre está esa ilusión, y la he disfrutado con mi esposo, por ejemplo. Por cosas de la vida terminé con un director que tiene que trabajar con ese tipo de arquitectura.

Cuando pensaba en arquitectura efímera pensaba en el Festival Iberoamericano de Teatro de Bogotá, por ejemplo, en esas obras de teatro, que se montan y se desmontan alrededor del mundo. La gente se imagina que no es más que poner una tarima y ya. No, hay un montón de cosas que están detrás. Entonces con mi esposo, casualmente, después de muchos años, terminé un poquito involucrada porque le encuentro un gusto adicional a lo que él hace en el cine.

Fotografía por Andrés Oyuela. SUÉTER STRADIVARIUS – FALDA ESTHER EN THE BACKROOM – CULOTTE DE MAZ – MANUELA ALVAREZ

¿Has contemplado ese interés en la arquitectura efímera como una opción de vida si dejas a un lado lo que has venido haciendo durante todos estos años?

Nunca busqué lo que estoy haciendo, yo soy de las personas que vive un poco el día a día y, aunque suene a cliché, así me ha tocado vivirlo. Yo no busqué ser presentadora de televisión ni ser modelo, no busqué hacer radio. Pero quizás porque todo hace parte de lo mismo. Me llegó y lo disfruto. Siempre queda atrás esa ilusión de “¿qué pasaría si lo hubiera hecho? ¿En dónde estaría? ¿Qué estaría haciendo?”.

Si tú me preguntas en este momento si viviría de eso, diría que no porque la arquitectura efímera, como la medicina, como el cine, son carreras que toca estudiar y uno tiene que actualizarse día a día. Pero por supuesto me gustaría. Me encantaría algún día.

Cuando llegué a Los Ángeles a vivir hace 10 años fue lo primero que hice. Porque yo renuncié a radio y a la televisión cuando me casé y de alguna manera lo pensé: “Bueno, me voy para Los Ángeles, allá no tengo una carrera como presentadora, mucho menos como modelo, pues hagamos lo que sé hacer que tiene un solo idioma”.

Cuando llegué acá no sabía hablar inglés, era imposible seguir en lo que hacía, a menos que fuera un programa en español. Lo único que tenía el mismo idioma era la arquitectura efímera, y por cosas de la vida terminé trabajando con un equipo de producción que hacía las escenografías para American Idol. En ese entonces lo hacía un colombiano que se llama Carlos Osorio. Hicimos algunos comerciales para American Idol, hicimos unos sets donde se hacían las audiciones. Hice una cantidad de cosas así chiquitas, pero después vuelve y aparece en mi vida la oferta de volver a Colombia, de hacer trabajos y terminé haciendo lo que finalmente estoy haciendo. Pero es algo que me gusta, está ahí, siempre latente.

Fotografía por Andrés Oyuela. SUÉTER STRADIVARIUS – FALDA ESTHER EN THE BACKROOM – CULOTTE DE MAZ – MANUELA ALVAREZ

Después de ese encuentro en Cartagena y de haber empezado con RCN tras el casting, ¿en qué momento sentiste que el rumbo había cambiado definitivamente y que el camino iba por el lado de la presentación y el modelaje?

Yo creo que desde el primer momento en que empecé a presentar y a disfrutar lo que estoy haciendo, dije: “Esto es lo que quiero hacer”. Porque cuando disfrutas lo que haces y te pagan por hacerlo, inmediatamente haces click. Y en ese momento ya no hay nada que hacer.

De hecho, cuando entré al canal RCN, una de mis peticiones como arquitecta fue que pudiera seguir trabajando en las escenografías para novelas. Entonces yo trabajaba, entre comillas, medio tiempo como presentadora en el noticiero y otro medio tiempo en la parte de arte del canal. Pero fue un chiste; después con noticias te empiezan a mandar con el festival de no sé dónde, al reinado, a la Feria de Manizales, entonces empecé a faltar a uno de los trabajos. Me tocó renunciar a la escenografía, por supuesto.

Trabajar en la empresa en la que yo hacía las escenografías y para RCN era totalmente diferente. La parte creativa era mucho más grande en el otro lado que en el canal; esta era haciendo novelas con paneles que ya existían. En ese momento pensé: “Ya, no puedo seguir con eso”. Nunca más seguí. Ahí lo dejé.


“Creo que con los años aprendes a aceptar tantas cosas y agradecer tantas otras, que se te olvida un poquitico esa parte del “cómo salgo””.


Desde afuera de ese mundo del modelaje y la televisión, muchos nos preguntamos ¿qué representa para una persona la “obligación” de ser bonita? ¿Qué pasa cuando eso se convierte casi en una responsabilidad?

Yo siento que eso es un cliché en este mundo del entretenimiento, y en particular en los países latinoamericanos. Cuando llegué a presentar entretenimiento fue un riesgo muy grande para un canal; yo nunca había presentado noticias, no tenía ni idea de cómo interpretar las noticias y nunca había estudiado eso; era casi un abuso para el periodismo, para las personas que han estudiado cinco años una carrera.

Si ves a las presentadoras de entretenimiento más importantes, prestigiosas, mejor pagadas y serias no tienen 20 años. Ves una Barbara Walters y puedes pensar que ella no tiene ni la belleza de uno, ni la edad de uno, pero hace lo que supuestamente hace uno.

Entonces es ahí es donde uno encuentra el cliché de que la niña tiene que ser joven y tener unas curvas perfectas, una cara preciosa, no puede tener gafas y tiene que ser mona. Me parece que eso tiene que cambiar. Tal vez estoy defendiendo el hecho de que ya me estoy haciendo vieja y no quiero que me saquen del terreno [risas].

Yo me pongo a ver videos de cuando yo presentaba y digo: “Dios mío, ¿cómo me aguantaron?”. De verdad. Veo a estas mujeres de las que te estoy hablando, mujeres adultas, maduras, serias, que tienen una trayectoria súper larga, que tienen 50, 60, 70 años. Y pienso: “¿Yo hice lo mismo a los 20 años?”. Está bien. Es una apuesta que hacen los países latinoamericanos y de todas maneras lo valoro muchísimo porque es creer en los nuevos talentos, y yo estoy de acuerdo con ese apoyo. Pero luego me pregunto cómo lo hice y en qué momento pasó.

En ese sentido, en medio de una sociedad tan machista, con todos esos clichés, ¿no resulta difícil que te tomen en serio como profesional?

Sí, por supuesto. Yo creo que es una lucha constante de todas las niñas que presentan entretenimiento en nuestro país. A veces me da lástima porque siento que algunas niñas llevan muchos años presentando, son muy lindas y talentosas, pero por el hecho de ser bonitas no se las toman en serio. Yo creo que es algo de parte y parte; es responsabilidad de uno hacerse cargo de lo que hace, de lo que dice; ganarse esa credibilidad no es fácil. Al mismo tiempo, el que está al otro lado del televisor debe respetar el trabajo del que está en la pantalla. Es un poquito de tolerancia y respeto de una parte. Y una parte de esfuerzo, de sacrificio, de estudio, de dedicación, de la otra.

Fotografía por Andrés Oyuela. VESTIDO DE MAZ – MANUELA ÁLVAREZ – VESTIDO DE BAÑO DE DULCE MENTA

Así mismo, corriendo el riesgo de que esta pregunta suene muy inocente o muy tonta, ¿no llega un punto en el que la belleza puede convertirse en una carga?

No lo he sentido así. Yo creo que eso hace parte de tu seguridad. Obviamente las mujeres y los hombres somos inseguros en cuanto a nuestra belleza. A veces uno dice: “Me subí un kilo, estoy vieja, tengo arrugas, estoy flácida, tengo un gordito”. La televisión te engorda como 8 kilos. Ahora estamos en High Definition… Pero creo que con los años aprendes a aceptar tantas cosas y agradecer tantas otras, que se te olvida un poquitico esa parte del “cómo salgo”. Creo que eso está en la etapa inicial, al principio. Por supuesto uno siempre quiere verse bien en pantalla, pero hoy siento que me valoran más por la trayectoria, me valoran por los años que tengo encima, no si estoy bajita, flácida, alta… No sé, agradezco a Dios que tengo una genética agradecida, pero ya no pienso tanto en eso.

Una vez tú dejes de pensar en eso y de sentir que eso es lo más importante, en ese momento se siente más tu seguridad y te empoderas como mujer; cuando una mujer es segura y proyecta esa tranquilidad es mucho más bella. Yo creo que los hombres y las mujeres valoran mucho eso.

Yo siento que los hijos lo calman mucho a uno. Antes pensaba muchísimo en cosas tan banales… Los hijos te hacen ver la vida diferente y te ponen la balanza un poco más equilibrada.

Fotografía por Andrés Oyuela. COSTILLAR DE MAZ MANUELA ÁLVAREZ – SACO DE ZARA – GORRO DE PULL&BEAR

¿Hasta qué punto el hecho de convertirte en madre fue determinante para que empezaras a interesarte por temas relacionados con el medio ambiente?

Cien por ciento. Yo crecí dentro de un ecosistema natural pero nunca lo viví conscientemente. Crecí en mi finca, sembrábamos árboles, siempre había animales, los cuidábamos, había cultivos, siempre comíamos saludable porque era recién sacado de la huerta y del árbol. Pero nunca fue consciente. No fue: “Uy, estoy viviendo una vida ecológica, una vida natural”. Nunca lo pensé de esa manera.

Cuando quedé embarazada empecé a pensar en el futuro de mis hijos y en qué iba a pasar con ellos. De hecho, fue un poquito antes de los niños. Fue como un año y medio después de que llegué a vivir a los Estados Unidos que empecé a sentir la ausencia de algo, y no sabía qué era. Llegué a la meca del cine, a Hollywood, y yo sentía que a pesar de que todo el mundo quisiera vivir acá, a mí algo me hacía una falta tremenda y no sabía qué era. Y luego me di cuenta de que me hacía falta eso: tener un lugar para ir a relajarme, estar en la finca, debajo de los árboles, hacer fogatas, montar a caballo. Era algo que yo hacía, cuando vivía en Neiva, todos los fines de semana.

Entonces cuando estoy acá empiezo a sentir que es eso lo que me hace falta, a pensar qué iba a pasar cuando tuviera hijos. Acá voy a hacer mercado, parto un tomate por la mitad, me voy de vacaciones, vuelvo a los quince días y
el tomate sigue perfecto… Hice una huerta en mi casa, empecé a darme cuenta de ese tipo de detalles, eso no me pasaba antes.

Quería que la comida fuera más natural y empecé a comprarles a los campesinos locales. Acá hay una cantidad de farmers market todas las semanas donde los campesinos venden sus productos. Y con el tiempo terminé involucrada con WWF, por pura casualidad también. Todo me ha llegado por pura casualidad.


Acá voy a hacer mercado, parto un tomate por la mitad, me voy de vacaciones, vuelvo a los quince días y el tomate sigue perfecto…


Yo escribí algo en Facebook acerca de cómo los pañales afectaban al planeta, cuánto tiempo se demoraba un pañal en descomponerse y por qué teníamos que buscar alternativas o regresar al pañal de tela. Y eso tuvo muchas respuestas de los amigos y de los conocidos, de gente que seguía mi cuenta. Muchos decían que yo estaba loca, que cómo quería volver al pañal de tela,  y por alguna razón eso terminó en manos de Andy Ridley, el que se inventó La hora del planeta en Australia. Hoy en día ya no trabaja con nosotros pero estuvo nueve años con La hora del planeta.

Él me contactó, terminó viniendo a Los Ángeles y me dijo que quería que le escribiera un par de entradas para el blog de ellos. Me dijo que ellos no tenían a nadie que representara a La hora del planeta en Latinoamérica, me preguntó si quería hacerlo. No tenía idea de que a mí en Colombia me conocían, esa fue una casualidad muy bonita, y ya. Y desde ahí no hemos parado.

Cuando llamó a Colombia a decir: “Tengo una persona y quiero que hablen con ella para que sea la encargada para hablar a Latinoamérica”, y oyeron mi nombre, ya me conocían. Después me dijo como: “Ah, eres famosa, no sabía” [risas]. Entonces fue charro porque si eres una persona conocida es aburridor que se fijen en ti solo por eso. Fue muy bonito que se interesara alguien que no tuviera idea de quién era yo.

¿Puede llegar un momento en el que tu trabajo como modelo, como figura que representa a una marca, entre en conflicto con los temas de consumo responsable relacionados con la conciencia ambiental?

Absolutamente. Desde entonces me fijo muchísimo en las marcas. Es difícil, es bien complicado porque hasta ahora el mundo ha empezado a tomar acciones de verdad sobre el cambio climático. Entonces tampoco culpo a algunas empresas que no se han vinculado y todavía no miran el tema del consumo responsable. Porque no es fácil el cambio, es difícil. Empezar con unas pequeñas acciones en cada empresa para mí es válido.

Cuando llaman y me piden que sea la embajadora o la imagen de la marca, yo no les digo: “A ver, ¿ustedes maltratan a los animales? ¿Ustedes hacen testings con los animales? ¿Ustedes hacen conservación? ¿Ustedes siembran árboles?”. No puedo, no puedo porque yo duré muchos años sin hacerlo. Yo creo en los que creen en el cambio y en los que quieren un cambio. Por lo tanto, si la empresa empieza a reciclar para mí es válido.

Siento que todos tenemos una oportunidad de cambiar y estamos en ese camino. Y es un camino largo, difícil, no puede ser de un día para otro. Por lo tanto, yo no juzgo a las empresas. Me parece que poco a poco está bien.

Si yo perteneciera a PETA o fuera su imagen, sería la más pecadora del mundo, porque yo sí uso zapatos de cuero, porque yo sí como pescado… Hago una cantidad de cosas que organizaciones tan estrictas como esa no permiten. En ese caso sería muy difícil ser la imagen de una marca porque desafortunadamente todas cometen errores, y tampoco estoy yo para juzgarlas. 

Me pasó una cosa bastante interesante haciendo Master Chef, porque mostraban cómo se mataba un bogavante, o tres cerdos completos cuando les sacaban sus partes para cocinar, cómo se despresa un conejo o un cuy. Y eso para mí fue de las cosas más impresionantes porque yo no como cerdo ni aves; lo único que como es pescado… A veces me como un pedazo de carne, no lo niego, una buena hamburguesa me la como.

Fotografía por Andrés Oyuela. ABRIGO DE ZARA – ARETES DE FOREVER 21 – BIKINI EN DULCEMENTA – COLLAR EN DULCEMENTA.

Y no dejé de comer todo eso por ser ambientalista o por vegana, lo hice por pesar, porque en alguna oportunidad vi cómo mataban a un cerdo en mi finca, vi cómo mataban los pollos. Verlo en Master Chef, siendo la presentadora, fue algo muy difícil.

Se nos vino encima el defensor del televidente y pusieron como en tela de juicio mi rol: “Ella, que protege tanto el medio ambiente, ¿cómo va y celebra que maten a un animal?”. Y la explicación que yo di fue: “Si usted es vegano este no es un programa para que lo vea. Yo no pertenezco a PETA, si usted come animales entonces es como cuando la gente piensa que si no lo ve, entonces no importa, pero si lo ve es gravísimo”.

Si tú ves cómo te matan a una vaca, seguro no te vas a comer carne de inmediato, pero sí vas y compras el pedazo de carne en el supermercado. ¡Eso es doble moral! Si usted es vegano venga y me critica, critíquese a usted mismo por estar viendo el programa. Esa es la realidad. ¿Quiere tomar una decisión para dejar de comer carne?  OK, esta es la manera como se matan los animales. En Master Chef, en su casa y en las grandes empresas que se dedican a eso. Y hay peores. Y ahí el mensaje que quiero dar es el de la doble moral. La doble moral es uno de los grandes errores de la humanidad. Pierden el tiempo. Si no le gusta no lo vea, si no le gusta no se lo coma.

Has hablado de la necesidad de un cambio progresivo en el consumo y en la relación con el medio ambiente,¿qué tan a tiempo estamos para revertir el daño?

Estamos a tiempo. Según estadísticas, si seguimos malgastando nuestros recursos naturales como lo venimos haciendo y no hacemos nada para remediarlo, necesitaríamos 50 planetas para que todos vivamos. Pero yo siento, de verdad, que la gente está tomando conciencia, la gente está empezando acciones significativas por su salud, por el planeta, por el ecosistema,
por los animales. Cada quien puede tomar una acción apoyando lo que cada uno siente.

Hay personas que se dedican solamente a buscar comida saludable. Fantástico. Perfecto. Porque la persona que quiere comer saludable, quiere comer natural, orgánico, libre de químicos. Ellos no lo saben pero ya con eso están ayudando. Hay personas que se quieren dedicar a la protección de los animales, perfecto. Con eso también estamos ayudando al ecosistema porque el planeta también necesita a los animales para sobrevivir. Porque hacemos parte de un ecosistema y necesitamos de ellos. La gente que se dedica a cuidar el agua y los mares, fantástico. Yo creo que cada quien busca aquello que lo hace sentir bien. Y yo creo que todos hemos tomado alguna acción, alguna pequeña acción, así sea cerrando el grifo mientras nos lavamos las manos. Yo creo que todos queremos ayudar y lo estamos haciendo.

Fotografía por Andrés Oyuela. VESTIDO EN PERSE – CAMISA DE FOREVER 21 – CHAQUETA DE CAROLINA SARRIA EN THE BACKROOM

De todos modos queda una cantidad de gente que tiende a creer que no puede hacer nada al respecto, y que todo está en manos de las grandes empresas y de los políticos. Tal vez, de la misma forma en que hace un rato hablabas de empoderar a las mujeres, es hora de empoderar a esa gente porque es la que termina sosteniendo a esas grandes empresas y a esos políticos…

Yo soy de las que creo cien por ciento que no tenemos que meterle a las personas por los ojos la información ni los mensajes; yo siento que, lo que te decía, no hay peor ciego que el que no quiere ver. Cuando hablamos de cambio climático deberíamos pensar que es una realidad, es una amenaza, creo que el 97% de la comunidad científica asegura hoy en día que estamos frente a una situación difícil causada por el hombre. Es un desafío, el desafío más grande de nuestros tiempos.

En Bogotá hoy la gente se muere de calor. Eso es cambio climático. Fíjate en todas las noticias de los últimos años con las sequías en la Guajira el año pasado, que mataron a no sé cuántos niños por desnutrición. Eso hace parte del cambio climático. ¿Se van a negar frente a eso o quién causó pues la sequía? ¿El gobierno? ¡Se secaron los ríos! Y cuando se secaron los ríos no había agua para los cultivos, y los sembrados se mueren, y cuando no hay alimentación los niños se desnutren; eso fue lo que pasó en la Guajira.

Yo cometo millones de errores frente al cambio climático y con todo y eso, siento que estoy haciendo mucho; considero que para las personas que somos medioambientalistas, como nos llaman, nuestra única función es dar ejemplo. No podemos seguir negando que está pasando algo en el planeta.