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Las estrategias indígenas para enfrentar el COVID-19 en Amazonas

Ante la desprotección de las instituciones estatales para enfrentar el COVID-19, los indígenas del Amazonas desarrollan estrategias propias que son un reflejo de la enorme desigualdad social para atender la pandemia en las zonas más alejadas de los centros urbanos
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Nayibe Parente, indígena Ticuna, previo a preparar una de las recetas.

Joaquín Mauricio López Bejarano

La amazonía colombiana, y puntualmente Leticia, es en este momento uno de los cinco focos más complejos del COVID-19 local. Entre diciembre y enero hubo un crecimiento de contagios del 363%, casi dos veces más que la tasa media nacional, según el reporte del Minsalud al corte del 2 de febrero. 

Si el disparo del coronavirus pasara tan fuerte en Bogotá, claramente preocuparía, pero la ciudad está más preparada, pues tiene 2.280 Unidades de Cuidado Intensivo (UCI), mientras que Leticia no tiene siquiera una; por eso es que hoy en día los casos más críticos tienen que pedir cama en Bogotá o en otras ciudades. Y como ha pasado con el abandono estructural que tiene esa región, donde más del 85% es población indígena según el DANE, se han tenido que encargar de solucionar estos problemas por su propia cuenta. El COVID-19 no es la excepción, por eso su ancestralidad toma fuerza en este instante, con técnicas propias para combatirlo y, a juicio de ellos, para curarlo. 

Aunque la medicina occidental no es 100% amiga de las técnicas que usan los pueblos indígenas para tratar varias enfermedades, algo sí está pasando, y es que en la selva los chamanes de varias comunidades (unos con más éxito que otros), han implementado prácticas y recetas que hoy coinciden con una tasa de mortalidad relativamente baja por COVID-19. 

¿Cuál es la receta?, de esto hablaremos más adelante, pero es importante anotar que el caso que más refleja ese éxito del uso de técnicas indígenas se desarrolla entre los Ticuna, quienes, a tan solo 15 kilómetros del casco urbano de Leticia, en San Pedro de Los Lagos, tienen un relativo control de la pandemia. Entre marzo y junio del año pasado, cuando el COVID-19 recién se dispersaba por Colombia, esta comunidad pasó de contar 87 casos en su momento más critico a solo 14 contagiados; y en diciembre, menor a cinco personas. Para tener un contexto, estos son resguardos con una población de casi 300 personas aproximadamente. 

Sus niños, los adultos y los más ancianos ya saben que la receta contra la pandemia es una curiosa mezcla de la propia medicina occidental con sus sagradas costumbres. Todo empieza con quienes presentan síntomas como fiebre, congestión, o problemas de respiración (propios del COVID-19). De inmediato los aíslan y les dan a beber constantemente una taza de agua caliente, miel y tres limones que previamente se hirvieron; y en el mismo vaso, un acetaminofén o aspirina. “Una combinación que para los médicos de aquí en Leticia o de cualquier ciudad puede ser algo malo, pero qué más hacemos si todo está lleno y nosotros sabemos que esto sirve”, dijo Nurio Castillo, uno de los Ticuna de la zona. 

Árbol listo para bajar las cortezas de panales de abejas amazónicas. Joaquín Mauricio López Bejarano

La receta de inmediato se convierte en un calmante, la persona con los síntomas es arropada con varias cobijas, que sumado al intenso calor de la selva hace que sude por varias horas, “para que empiece a sacar el virus que tenga”, resaltó Castillo. 

Cualquiera podría decir que esa receta tan simple se podría aplicar en otro lugar a kilómetros de allí, en Bogotá o Barranquilla, por ejemplo. Pero los indígenas complementan su plan contra el COVID-19 con un ritual. Para esto, lo primero es que de algunos árboles altos bajan la corteza que queda de los panales abandonados por abejas amazónicas. Cuando este ya está totalmente duro se queman en él algunas hierbas de sus propios cultivos caseros. Así nace una extraña esencia que, aunque es tan gris como el humo, es más fresca que el eucalipto. “En ese momento se hace un recorrido por las casas de la comunidad, y allí está quien nos protege, a través de ese mismo humo que empieza a esparcirse”, explican. 

Los indígenas, por lo menos de esta comunidad, se han dedicado a resguardarse con estas técnicas, además del propio cuidado cuando llegan a Leticia quienes tienen que hacerlo. Y aunque esta ancestralidad es controvertida por los mismos médicos que están en el hospital de esa ciudad, lo cierto es que los contagios de COVID-19 están atacando más a quienes viven en el casco urbano, por encima de los que están en la selva. Además, son pocas las herramientas de salud pública que atienden a esta población que históricamente recibe un trato negligente del Estado colombiano. Y mientras el virus no siga perjudicando a sus familiares, los Ticuna seguirán practicando estas técnicas para enfrentar la pandemia, por lo menos hasta el día que llegue una vacuna “pero si aún no hay agua por tubo, ¿cuándo veríamos lo otro?”, dicen algunos.  

¿A qué país pertenece Amazonas? 

Si de geografía se tratara, la Amazonía como zona tropical la comparten Colombia, Perú y Brasil, pero en el punto de la triple frontera las personas del lado colombiano se están preguntando a dónde pertenecen: “hay que buscar a qué país pertenecemos, si a Perú o Brasil dado que sí existen para esos gobiernos en los planes de vacunación”. Esta frase aparece en un video que se hizo viral en los últimos días en donde el empresario del turismo local Octavio Benjumea habla desde Leticia. 

Esta pulla la lanzó luego de conocer que inicialmente del lote de 50.000 vacunas que llegaron a Colombia esta semana, no se incluía un porcentaje mínimo para el Amazonas, y mucho menos para Leticia. Benjumea recordó que con la pandemia desde el Gobierno central la ayuda ha sido poca y mal orientada (recordemos el despliegue militar de cierre de fronteras al inicio del confinamiento que poco se reflejó en el refuerzo del sistema de salud). El único hospital de la ciudad intervenido por el Estado aún no está adecuado tras casi un año de emergencia. El aeropuerto cada cierto tiempo está enfrentándose a cierres preventivos y para las personas de allí eso equivale a que “nos tengan como los leprosos del país”. 

Corteza en la que se queman las hierbas para los rituales. Joaquín Mauricio López Bejarano

Mientras la tesis del Gobierno es que los cierres se deben a los casos que pueden estar entrando por el libre tránsito de Tabatinga (Brasil), a Leticia, un reporte de la Universidad Nacional recordó que la crisis en Amazonas se puede intervenir con mayor control migratorio, evitando los cierres de aeropuertos que son la puerta al turismo (principal eje de la economía de la zona), y con la inversión de mejoras urgentes con ventiladores al hospital de allí. 

Hasta el momento, por el boom de la palabra “Amazonas” en las redes, el Ministerio de Salud modificó en la tarde del martes, el plan de distribución de vacunas de esas primeras dosis e incluyó al departamento en la primera ronda con tan solo 54 vacunas. (Curiosamente las zonas selváticas del país son la de menor número de inmunizaciones, Vichada por ejemplo tendrá solo 24 vacunas, Guainía 38, y Guaviare 78).