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Los cínicos se equivocan: las protestas sí pueden cambiar al mundo

Las estructuras de poder no se rinden por su propia voluntad, pero los activistas han encontrado la manera de romper la rigidez del sistema
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Una multitud alza sus manos y protesta frente al homenaje de George Floyd el 2 de junio de 2020 en Minneapolis.

Chandan Khanna/AFP/Getty Images

Desmond Meade alzaba su puño en el aire y Lose Yourself de Eminem estallaba los parlantes. Muchas de las personas (liberales y conservadores, blancos y negros) que llenaron este salón de conferencia de un hotel de Orlando gritaban junto a él. “If you had done shot to seize everything you ever wanted. Would you capture it or just let it slip?”, cantaban. 

Estaban muy cerca de obtener su derecho a votar. Pero aún más grande que eso, esta coalición moral está decidida a ganar una de las expansiones más grandes de votación desde los 60 (la concesión de derecho al voto de 1.4 millones de personas en Florida, el 10 % de la población adulta del estado) y terminar la cruel era de racismo de Jim Crow, que ha estado vigente por casi 150 años. 

Cuando la gente se siente sin voz, a veces esa frustración es abrumadora, al punto de provocar acciones sin precedentes. Lo hemos visto a lo largo de Estados Unidos con las calles llenándose de manifestantes de todas las razas, generaciones e ideologías, exigiendo acabar con la brutalidad y la injusticia policial, en busca de una equidad racial. 

La furia tras las insensibles muertes de George Floyd, Breonna Taylor y Ahmaud Arbery han impulsado a los estadounidenses a protestar por una policía pacífica y desmilitarizada. Sería un cambia gigantesco y radical, pero ya hemos visto suficientes ejemplos dramáticos de lo que puede suceder a diario cuando los ciudadanos cruzan la línea y luchan por la democracia que siempre han querido. 

Solo miren lo que logró la Florida Rights Restoration Coalition. La inhabilitación fue aprobada en la constitución del estado después de la Guerra Civil, con el objetivo de que los blancos se mantuvieran en el poder, junto a un par de “códigos para negros” que terminaron siendo violados en algunos crímenes cometidos por minorías. Varios años de esfuerzo para regular la legislación fueron en vano, para remover ese descarado intento de asegurar la supremacía blanca en la constitución de Florida; hasta que el equipo de Meade luchó por un cambio. En noviembre de 2018, el 64 % de los votantes se unieron y ganaron a favor de una reforma estructural. 

Las personas entendieron que no tenían opción si querían de vuelta a su Gobierno. Por ejemplo, en 2012, los votantes intentaron ignorar a un “mánager de emergencia” de provisión que le permitía al estado tomar el control de los gobiernos de las ciudades. Los legisladores dejaron los votos a un lado, reincorporaron los suministros y cuando el estado asignó un mánager de emergencia para dirigir Flint, el encargado envenenó el suministro de agua de la ciudad al cambiar de fuente al Río Flint. 

Esa publicación en redes sociales provocó una convocatoria de miles de voluntarios, que formaron un grupo llamado Voters Not Politicians, y pasaban noches y fines de semana trabajando para recolectar 430 mil firmas que buscaban modificar la constitución. En noviembre de 2018, más del 61 % de la población de Michigan votó por el sí y creó una comisión independiente para el futuro. 

Dos parejas milenials en Idaho, frustradas por la falta de seguro médico de 70 mil ciudadanos debido a la legislatura estatal, encontraron una manera similar para llegar hasta sus representantes. Compraron un tráiler, lo nombraron Medicaid Express y manejaron por todo el estado consiguiendo firmas. Ganaron, con un 62 % a favor. 

En Dakota del Norte, los legisladores crearon un billete de votante que tenía un requerimiento específico del que carecía la minoría más grande del estado, los nativos americanos: la dirección de su casa. Cuando la legislación finalmente encontró un juez que estaba dispuesto a aprobarlo, las tribus se pusieron a trabajar. Contactaron expertos en mapeo para usar un software sofisticado que pudiera crear una dirección para cada casa. Luego, el sponsor original de esas papeletas perdió en las votaciones contra Ruth Buffalo, la primera mujer nativo americana en ser elegida como demócrata en el estado. 

Las estructuras de poder no se rinden por su propia voluntad; por eso, es necesario reimaginar el gran esfuerzo de los ciudadanos. Pero recuerden a Desmond Meade, mientras los manifestantes marchan por un significado más profundo de justicia policial y social. Hay que unir a miles e inspirar a los demás que todavía creen en una democracia representativa, que nos trate por igual. 

No necesitamos el candidato presidencial perfecto, ni unos superhéroes judiciales para que nos salven. Eso es bueno. 

Estas batallas por la justicia y los derechos son una prueba. Es una razón para seguir siendo optimistas. Es una razón para creer que las protestas actuales pueden generar un cambio, uno muy radical y que sigue en marcha.