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Mariana Matija: para cuidar el planeta lo primero que hay que hacer es empezar

Una activista que inspira por su lucidez, versatilidad y claridad para ampliar la conversación en torno al cuidado del Planeta. Así es Mariana Matija
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Cortesía Planeta

El libro 10 pasos para alinear la cabeza y el corazón y salvar el planeta, de Mariana Matija, es el resultado de un proceso que empezó desde que era una niña. Es a la vez una recopilación de sus aprendizajes a lo largo de los años, luego de preguntarse sobre el impacto de su paso por este mundo. Y, a la vez, este libro es una muestra de su gran talento para comunicar ideas usando su formación como diseñadora. Todo el diseño, diagramación e ilustraciones son hechos por ella, con un resultado bello e impecable.

Su pensamiento y acciones se han complejizado a lo largo de los años, y complejidad será una palabra clave para entender la propuesta de Mariana sobre esta lucha por la naturaleza. El empeño y la curiosidad con las que esta “fan del planeta Tierra” (como se describe) la llevaron a aprender más herramientas para cuidar el hogar de todas y todos, y enseñarles a muchas otras personas a hacerlo. Hablamos con ella para que nos ayudara a transitar la complejidad tan necesaria para reconocernos como parte del mundo que no habitamos, sino del cual hacemos parte. 

¿Cómo llegaste a dedicar tu vida a defender el planeta, y ahora poner tus aprendizajes en este libro? 

Quise recopilar en un solo lugar mis principales aprendizajes en este proceso de hacerme preguntas sobre mi huella ambiental, mi relación con el planeta y con los procesos de participación en la construcción de sociedades más sostenibles. Quise hacer una recopilación de herramientas que pueden ser muy importantes para otras personas que comparten este mismo interés. Desde muy chiquita he tenido interés por el cuidado del planeta y con el paso de los años fue cambiando la manera en la que se manifestaba en mi vida. Cuando estaba terminando la universidad quise retomar ese interés empezando un blog que por mucho tiempo fue un proyecto secundario, nunca esperé que lo llegaran a leer más de cinco de mis amigos. Con el paso del tiempo fue tomando más fuerza y la gente lo empezó a compartir. Comencé a recibir más retroalimentación para ese proceso de aprendizaje y también mucha motivación al ver que otras personas estaban buscando información y no la estaban encontrando en español, o específicamente sobre Colombia, porque cuando yo lo empecé [los blogs] eran muy reducidos, o eran españoles. De hecho, por mucho tiempo la gente que me leía asumía que yo escribía desde España.

Esto empezó a tomar impulso y a convertirse en algo que tomó tanto protagonismo en mi vida que empecé a entender que a esto era a lo que me quería dedicar. Comencé a hacer encuentros presenciales, charlas, procesos educativos en línea y de unos años para acá me dedico de lleno a esto. Estoy enfocada en mi vida laboral a compartir mi proceso de aprendizaje y hacer procesos de comunicación y difusión en torno a temas relacionados con el cuidado del planeta.

¿Cómo pasaste de tu formación profesional inicial como diseñadora a sumergirte de manera tan profunda en temas de sostenibilidad ambiental?

Para mí eso ha sido una excusa para señalar el hecho de que hemos pasado mucho tiempo confundidos pensando que este es un tema que solo le debería importar a personas que estudiaron carreras que giran en torno a esto, cuando realmente el contexto que estamos viviendo es de crisis ecológica. Más que nunca necesitamos que cualquier persona se acerque a este tema y traiga su experiencia para que tengamos una conversación tan amplia y diversa como sea posible en torno a la huella que estamos dejando en el planeta. Para mí son dos caras de la misma moneda, porque el hecho de que yo no hubiera estudiado algo relacionado con esto, fue durante mucho tiempo una sensación de síndrome del impostor. Pero luego fue el proceso de reconciliación con entender que yo no estoy diciendo que tengo las respuestas a todo, sino que soy una ciudadana común y corriente que está compartiendo su interés en el proceso de aprendizaje, usando mi experiencia como diseñadora en algo que sea una herramienta para otra persona. 

Mi educación en los últimos años sí ha sido en temas de sostenibilidad, pero me ha gustado que mi experiencia no venga de ese campo porque precisamente por eso no he tenido la “contaminación” de los discursos convencionales en torno a eso, ha sido la búsqueda de lo que me ha parecido interesante. Este es un momento en el que lo ideal sería que personas de todas las carreras se estuvieran integrando a la conversación de cómo las actividades humanas impactan en el planeta.


“Este es un momento en el que lo ideal sería que personas de todas las carreras se estuvieran integrando a la conversación de cómo las actividades humanas impactan en el planeta”


Háblanos acerca de la idea de que no hay una única solución y cómo esas interconexiones deben tenerse en cuenta si queremos involucrarnos en este estilo de vida

Para mí eso ha sido uno de los principales aprendizajes porque cuando me empecé a interesar por este tema, mi primer acercamiento fue muy inocente. Es necesario reconocer que la conversación va mucho más allá de las pequeñas acciones cotidianas. El tema de nuestra huella en el planeta y cómo nuestras actividades afectan su capacidad de generar y sostener vida, tiene que ver con absolutamente todo. No se puede abordar de una misma perspectiva, sino que por su naturaleza requiere todas las miradas posibles, y desde cada una de ellas se encuentra una capa diferente de complejidad, lo cual puede resultar muy agobiante. Esa es la reacción que tienen muchas personas cuando se empiezan a dar cuenta de que esto va más allá de apagar las luces que no se están usando y dejar de usar bolsas desechables. Me interesa mostrar la otra cara de esto, que este es un campo amplio de exploración y un espacio para nutrir la curiosidad. Me sorprende mucho sentir que como sociedad tenemos tan desnutrida la curiosidad y que cuando hay algo que no parece fácil de consumir, inmediatamente lo queremos abandonar o sobresimplificar. 

Por eso la importancia de abrazar esa complejidad…

Parte de lo que me ha interesado hacer con mi trabajo, sobre todo en los últimos años, ha sido una invitación a abordar y enamorarnos de esa complejidad. Decirles que esto es un tema complejo y sistémico, necesitamos entender que no hay una única solución y necesitamos muchas miradas. Entender que a lo que nos estamos enfrentando es a navegar la vida que es un proceso, no un producto terminado. Me genera muchas preguntas un efecto que ha tenido la sociedad de consumo en el pensamiento y es querer tener productos terminados, que no exija nada más de nosotros que comprar, usar y olvidarnos del asunto. Y precisamente es ese tipo de pensamiento el que nos trajo acá y no podemos salir de ahí aplicando el mismo tipo de pensamiento. Lo que necesitamos es reconocer que aquí no vamos a encontrar productos terminados ni ideas perfectas, sino un proceso de construcción colectivo en el que estamos aprendiendo y a traer a la conversación a las personas que están trabajando desde diferentes contextos. En vez de mirarlo con ojos de terror, lo podríamos mirar con ojos de curiosidad.

También te he oído hablar sobre la idea de la perfección activista, de cómo se critican ciertas prácticas de cambio por no ser “perfectas”

Eso tiene que ver con la obsesión que tenemos con el producto terminado. Si vemos a alguien que está haciendo activismo en torno a un tema, queremos que sea una persona que sea 100% coherente y perfecta. Esa búsqueda del producto terminado es muy dañina, no solamente en los señalamientos que genera entre unos y otros, sino incluso en las relaciones con los propios procesos. Si uno piensa que la única manera válida de hacer algo es hacerlo perfecto, nunca va a hacer nada. Es importante reconocer el proceso y que nada por sí mismo va a ser una solución a todo, pero la manera en la que uno lo plantee puede estar sumando a esa solución colectiva. 

Hay un asunto que me parece bello y es la necesidad de una conversación y construcción colectiva. Ninguna acción individual va a resolver esto ni va a ser suficiente para enfrentar la crisis ecológica, pero al mismo tiempo les dan base a esos procesos colectivos. Parece paradójico desde la perspectiva que solemos tener, pero no lo es porque lo colectivo y lo individual son algo que hay que trascender. Son dos cosas que funcionan juntas. Por eso es que hay personas que llevan mucho tiempo avanzando en este tema, lo están compartiendo y están haciendo un proceso colectivo que nos facilita a otras personas acercarnos a esos aprendizajes. Ahí es donde se enriquece el proceso que necesitamos sostener.


“Si nuestra respuesta ante cualquier cuestionamiento es señalar lo que el otro está haciendo, nunca vamos a salir de este atolladero”.


Y apelar a la perfección activista es algo común entre quienes no quieren modificar nada…

Esa exigencia de perfección muchas veces se usa como un mecanismo de defensa para evitar que la otra persona señale algo que a nosotros nos hace falta, particularmente se da con los esfuerzos relacionados con el ecologismo, veganismo y feminismo, entonces se usa cualquier cosa para señalar que la otra no lo está haciendo suficientemente bien. Nunca hay por donde “ganar”, porque siempre va a haber alguien que va a señalar lo que uno está haciendo mal y eso se puede aplicar tanto a individuos como a movimientos colectivos.

Es una trampa porque no hay como salir de ahí. Con la perfección pasa que si la imaginamos como un estado estático, eso anula cualquier posibilidad de aprendizaje y crecimiento que es lo que pasa en la naturaleza y nosotros somos parte de ella. En la naturaleza hay equilibrios dinámicos, no se mantiene de una única manera y eso también pasa con los procesos humanos. Si nuestra respuesta ante cualquier cuestionamiento es señalar lo que el otro está haciendo, nunca vamos a salir de este atolladero.

¿Cómo restarle importancia a esa idea de la perfecta activista?

Tal vez lo que necesitamos hacer primero es aceptar que todos participamos en diferentes maneras y niveles de intensidad porque la responsabilidad es compartida pero también es diferenciada. Es importante ver qué comportamientos y hábitos es necesario ajustar para que estén mejor alineados con esas cosas que queremos promover, pero al mismo tiempo entender que la coherencia perfecta no existe porque somos seres complejos. La búsqueda de vivir mejor alineados con eso también es el medio y la motivación para llegar ahí, tanto para lo individual como para lo colectivo.

También tiene que ver con el miedo a la complejidad y nuestra tendencia de querer sobresimplificar las cosas, además de la ignorancia. Cuando uno desconoce un tema, tiende a pensar que se puede sobresimplificar aún más. Si por ejemplo uno no sabe nada sobre el impacto de la ganadería ni del veganismo, desde ese desconocimiento es más fácil decir “los veganos comen tofu y eso es soya”, y dar por terminada la conversación, pero esa es una manera de huirle a esa complejidad. Si uno realmente quiere tener la conversación compleja se va a dar cuenta de que sí, los veganos también comen soya, pero el 70% de la que se produce en el mundo se usa para alimentar vacas, cerdos, pollos y peces, por lo tanto la mayor parte de la responsabilidad está no en quienes comen tofu sino en quienes comen carne. Pero eso tampoco significa que si come carne lo está haciendo todo mal, sino es tratar de entender cómo esto se relaciona con otras problemáticas y cómo puede uno participar en esos procesos de cambio sin caer en señalamientos. 

Según dices, “a mayor cantidad de privilegios, tenemos mayores responsabilidades”, ¿qué acciones tomar a partir de nuestro lugar en el mundo? 

El privilegio es otro tema que se ha convertido en el mecanismo de defensa de muchas personas para escudarse de hacer cualquier cosa, pero la gente que suele sacar ese argumento es muy privilegiada. Vivimos en sociedades que son profundamente desiguales, en las que además está comprobado que es un pequeño porcentaje de la población la que más contaminación y consumo genera, entonces no es justo repartir responsabilidades de la misma manera. Una persona que monta en jet privado una vez a la semana no tiene la misma huella ambiental que una persona que vive en una población con carreteras destapadas, que se mueve caminando a todas partes y que ni siquiera tiene agua potable. 


“La explotación desde la opresión caracteriza no solamente a la relación de la humanidad con el planeta, sino la relación de la humanidad con las mujeres y los animales”.


De ahí vendría la relación entre el privilegio y la responsabilidad…

Es importante entender que esos contextos nos dan diferentes posibilidades de acercarnos al tema y diferentes cargas de responsabilidad porque quienes tenemos una vida medianamente cómoda, nos podemos preguntar qué es lo que estamos comiendo y cómo está siendo producido. Eso no tendría que ser un privilegio porque lo ideal sería que todas las personas tuvieran acceso a la alimentación, pero las personas que lo tenemos necesitamos hacernos preguntas sobre cómo lo estamos haciendo, reconociendo que esas decisiones tienen impacto en las vidas de otras personas y particularmente en las que son menos privilegiadas. Y también nuestras decisiones de consumo, a dónde va a parar nuestra basura y la contaminación que genera el proceso industrial para producir lo que queremos consumir. 

Cuanto más cómodos estamos y cuanto más acceso tenemos a información, mayor será nuestra responsabilidad con respecto a qué decisiones tomamos en torno a eso. De hecho, esto se conecta con los temas de género porque una de las cosas que señala la ONU es que las mujeres y las niñas son las poblaciones más afectadas por la extrema pobreza alrededor del mundo, y las poblaciones más pobres son las que más son afectadas por los efectos del cambio climático. 


“En el peor escenario posible donde los otros no están haciendo nada, es importante hacer las cosas porque a uno le parece que están bien”.


¿Cuál es la relación entre el feminismo y la defensa del planeta Tierra?

El efecto de esta crisis colectiva que estamos viviendo está impactando a quienes la llevan peor y más a las mujeres y niñas. Tiene una carga de género que no podemos ignorar. Además está conectado con las lógicas del sistema de sociedades industrializadas, que son desde el dominio, la explotación, extracción y la competencia, unos valores que han sido convencionalmente considerados como masculinos. En ese sentido es la explotación desde la opresión lo que caracteriza no solamente a la relación de la humanidad con el planeta, sino la relación de la humanidad con las mujeres y los animales. 

Del proceso de replantear la manera en la que nos relacionamos con esto, me parece muy importante entender que estos valores que han sido considerados como femeninos (no significa que sean exclusivos de las mujeres) como la compasión, la colaboración, la construcción colectiva y la empatía, que se han visto como muestras de debilidad y no deseables para el macho, son los que más necesitamos nutrir en este momento. No es solo que necesitemos más mujeres haciéndose cargo de cosas, sino trascender como sociedad esta historia donde solo hay una manera válida de ser hombre y es a través de la opresión, la explotación y la competencia. 

¿Cómo no frustrarnos ante un sistema que es más grande que nosotros?

Hay una imagen que me gusta usar cuando alguien usa esto como mecanismo de defensa, y es este juego de tirar la pelota. Si pensamos solamente en el ámbito industrial, gubernamental y ciudadano, si uno le pregunta al ciudadano de a pie por qué no está ahorrando agua, muchos dicen que para qué si las empresas e industrias gastan más agua y el gobierno no toma decisiones frente a eso. Entonces uno va a donde el gobierno y pregunta por qué no están tomando acciones que estén alineadas con el cuidado del planeta, y dicen que el ciudadano es el que no entiende y la presión industrial no deja. Y uno pregunta lo mismo en el ámbito industrial y dicen que el consumidor no estaría dispuesto a consumir de otra manera. Finalmente, todo el mundo le tira la pelota al otro y es una actitud infantil. 

Pasan dos cosas: primero, si uno reconoce ese juego, uno se da cuenta de que uno tiene un papel y que los otros también lo están usando como excusa, y en ese sentido uno es un ciudadano que tiene participación política y un consumidor de los productos de empresas; y segundo, en el peor escenario posible donde los otros no están haciendo nada, es importante hacer las cosas porque a uno le parece que están bien, uno no puede basar sus decisiones en si los otros están haciendo o no. Si uno considera que no tiene sentido estar desperdiciando agua, uno empieza por no desperdiciarla. Y si uno ve que mucha gente la está desperdiciando, uno busca la manera de incidir en esos procesos, pero no quedarse en “si ellos no lo hacen, yo tampoco”.

Una vez un profesor dijo algo que para mí ahora es un mantra y es que uno se pregunta en ese contexto “si todo está saliendo tan mal, ¿para qué voy a hacer algo?”. Nosotros no hacemos lo que hacemos pensando en el resultado que va a tener, sino porque sentimos que es lo correcto. Más allá del impacto que pueda tener, la manera más bonita de vivir es estando alineado con lo que uno cree y estar abierto a esos nuevos aprendizajes. Pero si uno no está dispuesto a aplicar lo que uno desearía que otros hagan, no vamos a llegar a ninguna parte. 

10 cosas que puedes empezar ahora mismo

  1. Come más plantas y menos partes y secreciones de animales.
  2. Incluye a los animales y a otros humanos en tu círculo de empatía.
  3. Consume menos, en general. No compres lo que NO necesitas y de lo que sí necesitas compra lo justo, de buena calidad y producción responsable.
  4. Hazte cargo de tus residuos orgánicos. Ya sea con compostera o entregándolos a quienes hagan compost asumes responsabilidad del 60% de tu basura, mucho más que evitando usar bolsas plásticas.
  5. Deja de usar cosas desechables.
  6. Bájate del carro. Camina más, muévete en bicicleta y usa el transporte público.
  7. Usa tu trabajo como herramienta de cambio y si no puedes procura generar cambios dentro de tu esfera laboral.
  8. Haz que la sostenibilidad sea una parte integral de tu vida. Dedica al menos un 10% del tiempo a aprender sobre medio ambiente.
  9. Cuestiona todo lo que te han enseñado que es normal como el crecimiento económico ilimitado, el bienestar asociado al consumo, el capitalismo, los prejuicios, etc.
  10. Imagina un futuro sostenible (y trabaja para construirlo).