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Mis libros: Ricardo Silva Romero

Uno de los escritores colombianos más leídos de la actualidad nos presenta cinco libros que han sido fundamentales en su propia historia
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Laura Vásques Roa

Ricardo Silva Romero no se detiene, sus tres lanzamientos más recientes [Cómo perderlo todo (2018), Historia de la locura en Colombia (2019) y Río muerto (2020)] no han tenido más de un año de distancia entre sí, y el éxito ha sido indiscutible, teniendo en cuenta que acá rara vez leemos el PARE de las esquinas. Silva Romero ha contado que Río muerto se le atravesó mientras escribía una novela sobre ciclismo, y no tardará mucho en entregarnos una nueva publicación.

Lo invitamos a esta sección para que hablara sobre las obras que han marcado su vida, y cuando ya tenía hecha su selección, decidió sacar a Alicia en el país de las maravillas para incluir algún libro de Quino. El 29 de septiembre nos envió un correo con el texto que venía dictado por su inconfundible sensibilidad y estaba acompañado por esta frase: “Se me ocurre que estos cinco libros describen un drama en cinco actos”. Un día después murió el creador de Mafalda.

Ese tipo de cosas pasan solo en los años bisiestos.

1. Gente en su sitio

Quino

Durante muchos años, de tanto ver películas y de tanto ver televisión, solo fui capaz de leer cómics y libros de humor. Fui detrás de Astérix, de la Zorra y el Cuervo, de Olafo, del Pato Donald, del Tío Rico, de Lorenzo y Pepita, de Carlitos, de Archie y de las versiones de los clásicos de la literatura de Chiqui de la Fuente -y conservo la colección completa-, pero sobre todo fui detrás de todo lo que hiciera Quino: de Mafalda y de sus personajes tiernos y oprimidos. Me costó mucho llegar a los libros sin dibujos, pero a quién no después de leer, por ejemplo, Gente en su sitio.  

2. Cuentos sin plumas

Woody Allen

Mi hermano mayor me recomendó cuatro libros favoritos que en aquel entonces me sirvieron para entender qué le da a uno la literatura que no se lo da nada más -me recomendó La metamorfosis, Retrato del artista adolescente, Muerte en Venecia y La inmortalidad en los días del famoso e infame apagón de 1992, y yo caí, y me rebarajé por dentro-, pero pronto volví al humor, a las parodias y las sátiras, porque no podía creer ni puedo creer que haya un modo de ser inteligente como el modo de Woody Allen.

3. El cine según Hitchcock

Francois Truffaut

Me leí la entrevista de Hitchcock a Truffaut, y me la releí, y le dio sentido a un viaje sin pies ni cabeza porque me confirmó que no podía haber otro narrador que hubiera comprendido mejor la naturaleza de las cosas que difícilmente podrían darse en el siglo XX. Un arte tan hipnótico y tan monumental como el cine, y que yo quería dedicarme a contar historias que fuera como fuere tuvieran al lector en el borde de la silla.

4. Poemas completos

Cesar Vallejo

Vino un tiempo -quizás demasiado breve para mi gusto- en el que pude escribir y descifrar la poesía, gracias a mi amigo Daniel y a mi profesor Pompilio, y entonces me pareció que Dickinson, Whitman, Williams, Quevedo, Carver, Eliot y Hernández eran unos genios, y entonces me aprendí -y juro que no estoy copiando y pegando de ninguna parte-: “Dios mío, estoy llorando el ser que vivo; / me pesa haber tomádote tu pan; / pero este pobre barro pensativo / no es costra fermentada a tu costado: / ¡tú no tienes marías que se van!”, y entonces mi papá empezó a usar Un hombre pasa con un pan al hombro en sus conferencias de ética.

5. El conde de Montecristo

Alejandro Dumas

Años después, cuando ya vivíamos lejísimos el uno del otro, pero seguíamos confiando en nuestros consejos, mi hermano me dijo que se estaba releyendo El conde de Montecristo y que no podía encontrarse uno una novela mejor, y yo entonces me antojé, y me puse competitivo, y me puse a leerlo al tiempo y al final volví a darle la razón: de algo tiene que servir en esta vida ser el hermano mayor.