fbpx

No es Tinder, es la violencia machista

Poner el énfasis en cómo se conoció la pareja a través de una app de citas solo distrae la atención sobre la violencia machista que hace posible que estos ataques sigan ocurriendo
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Antes de que la noticia llegara a los medios de comunicación, ya había rotado el tema en redes sociales: un hombre ataca a su pareja con un hacha y la deja gravemente herida en Bogotá. Todo ocurre delante del hijo de la víctima.

El potencial feminicidio fue cubierto por varios medios de comunicación en las últimas horas poniendo énfasis tanto en las circunstancias en que ocurrió, como en la búsqueda de Miguel Camilo Parra, el presunto atacante, que sigue prófugo al momento de publicar esta nota. 

Además de la preocupación que un caso como estos genera entre la comunidad, la noticia no ha sido ajena a una práctica reprochablemente común cuando de violencias contra la mujer se trata. Uno de los aspectos que resaltó el portal de noticias Pulzo fue que la pareja se hubiera conocido por la app de citas Tinder.

¿Por qué es relevante hablar de Tinder en este hecho violento? Simplemente no lo es.

Tinder es una aplicación controversial y se podría decir mucho sobre los tipos de relaciones que fomenta (y de hecho ya se ha hecho). Por ejemplo, se podrían analizar las lógicas de consumo que promueve, la idea de basar tu interés en alguien a partir de un par de fotos, así como el desechar en cuestión de segundos a un ser humano solo deslizando un dedo en tu pantalla. Sin embargo, también esta app ha sido bandera de los encuentros casuales, muchas veces asociada a la sexualidad libre y ya sabemos que la combinación entre sexualidad libre y mujer es todavía condenada socialmente.

Si bien hay miles de casos de parejas que componen relaciones estables luego de conocerse por medio de esta aplicación, todavía ronda la idea de que este primer contacto es menos legítimo a la hora de establecer “algo serio”.

Por esto, que algunos medios y personas estén inspeccionando que esta pareja se haya conocido a través de Tinder solo genera ruido, estigmatiza el tipo de relación y, sobre todo, pone de nuevo la responsabilidad de la violencia machista sobre la víctima, no sobre el victimario. Al poner el énfasis en cómo se conocieron se está justificando de alguna manera una supuesta práctica no segura por parte de Ángela Ferro, la mujer atacada.

La hermana de Ferro le dijo al canal CityTv que Parra era un hombre posesivo, celoso y absorbente. Otros amigos de ella también mencionaron que Miguel Camilo Parra la alejó de sus redes de apoyo como familia y amigos. Todo esto nos habla de algo evidente cuando se analizan estos actos de violencia desde una perspectiva de género, es decir, desde la revisión de los desbalances de poder entre hombres y mujeres inmersos en las relaciones afectivas.

La definición de feminicidio es muy importante para entender las violencias contra las mujeres. ONU Mujeres lo define como el “asesinato de una mujer por el hecho de serlo, [es] el final de un continuum de violencia y la manifestación más brutal de una sociedad patriarcal”. Justamente en la idea del continuum de violencia es donde debemos centrar la atención. Las violencias contra las mujeres más evidentes son las que terminan en expresiones físicas como golpes o en insultos, así como en el asesinato.

Sin embargo, la violencia basada en el género tiene una base menos discutida y más normalizada como los micromachismos, la violencia económica, los chistes machistas, la manipulación emocional, la publicidad sexista, entre muchas otras expresiones más sutiles, pero no por eso menos dañinas de la violencia. Es en este punto donde como sociedad en conjunto podemos trabajar para combatir estas violencias y dejar de culpabilizar a quienes las sufren como si además fueran las responsables de prevenirlas.