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Fotografías por Camilo Rozo para el libro Parar para avanzar de Editorial Crítica

Parar para avanzar

Se cumple un año desde que el movimiento estudiantil levantó su voz con más fuerza que nunca en el marco del histórico Paro Nacional de 2019, y un libro recopiló las lecciones que han quedado para el futuro

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El nuevo libro de Sandra Borda, Parar para avanzar. Crónica del movimiento estudiantil que paralizó a Colombia es una pieza breve pero llena de contenidos clave que invitan a la reflexión sobre quizás la movilización social más concurrida de los tiempos recientes en el país. Lo que inició emblemáticamente el 21 de noviembre de 2019 y se extendió por varias semanas, fue el reflejo de una manifestación ciudadana de proporciones y características nuevas.

La diversidad en el origen de los manifestantes, así como en las formas que tomó esta protesta, convocó a un grupo más amplio que el acostumbrado a las calles. Sin embargo, esta profesora, analista política y doctora en ciencia política, decidió centrar la reflexión de este estallido social en el movimiento estudiantil. Les buscó, les entrevistó, les oyó y así reconstruyó su historia reciente como movimiento.

Aunque su libro retrate un momento particular, las reflexiones que nos deja permanecen vigentes, no solo por la importancia del 21N y sus efectos, sino porque el momento político actual demuestra que muchas de las demandas siguen siendo pertinentes. Conversamos con Sandra Borda sobre sus motivaciones para centrarse en este grupo específico de manifestantes, y de paso oír de primera mano sus experiencias como ciudadana en las calles ante hechos tan dolorosos como el asesinato del joven Dilan Cruz, a manos de un agente del ESMAD, en una jornada de protesta en la que ella misma participó.

CACEROLAZO SINFÓNICO: La música, el arte y la cultura también hicieron parte del paro de noviembre de 2019. Camilo Rozo

¿Por qué escogió al movimiento estudiantil como protagonista de este libro para reflexionar sobre el paro nacional iniciado el 21 de noviembre?

La primera y más grande razón es porque los estudiantes venían movilizándose desde antes de que se declarara oficialmente el paro en noviembre. Y porque el grupo social que hizo parte de ese paro, que más logró convocar personas y que más logró generar sensibilidad hacia el paro fue el de los estudiantes. Ellos ya tenían una historia larga que había empezado en 2018, buscando que el Gobierno garantizara los derechos de educación, particularmente pública, y se habían logrado movilizar con muchísima fuerza en ese año. Tanto que lograron que el Gobierno en ese momento aumentara el presupuesto para la educación pública y se comprometiera a generar programas de pago para las deudas con el Icetex, que se estaba volviendo también un problema enorme.

En 2019 se inicia en octubre un reclamo porque el Gobierno no está cumpliendo con esas promesas y después se articula con el paro nacional que es declarado el 21 de noviembre.

¿Qué aprendió al escuchar a los estudiantes en el proceso de construcción de este libro? ¿Qué mensaje quiere dejar frente a los estereotipos más comunes que existen sobre el movimiento estudiantil?

Lo más importante que quería transmitir a través de las entrevistas que les hice, era la idea de que eso que estaban diciendo los medios y los políticos sobre los estudiantes y su confusión, su dificultad de articular demandas y su falta de organización, definitivamente no era cierto. Parte del objetivo es demostrar que se trata de un movimiento supremamente complejo, que no es monolítico, donde hay gente con preferencias políticas diversas, discusiones de carácter conceptual y metodológico sobre cómo se debía adelantar la protesta que son de una profundidad intelectual enorme. Y, adicionalmente, quería contarle a la gente la historia de las razones por las cuales ellos deciden salir a la calle, marchar y organizarse, porque tenía la impresión (y lo escuché en muchos medios) de que la gente pensaba que esos eran simplemente jóvenes insatisfechos que salen a protestar porque no tienen nada mejor que hacer, cuando en realidad la agenda de educación que ellos tenían era supremamente articulada, tenían unas demandas muy claras y básicamente el mensaje que estaban tratando de transmitir es que siguen estando en una situación difícil.

Las historias de vida de cada uno de esos estudiantes muestran claramente que la cosa no le resulta fácil ni siquiera a los que estudian en universidades privadas de élite.

EL ASESINATO DE DILAN CRUZ: Uno de los momentos más duros de las jornadas de protesta fue el asesinato del joven Dilan Cruz, a manos de un agente del ESMAD. Camilo Rozo

Uno de los retos que tiene el movimiento estudiantil es la corta duración de una persona siendo estudiante, ¿cómo cree que el movimiento puede enfrentar esos retos?

Ahí hay una cosa muy interesante y es que darle continuidad a un movimiento como ese es muy difícil porque cada cuatro o cinco años hay relevo, y les cuesta mucho pasarse la antorcha los unos a los otros. Parte de lo que buscaba la MANE en el pasado, que es tal vez la forma más institucionalizada reciente de la organización estudiantil, era precisamente dejar eso, la institucionalidad alrededor del movimiento estudiantil para que hubiese continuidad pero tampoco lograron hacerlo. Entonces transmitir selecciones cuando no existe esa institucionalidad es un poco difícil. Cada movimiento y cada generación crea una cosa nueva, concibe una forma distinta de protestar, tiene una agenda diferente dependiendo de la política educativa del gobierno de turno. Es un movimiento que tiene muchos retos porque se crea y se diluye constantemente, y hay que estar reinventándolo. Y a pesar de que ellos saben eso, le ponen toda la energía y toda la intención para que tenga continuidad. Tratan de hacer pedagogía con las nuevas generaciones y demás, pero eso termina costándoles mucho trabajo. Eso sí, se quedan hasta el último minuto. Mucha gente de la que entrevisté está a punto de graduarse, y mientras otras personas estarían pensando en conseguir trabajo y en mirar qué van a hacer, estas personas siguen pensando en la necesidad de articular y fortalecer ese movimiento para los que siguen.

¿Cómo influyó la muerte de Dilan en el proceso de hilar de estas historias, tanto el hecho del asesinato como su posterior tratamiento públicamente?

Yo creo que eso que pasó ese sábado es muy importante para entender de verdad, y con evidencia en la mano, la dinámica de la relación entre la fuerza pública y la protesta social en este país porque, hasta ese momento, una muy buena parte de la narrativa que conocíamos todos era que la fuerza pública casi que se encontraba en la obligación de reaccionar frente a la protesta social de la forma en la que lo hace porque quienes protestan los incitan, porque quienes protestan utilizan la violencia, la fuerza y cometen actos vandálicos. Siempre le decían a uno que la fuerza pública tiene que evitar que el vandalismo ocurra, entonces reacciona.


 “Hay mucho acto policial que está destinado a producir miedo y a intimidar a los manifestantes, y de esa forma disuadirlos de que salgan a la calle”.


Lo que pasó ese sábado no fue eso. Lo que pasó fue que se estaba llevando a cabo una protesta absolutamente pacífica, que además está garantizada por la Constitución, sin ningún acto vandálico ni ningún tipo de violencia por parte de quienes se manifestaban, y lo que había era una orden de diluir la protesta. Por eso lo que se experimenta ese día es mucho más un ejercicio de hostigamiento constante de la fuerza pública en contra de la gente que está protestando, violando abiertamente el derecho a la protesta. Esa era una cosa muy importante para contar, para que la gente entienda que no en todos los casos en los que la protesta social termina en la forma en que lo hace, la responsabilidad es de quienes están protestando. La responsabilidad también es de un Estado y de un gobierno local en ese entonces que dan la orden con acabar con la protesta y básicamente no permiten que se garanticen esos derechos. ¿Qué pasa con este tipo de práctica? Que, finalmente, después de tanto hostigar a quienes están protestando, el riesgo de que ocurra algo como lo que pasó con Dilan es enorme porque el hostigamiento, el cierre y el acorralamiento de los estudiantes siempre termina generando una situación de mayor riesgo para sus vidas, y pasan cosas terribles y dolorosas como lo que sucedió con él.

Eso para los estudiantes es muy importante porque se convierte en una bandera para exigirle al gobierno nacional, no solo para que los escuche, sino que les permita salir a la calle y manifestarse.

LA CACEROLA FUE PROTAGONISTA: Los cacerolazos se volvieron un sello de este paro y permitieron protestar incluso desde la casa. Camilo Rozo

¿Considera que hay una criminalización de la protesta estudiantil a partir de la estigmatización de unos determinados perfiles de estudiantes?

Sí, sin duda. Aquí lo que se intenta presentar como una forma de controlar la violencia de un grupo muy pequeño de manifestantes, termina siendo más una forma de control y represión de la protesta social porque claramente, y uno solo necesita verlo en las múltiples imágenes que hay de todas las protestas, los actos vandálicos siempre son cometidos por una minoría súper selecta en las protestas. Los actos vandálicos nunca son masivos. Eso lo llevaría a uno a concluir que si efectivamente hay procesos de judicialización en contra de la gente que hace estas cosas, pues no tendrían por qué ser, ni mucho menos tan masivo.

Lo que pasó en noviembre de 2019 nos enseñó que la fuerza pública actúa sobrepasando un montón de garantías y derechos que se le tienen que otorgar a los ciudadanos. Casos como el de las agresiones a periodistas o el de la mujer que la Policía subió a un carro sin placas y sin ningún tipo de identificación en la calle 26, son absolutamente violatorios de los derechos de los individuos. Hay mucho acto policial que está destinado a producir miedo y a intimidar a los manifestantes, y de esa forma disuadirlos de que salgan a la calle. Los procesos de judicialización sirven exactamente para lo mismo, son intimidatorios y disuasivos, no son procesos de judicialización que realmente estén buscando un castigo en contra de la persona que cometió el delito.

CONFRONTACIÓN EN LAS CALLES: La dura respuesta de la fuerza pública mostró la falta de garantías para ejercer el derecho constitucional a la protesta social. Camilo Rozo