fbpx

Phil Hellmuth: póquer con inteligencia y presunción

Tras tres décadas de carrera, el dueño de 15 brazaletes mundiales recuerda su hazaña de 1989 y confiesa cómo quiere ser recordado
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

CORTESÍA WORLD SERIES OF POKER

“Hola, soy Phil Hellmuth, el ganador de la Serie Mundial de Póquer”, replicaba su máquina contestadora en abril de 1989, dos meses antes de siquiera jugar el torneo. Hellmuth, un joven de 24 años con un escaso recorrido por los casinos, tenía la osadía de grabar ese mensaje y presumir un premio que nunca había ganado. Para ese momento, nadie le creía; y sí, debía parecer un lunático. Johnny Chan, además de haberlo eliminado el año pasado, era el bicampeón vigente y dominaba el circuito del póquer en Estados Unidos. Pero Hellmuth tenía esperanza y una energía juvenil que irradiaba con facilidad.

Hellmuth logró escalar hasta la mesa final en Las Vegas y quedar cara a cara, en un duelo a muerte, ante Chan. “No tenía miedo, ya habíamos jugado juntos. Le dije: ‘Vas a tener que jugar muy bien y tener suerte, porque yo voy a jugar un gran póquer”, recuerda. Que un chico de 24 años lo retara de esa manera era inconcebible. “Ni siquiera sé cómo explicar lo que significaba Chan para el póquer en ese momento. Era como un Dios”, recuerda Mike Sexton, uno de los íconos del Texas Hold’em. 32 minutos después, Hellmuth lo derrotaría ganando 750 mil dólares y alzando sus brazos hasta el cielo con la sonrisa de un niño. La máquina contestadora siempre tuvo la razón. Ese día, un seis de espadas le cambió la vida.

CORTESÍA WORLD SERIES OF POKER

Desde entonces, Hellmuth se ha convertido en una de las personalidades más grandes del póquer: ha ganado 15 brazaletes de la Serie Mundial, ha escrito cuatro libros sobre cómo engañar y superar rivales con sus jugadas más célebres, y es recordado por sus rabietas y explosiones públicas en los casinos, siendo apodado por sus colegas como el Poker Brat (el mismo nombre de su autobiografía).

Hoy disfruta de su éxito, sin perder esa esencia mediática e histriónica que lo volvieron famoso en las transmisiones. Desde su casa en Carolina del Norte recordó el mejor momento de su vida, nos contó sus errores financieros y profesionales, cuál es el secreto detrás de su legado y cómo aprendió a controlar el ego. Justo antes de empezar la entrevista, me dice: “¿Sabes quién es Avril Lavigne o Ryan Cabrera? Tengo una comida y un concierto con ellos esta noche. Entonces, comencemos”.

***

Tenías 24 años cuando ganaste tu primer brazalete. ¿Qué tan peligroso fue tu ego al ganar y pensar que eras el mejor del mundo?

Mi ego despegó en 1989 con un efecto negativo. Yo siempre me lo imagino como un bebé en una tina. Yo soy el bebé y el agua es el ego. Si quieres desprenderte del ego, no puedes sacar al bebe ni quitar la tina. Tienes que sacar el agua y dejar de elevarte. He estado trabajando en eso toda mi vida.

Era demasiado dinero para alguien tan joven. Fui inteligente porque compré una mansión de 185 mil dólares en Madison, pero luego pagué mis impuestos y un par de carros, y para finales de 1989 ya no tenía casi dinero. Sufrí mucho en esos dos años. Sí, tenía un penthouse hermoso y era muy positivo, pero controlé muy mal el ego.

Siempre te refieres al Hellmuth joven como un donkey. ¿Por qué?

Esa es una gran palabra. Se la inventó la leyenda Puggy Pearson. Cuando le pregunté qué significaba, me dijo: “Hijo, un donkey es una persona que llega con lingotes de oro a Las Vegas y los desperdicia”.

¿Eso te pasó con los 750 mil dólares?

No exactamente, pero mi transformación fue muy grande. Cuando alcanzas tus sueños a una edad tan temprana y tienes la autoestima tan baja, es una combinación horrible. La mayoría se autodestruye con drogas y alcohol. A mí no me pasó eso, pero sí me volví intolerable. No creo que fuera narcisista, pero sí tenía un ego gigantesco y muy enfocado. Siempre hablaba de mí y no le prestaba atención a lo más básico. Asumía que iba a ganar y perdía muchísimo dinero. La vida te golpea como a un costal hasta que el ego desaparece, ahí te enfocas en lo que debes hacer.

Siempre te han criticado por aferrarte a una estrategia desde que te volviste profesional. ¿Qué tanto ha cambiado el póquer en estas tres décadas?

En los 80, yo hacía algo que nadie estaba haciendo y todos pensaban que jugaba mal. “¿Qué hace? ¿Por qué apuesta tan poquito?”, decían. No me entendían y yo seguía ganando torneos. Cada año, algo cambia. Hace dos años había una estrategia llamada GTO y ahora nadie la usa. Es interesante ver esa evolución… me pregunto si yo estoy loco y los demás están bien, o si yo estoy bien y los demás están locos. [Risas] El tiempo dirá.

LARRY GROSSMAN

¿Cómo derrotabas al estrés en esas situaciones?

Creo que nací para lidiar con el estrés y tener una buena perspectiva sobre las cosas. En ese momento tenía muy poco dinero. Manejaba a Michigan y ganaba dos mil dólares cada fin de semana, y así sobrevivía, pero tenía mucho estrés. No es intentar ser el mejor, es serlo. Y ahí hay un estrés extra.

Escribí un libro que se llama Positivity con ocho tips sobre cómo hacer grandes cosas, con un sistema de fe. Por ejemplo, pegar en el espejo de tu baño los propósitos de este año, así como lo que más agradeces de tu vida. Vives feliz y más enfocado en lo que quieres.

¿Crees que la suerte existe?

Cualquiera puede tener una buena estrategia y tener suerte en dos o tres torneos. Cualquiera puede ganar en cualquier día de póquer. La suerte va y viene, pero no podemos disfrazar las habilidades con el azar. Para triunfar se necesitan dos cosas: paciencia y un excelente manejo del dinero. A veces tendrás las manos atadas, por eso necesitarás paciencia. Si eres buenísimo en el póquer y buenísimo manejando el dinero, tendrás una gran vida. Pero si eres buenísimo en el póquer y apenas bueno manejando el dinero, tendrás mucho estrés. La mayoría se cuelga pagando deudas y la entrada a los torneos, no logran suplirlo. El póquer profesional es como un negocio a largo plazo.

¿Qué motivación tienes como jugador con 15 brazaletes ganados?

Desde 1993 tengo una meta: ganar de 24 a 30 brazaletes y así proclamarle, sin dudas, el mejor jugador de la historia. Es un buen número para mí. La segunda es ayudarles a las personas a lograr lo que quieran, motivarlos. En 2001 me di cuenta de que inspiraba a la gente. Ese año supe que iba a escribir una autobiografía y que tomaría las lecciones de esa vida contada para hacer otro libro.

Como profesional, ¿disfrutas de jugar póquer un rato con tus amigos?

Antes no tanto [risas]. Para un profesional es muy doloroso jugar con tan poco dinero, de 10 a 20 dólares. Pero adoro a mis amigos y ahora lo puedo hacer de manera social. De hecho, jugué con ellos anoche.

¿Cómo quieres ser recordado?

Quiero ser recordado en 100 años, pero es muy difícil. Pero si lo soy, quiero que sea como el mejor jugador de póquer de todos los tiempos. Necesito tener 30 años más de carrera para eso y alcanzar todos los brazaletes que pueda. Así veo mi legado.

JUGADOR, EMPRESARIO Y ESCRITOR: Positivity, el último libro de Hellmuth, tiene ocho consejos de cómo estar en sintonía con las metas a largo plazo; una estrategia que ha utilizado toda la vida en el póquer.