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¿Por qué desalojar Altos de la Estancia en plena pandemia?

Los desalojos continúan en este barrio de invasión en Ciudad Bolívar en medio de una pandemia que exige que las personas permanezcan en sus casas. Las medidas del Distrito parecen incomprensibles
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Imágenes por Luis Carlos Ayala @luiscarlosa85

Desde principios de mayo, cientos de familias están siendo desalojadas del sector Altos de la Estancia, en la localidad de Ciudad Bolívar, en el suroccidente de Bogotá. Las autoridades distritales defienden este desalojo, pero las historias de los pobladores y las fotografías sobre lo que ocurre en la zona nos dejan una gran pregunta: ¿por qué desalojar a estas personas en medio de una pandemia? 

Una de estas familias es la de Helena Soto. Hace 25 años, sus abuelos, aburridos de pagar arriendo y con la esperanza de tener una casa propia, compraron un terreno en este barrio. Helena, que tiene la misma edad que el tiempo de vida de su familia en Altos de la Estancia, conoce a la perfección la lucha que ha librado su barrio con diferentes administraciones distritales para ser reubicado. Hace más de una década les informaron que el terreno era inestable y que debían salir de allí. 

Su familia lleva muchos años en ese proceso de reubicación que no se ha concretado. No son los únicos. Aunque algunos sí se han ido, el proceso es demorado y muchos de los lotes que quedan vacíos son nuevamente ocupados por familias que no tienen dónde vivir. Hace un poco más de un año hubo un primer desalojo con presencia del ESMAD. Las familias con niños o que demostraron que habitaban el sector desde hace tiempo no fueron expulsadas, pero todos vivieron la angustia de la situación.

Luis Carlos Ayala @luiscarlosa85

El pasado 2 de mayo la orden de desalojo se reactivó, en plena pandemia y con medidas de confinamiento decretadas por el Gobierno Nacional. Para Helena es incomprensible que en este momento se haya reiniciado la preocupación por el terreno y más bien cree que el Distrito aprovechó para desalojar en un momento en que es muy difícil hacer veeduría por parte de la comunidad. “Antes no les había dado el afán de preservar la vida de los habitantes. Es muy raro que pase en este momento”, dice ella. Por su parte, Luis Carlos Ayala, uno de los fotógrafos que ha seguido por varios días esta dolorosa situación se hace esta misma pregunta, ¿por qué ahora? 

Aunque algunos medios de comunicación han cubierto la noticia, dada la gravedad de tomar medidas de esta naturaleza en medio de una pandemia que exige permanecer en casa, la difusión ha sido poca. Los desalojos siguen en pie y las respuestas oficiales para atender a esta población no son claras.

A través de las fotos que muestran el desconcierto y la angustia de los pobladores, Luis Carlos ha pedido a los seguidores de su cuenta en Instagram que compartan estas imágenes para amplificar el mensaje: “He tratado de que se haga más visible la situación que están pasando estas personas. Siento que es necesario en tanto que estamos atravesando un momento tan complejo como este. Cobertura hay, pero no todo el tiempo, además de la censura que se presenta allí”.

En los nueve días que Luis Carlos ha cubierto esta situación, ha conocido las historias de varias de las familias afectadas, en las cuales hay adultos mayores, niñas y niños, personas con discapacidad y, en general, gente en una situación de mucha vulnerabilidad. “Son personas que viven del día a día o que se han quedado sin trabajo por la emergencia que se da a raíz del COVID-19”, explica. 


“Antes no les había dado el afán de preservar la vida de los habitantes. Es muy raro que pase en este momento”


Para resolver el porqué de estos desalojos habría que remitirse a la información que, aunque contradictoria, se ha difundido hasta el momento por parte de las autoridades encargadas. Por un lado, se ha dicho que los terrenos son inestables y por ende deben ser evacuados, pero posteriormente se hizo énfasis en que es una ocupación indebida del espacio que está destinado a ser un parque distrital e incluso que estos terrenos están siendo ocupados por particulares (los llamados terreros) que están construyendo para después vender. La intervención se ha hecho tanto con funcionarios de la alcaldía, como por la fuerza por parte de miembros del ESMAD. 

Luis Carlos, a su vez, aporta su versión frente a lo que ha visto: “En un principio se decía que era una ‘recuperación de terrenos’. Luego de la aparición de un grupo defensor de derechos humanos que solicitó la orden judicial del desalojo, se frenó un poco y ahora dicen que es ‘recuperación de espacio público’, aunque aseguran que el terreno es inestable y está destinado para una obra, un parque. Sé que hay personas que llevan allí más de 10 años viviendo”.

Para Helena, el fenómeno de los terreros es real, pero la mayoría de las familias ocuparon por su cuenta estos lotes para darle un techo a sus hijos. “Son personas que han llegado sin nada y a quienes nadie les cobró. Muchos son desplazados por la violencia en busca de un lugar más pacífico dónde organizar su vida”, dice. 

Sobre esto, Luis Carlos cuenta que, aunque es posible que haya personas que hagan negocio a partir de las necesidades de la gente que busca un techo, ninguna de las familias con las que ha hablado le han dicho que les hayan cobrado o vendido. Por supuesto, es imposible determinar en este momento el ciento por ciento de los casos, pero lo que sí ha visto es que las condiciones de la pandemia y el confinamiento han llevado a que varias personas lleguen recientemente porque se han quedado sin trabajo, así que se ven obligados a vivir en esas condiciones.

Para este fotógrafo, el cubrimiento de la pandemia en esta y otras zonas de la ciudad donde las condiciones de vida son precarias, ha sido un recordatorio constante de la sociedad desigual en la que vivimos. La experiencia ha sido dura, pero es una forma de visibilizar cosas que ya pasaban: “Mucho antes de la cuarentena se veían estas realidades, que pasan ‘por debajo de cuerda’ en el día a día de la ciudad. Es duro saber que la brecha social que tenemos definitivamente es tan grande. Y es más duro ver a las personas resignadas a que esto es lo que les tocó vivir”, comenta. “En el barrio San Bernardo he logrado también un proceso interesante, desde la solidaridad, desde explicar los pañuelos rojos, desde tratar de hacer entender que es necesaria la solidaridad y la empatía”.

Luis Carlos Ayala @luiscarlosa85

El crecimiento de las ciudades en Colombia ha sido todo menos planificado. Bogotá al ser la capital del país, ha recibido durante décadas la llegada masiva de población desplazada por las diferentes olas de violencia en el campo. En épocas del conflicto por la violencia partidista a mitad del siglo XX, la demanda de vivienda en la ciudad aumentó sin que existiera una cobertura organizada que diera respuesta. Esto siguió ocurriendo en las décadas siguientes, lo que llevó a un poblamiento de la periferia de la ciudad y a la creación de barrios sin ningún tipo de norma urbana, según lo muestra el historiador Fabio Zambrano en la Historia de la Localidad de Tunjuelito. El poblamiento del valle medio del río Tunjuelo. 

Altos de la Estancia, como tantos otros barrios de Bogotá, nació de forma espontánea por la tensión entre personas necesitadas de vivienda y su ubicación en terrenos periféricos que se presentaban como alternativa. Esta claridad se hace relevante para no considerar esto como una anormalidad urbana que sirva de excusa para desalojar a los vecinos del barrio sin un plan efectivo de reubicación. Mucho menos en la coyuntura actual. 

La población que compone Altos de la Estancia es diversa. Si bien hay personas que han ocupado los lotes desde hace pocos meses, hay familias que viven desde hace muchos años y en ningún caso merecen ser tratadas con violencia para sacarlas de estas viviendas. 

Luis Carlos Ayala @luiscarlosa85

Inés Melo, la abuela de Helena, ha peleado ante todas las estancias posibles para que la reubicación que le prometieron se dé en condiciones dignas para ella y su familia, pero varios tropiezos en el proceso la han desanimado y es el momento en que aún no hay casa. Tras las últimas intervenciones del ESMAD, la familia decidió buscar un lugar más seguro para los abuelos, pues en el desalojo anterior los gases lacrimógenos y las granadas aturdidoras los afectaron mucho. Helena, sin electricidad ni Internet, tuvo que buscar otro lugar dónde pasar estos días para seguir estudiando de manera virtual. Su mamá y su hermano siguen en el barrio, pero ya recibieron la orden de que en veinte días deben salir.

En medio de la desesperación, Helena grabó videos mostrando el uso de la fuerza del ESMAD hacia los habitantes. Su intención era denunciar la arbitrariedad de la decisión del desalojo y el uso de la fuerza policial contra una población que necesita protección y no represión. “Yo hice varios videos denunciando para que no nos desalojaran, pero no lo logré”, dice.

Este 18 de mayo el proceso de desalojo quedó suspendido por unos días. Antes de la pandemia nadie parecía tener afán. Para Helena, Inés, Luis Carlos y para muchos otros la pregunta sigue sin responderse, ¿por qué la Alcaldía de Bogotá decide desalojar en este momento?

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Posted by Colombia Informa on Wednesday, May 13, 2020