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Que hablen los que saben: ¿Por qué es importante quedarse en casa ante el COVID-19?

Este coronavirus no es un chiste ni una gripa común. Quédate en casa
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Ayudemos a aplanar la curva de contagio y evitemos una crisis en salud similar a la de los países de Europa.

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Nos enfrentamos a una epidemia que no respeta clases sociales, no respeta ideologías, no respeta profesiones y que por lo tanto genera la necesidad de que actuemos como uno, de que sin importar las diferencias todos nos comportemos bajo una misma responsabilidad social y nos enfrentemos juntos a este reto histórico que representa el COVID-19.

En primer lugar debemos entender qué es el COVID-19. Este microorganismo es un virus, es decir, hace parte de los microorganismos capaces de infectar al humano, con la particularidad de que son los más pequeños en el planeta, lo que implica la dificultad de su control. Específicamente, el COVID-19 es una “variante” de un virus al cual siempre hemos estado expuestos, que es el coronavirus. Usualmente produce un cuadro de resfriado común sin mayores complicaciones asociadas, sin embargo, por múltiples razones fisiopatológicas, el COVID-19 no genera un cuadro gripal común en muchas personas, lo cual ocasiona cuadros respiratorios severos que pueden llevar a la muerte.

Entendiendo esto, y sabiendo que la afección (en su mayoría) es respiratoria, podemos asumir que este virus se transmite del mismo modo que cualquier virus que genera resfriado común. Es decir, la transmisión se da porque alguien expulsa el virus de sus vías respiratorios (hablando, tosiendo o estornudando) liberándolo en dos formas. Primero, micropartículas que podemos inhalar (y que no se evita su inhalación por el uso de tapabocas convencionales), y segundo, macroparticulas que se depositan en superficies, con las cuales después se entra en contacto (tocar el celular, un teclado, una baranda, etc.). Al tocarse con la mano los ojos, la nariz o la boca el virus ingresa al organismo y genera la infección.

Pero, entonces, ¿qué tiene de diferente este virus en comparación a los otros que existen o de las otras epidemias que ha habido, como el SARS en 2002 y el MERS en 2012? Son muchas las diferencias que podríamos encontrar, pero grosso modo podríamos resumir en dos aspectos que son de gran importancia. En primer lugar la tasa de contagio del COVID-19 es más alta que la de los previamente mencionados, llevando a que el número de infectados aumente de forma exorbitante en un corto periodo de tiempo. Por otro lado, la mortalidad del COVID-19 es más alta que la de las epidemias anteriores. Es decir, nos enfrentamos a un virus que infecta muy rápido y que mata un número importante de las personas que llega a afectar.

Si bien la mortalidad es más alta a medida que aumenta la edad del paciente afectado (especialmente por encima de los 60 años) y con el número de comorbilidades que tenga (especialmente inmunosupresión, diabetes, enfermedades cardiopulmonares e hipertensión) son cada vez más los casos de pacientes menores de 40 años, sin ningún tipo de antecedentes, que están falleciendo a causa de este virus. Incluso los últimos datos de la situación actual en Italia muestran que cerca del 10% de los pacientes que han muerto son menores de 40 años. Es decir, si bien toda la prevención se ha promocionado con el hecho de salvar a los ancianos, también debemos cuidarnos y protegernos para salvarnos a nosotros mismos, sin importar la edad o enfermedades que tengamos.

Teniendo todo esto en consideración, debería sobrar el hecho de tener que hacer tanto énfasis en las medidas de contención, teniendo en cuenta la gravedad de la situación actual de nuestro país, donde llegamos a más de 100 contagios en un tiempo récord, donde esos pacientes son realmente el reflejo de la situación de hace tres días, pues es este el tiempo promedio que se está demorando una prueba en procesarse en el Instituto Nacional de Salud.

Sin embargo, nuestros gobernantes (especialmente el presidente y su gabinete de mando) y muchas personas parecen mirar de reojo y sin importancia la pertinencia de tomar medidas drásticas y urgentes. La población médica no ha parado de insistir y generar campañas (desde especialistas, hasta médicos internos en formación) buscando la concientización no sólo de la población general, sino de nuestros dirigentes.

Las medidas de distanciamiento social, de aislamiento y de cuarentena deben ser obligatorias. El objetivo no es evitar que nos infectemos, sin importar qué hagamos entre el 40% y el 70% de la población va a verse afectada por este virus, pero lo que tenemos que evitar es el contagio masivo.

Se dice que de los pacientes infectados, entre el 10% y el 15% requiere manejo en Unidad de Cuidados Intensivos (UCI) con requerimiento de soporte ventilatorio. En Colombia sólo tenemos disponibilidad de poco más de 5.000 camas de UCI (esto asumiendo que de verdad todas estén funcionando y tengan ventiladores en condiciones óptimas, lo cual claramente es algo utópico). Es decir, teniendo en cuenta nuestra población actual de 50 millones de habitantes, si tan sólo el 1% de la población colombiana llega a estar infectada en un periodo cercano de tiempo, no habrían camas suficientes para los paciente y nos veríamos en la triste situación en la que se encuentran actualmente los países europeos, donde toca decidir a quién ventilar y a quién no. Están decidiendo a quién intentar salvar y a quién dejar morir porque simplemente no hay los recursos necesarios para atender a la gran cantidad de pacientes.

Esta afección hipotética del 1% de la población sonaba como un absurdo hace una semana, sin embargo, con la curva de infección tal como la tenemos hoy en día, la cual es mayor a la de los países europeos y demás países latinoamericanos, está situación ahora es muy posible en un futuro cercano si no aplicamos las medidas necesarias que tanto se han mencionado y que el gobierno se resiste a instaurar.

Por esto, hacemos un llamado y una invitación a que, sin importar las peleas internas del gobierno, sin importar las noticias falsas que hayan escuchado, sin importar lo que dicen algunos de “solo es una simple gripa” o “eso solo mata a los viejitos”, absolutamente todos tomemos las medidas necesarias para evitar que nuestro sistema de salud colapse, para evitar que los médicos tengamos que decidir entre salvar a su abuelo o a otra persona o, peor aún, que tengamos que decidir si salvarlo a usted o a alguien más.

Por favor, tomemos conciencia, quedémonos todos en casa, hagamos cuarentena de forma voluntaria, no visitemos a nuestros abuelos, no salgamos a menos de que sea estrictamente necesario, ayudemos a aplanar la curva de contagio, y evitemos una crisis en salud similar a la de los países de Europa. Si ellos están teniendo las condiciones que estamos viendo, ni me imagino las consecuencias que podría implicar para un país como el nuestro en términos de problemas económicos, salud y vidas perdidas.

*Andrés Felipe Flórez es médico interno de la Universidad del Rosario