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Reforma tributaria: ¿cortina de humo o realidad?

La presentación de la reforma tributaria por parte del gobierno de Iván Duque ha generado muchas críticas y preocupaciones. Luego de varios días de ser radicada en el Congreso, el mismo partido del Gobierno ha pedido reformas al impopular proyecto
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Cortesía Colprensa

¿Por qué se propone una reforma tributaria en medio de una pandemia? Esa es la gran pregunta que, a pesar de las explicaciones del Gobierno, sigue en la cabeza de los colombianos. 

Angustia, incertidumbre, cuentas estimativas, escenarios de futuro problemáticos, dudas sobre las formas en que se “ayudará” a los más pobres. Estas son algunas de las reacciones que el proyecto de reforma tributaria presentado por el gobierno de Iván Duque nos ha dejado. 

La propuesta empezó a anunciarse a cuenta gota hasta que el documento fue radicado por el ministro de Hacienda, Alberto Carrasquilla, ante el Congreso de la República el 15 de abril.  

La impopularidad del proyecto no sorprende. Una reforma tributaria nunca es bien recibida, pero lo será menos en medio de una de las crisis económicas más difíciles de los últimos tiempos. Y aunque precisamente el Gobierno ha titulado su proyecto como Ley de Solidaridad Sostenible para paliar la deuda profunda de la nación ahondada por la pandemia, las y los colombianos en su gran mayoría siguen haciendo maromas para sobrevivir y lo que menos esperan es imaginar un futuro con más impuestos. 

La propuesta de reforma consta de 110 páginas y presenta cambios en distintos niveles y tipos de tributación que abarcan a toda la población colombiana. Se pretende recaudar 23,4 billones de pesos, una cifra que ha sido calificada de particularmente ambiciosa si se compara con las reformas anteriores. 

La reforma busca gravar, por ejemplo, el 43% de los productos con IVA, impone el impuesto a los servicios públicos en estratos 4, 5 y 6 en un 19 %, y el pago de renta a partir de salarios desde 2,4 millones de pesos. Entre el documento inicial y el que finalmente se radicó se cambió el porcentaje de gravamen a productos que estaba previamente en el 46%, pero también se redujo la tarifa al impuesto de patrimonio para los denominados superricos. Por otra parte, la reforma buscar modificar el funcionamiento de la regla fiscal, una norma que pone un límite al endeudamiento del país. Además de los cambios en tributación, el presidente tendría la potestad para reestructurar el Estado con medidas como la fusión de entidades y el recorte de personal. En definitiva, es una reforma ambiciosa.

¿Se necesita una reforma tributaria?

Hay un acuerdo general en que las arcas de la nación están en problemas. Tomás Ramírez Tobón, macroeconomista, explica que no solo es necesaria esta reforma, sino que es una obligación. “El sistema tributario es muy complejo, es poco estable y eso nos ha llevado a reformas muy seguidas. Los problemas estructurales de ese sistema se han mantenido durante décadas. Llevamos arrastrando esas deficiencias y el covid no es el principal causante de esos problemas fiscales”, comenta. Para Tomás, el recaudo en Colombia es muy bajo (el promedio de la OCDE es de 36%) y al compararlo con el gasto del país se hace evidente el desfase, algo en lo que el presidente y el ministro han insistido mucho. 

Ramírez Tobón explica además que la complejidad del sistema actual genera incentivos perversos para que expertos incurran en evasión y elución. También, que hay rubros fijos del gasto público desde la misma Constitución que con la llegada del covid-19 dejaron al desnudo estas falencias y hace necesario incrementar el gasto para reforzar el sistema de salud y para aliviar a hogares y empresas. Según él, “el nivel de deuda hace que no sea sostenible en el mediano plazo, algo muy grave para el país para seguir financiando los programas sociales”.

Esta postura que enfatiza en los programas sociales está muy en línea con lo que el proyecto defiende, pues insiste en que la sostenibilidad de la deuda es un bien público, que se necesitan recursos para apoyar a las capas más necesitadas de la sociedad y que esa carga adicional no debe sentirse “de un solo totazo”, sino de forma gradual. 

Por su parte, el profesor Salomón Kalmanovitz si bien coincide en que hay un desajuste fiscal que afecta la política social necesaria para enfrentar la pandemia, este obedece a los “regalos tributarios de 2019” que hizo el gobierno a algunos sectores empresariales y que la pandemia hizo más visibles. Es decir, que estos huecos en las finanzas públicas son producto de la reforma anterior.  

En esto coincide el senador Wilson Arias, quien comenta que para la mayoría de colombianos esta reforma es “perversa” y solo va a agravar la crisis al poner a la clase media a tapar los errores financieros del Gobierno: “ningún país serio implementa una reforma tributaria en medio de su peor recesión, no es el momento para aumentar impuestos y menos a la clase media. El derecho debe ser primero rescatar a las familias del hambre, promoviendo la creación de empleo, luego sí cobrar impuestos […]. La reforma significa la destrucción de la clase media”. 

Solidaridad sí, pero a qué precio

El mensaje de comunicaciones que acompaña a la reforma se ha enfocado en la solidaridad entre la ciudadanía. Los efectos de la pandemia han golpeado de manera muy dura a los sectores informales y a en general ha profundizado las desigualdades socioeconómicas del país, así que una de las banderas más usadas en este momento por Duque y Carrasquilla es la de los dineros que llegarían a estos sectores de la población. 

El paquete de transferencias monetarias, que es como se les llama a los dineros que se reparten entre poblaciones segmentadas más necesitadas, sería reforzado en medidas como la devolución del IVA. A su vez, el impuesto solidario, que consiste en el pago sobre salarios de más de 10 millones y a las pensiones de más de 4,8 millones, se dice que permitiría reactivar la economía, fomentaría el empleo, el emprendimiento y la formalización laboral. 

Para Salomón Kalmanovitz, de los $10,5 billones que el gobierno intenta recaudar, devolverían del IVA solo $1,5 billones a 4,7 millones de hogares. Sobre el impuesto solidario la Procuraduría General de la Nación anunció que sería inconstitucional. Además, las transferencias monetarias 

En medio de todas las discusiones sobre estas transferencias monetarias por devolución del IVA de aproximadamente seis pagos por 76.000 pesos cada uno, lo que no se discute a nivel del ejecutivo es la tan solicitada renta básica. Esta propuesta ha sido mencionada desde inicios de la pandemia por diferentes sectores sociales que la encuentran como una verdadera alternativa para apoyar a la población en medio de la pandemia. 

¿Qué pasa con los superricos? 

Una duda compartida en cada nueva iniciativa de reforma es, ¿a quién cobrarle más impuestos? Porque impuestos pagamos todos, a través del IVA. 

De acuerdo con Tomás Ramírez, las personas que pagan impuesto de renta son muy pocas, aproximadamente un 7%, lo que sería una base tributaria “excesivamente pequeña” que necesita ampliarse para recaudar lo necesario para la sostenibilidad del Estado, pero la selección de quiénes deben tributar es la clave en este momento. 

La población más rica, el 1% o 2% aparentemente no tendría un tipo de tributación acorde con sus ingresos y patrimonios en esta reforma. Aunque el proyecto le apunta a estratos 4, 5 y 6, por ejemplo con el IVA a los servicios públicos, este no es un grupo homogéneo. Los llamados superricos están muy distantes de la clase media o la clase media baja que recibe los 2.6 millones de pesos de salario que con esta reforma tendría que pagar impuesto de renta. 

Kalmanovitz también explica que los múltiples beneficios que tiene el sistema actual favorecen sin justificación a sectores económicos con capacidad de presión y que “permanecen intocables en la propuesta a pesar de que no hay evaluación de expertos que no proponga eliminarlos o al menos simplificar o disminuir”.

Las medidas de política fiscal dejan dudas en este mismo sentido para Wilson Arias, pues aumentan la base de recaudo, pero evitan gravar a las capas ricas bajo la promesa de que estas son generadoras de empleo y reactivación, al tiempo que se disminuye la inversión pública, priorizando el servicio a la deuda. “La evidencia muestra que su implementación redunda en aumento de la desigualdad, del desempleo y a una mayor concentración de riqueza en los percentiles más altos, es decir, ricos que se vuelven más ricos. Se trata entonces, de agentes económicos con suficiente poder para poner Estados al servicio de sus intereses, el problema es político como bien lo señala Piketty y en Colombia lo tenemos desde antes de la pandemia, el COVID lo develó”, afirma. 

El gobierno contra el gobierno 

La impopularidad de la reforma tributaria es tan grande que también se ha convertido en caballito de batalla para muchos políticos, sobre todo en este momento de época preelectoral. Lo curioso del asunto es que el partido Centro Democrático, partido actualmente en el poder, presentó una reforma a la reforma.  

En una lista con siete puntos, el partido de Gobierno propone varias reformas al documento inicial presentado por Alberto Carrasquilla. Algunos de los puntos propuestos apuntan justamente a aquellas medidas que se identifican más impopulares como no gravar los servicios públicos y no modificar el IVA. 

El congresista Arias interpreta esta postura como oportunista, pues “es otra manera para engañar a la población para mostrarse como salvadores de la situación”. Arias concluye que a esta reforma solo le cabe archivarla y derogar la anterior que colmó de beneficios (como los ingresos no constitutivos de renta para personas jurídicas) que le hacen un hueco fiscal al país y que impiden que haya renta básica para la población más necesitada y un programa público para el empleo y apoyos a la pequeña y mediana empresa.

La propuesta del Centro Democrático se ha movido en las redes sociales de perfiles como el del expresidente Álvaro Uribe que indica su disposición como mediador para encontrar un consenso entre los partidos y pasar la reforma que ayudaría a los más pobres. Todavía no es claro cómo toma el presidente Duque esta oposición de su propio partido en un momento de alta agitación social, impopularidad y previo a un año de elecciones presidenciales. ¿A quién le conviene presentar en este momento presentar esta reforma tributaria?