fbpx
Mauricio Morales

Retomando la guerra en Karabakh

Un fotorreportero colombiano registra con su cámara y escribe en medio de las balas y los cohetes. El conflicto entre Armenia y Azerbaiyán continúa a pesar de la pandemia

Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Por algo más de dos décadas, en los altos de Karabakh se había detenido la guerra en el tiempo. Los casi 30.000 muertos que dejó el conflicto entre Armenia y Azerbaiyán descansaban en silencio. En 1994 se hizo el cese al fuego, pero la paz no había llegado, y eso lo sabían muy bien los habitantes del gobierno de Artsakh, un enclave de mayoría étnica armenia en territorio reconocido internacionalmente como parte de Azerbaiyán; una disputa irresoluta desde que ambos países formaron parte de la Unión de Republicas Socialistas Soviéticas. El 27 de septiembre, en medio de la pandemia que carcome la economía mundial y deja mas de un millón de muertos en todo el planeta, después de 25 años se iniciaba la confrontación más fuerte en el Cáucaso.

MIEDO E INCERTIDUMBRE: Una mujer y una niña en un refugio de Stepanakert. Mauricio Morales

Benik, de 78 años, piensa que la guerra de los 90 es muy diferente a esta: “La anterior era de fusiles e infantería, hoy cae todo del cielo, drones, artillería”. Ha salido de su refugio a fumar cigarrillos y conversar con cuatro amigos más, todos pasando los 65 años, a pocos metros de un smerch [cohete ruso] sin explotar enterrado en el pavimento. “Ganaremos”, dice apretando el puño, la consigna que se lee en los carteles en Ereván, y en los labios de la mayoría de los armenios, aunque las calles de Stepanakert estén vacías, silenciosas, porque muchos han escapado a Armenia huyendo de la guerra.

CASI UNOS NIÑOS: Soldados de Artsakh cerca a la línea del frente. Mauricio Morales

El fantasma del genocidio cala en todo el esfuerzo de guerra armenio y en las mentes y corazones de la gente, de los hijos e hijas, nietas y nietos de la gran diáspora regada por el mundo, los cuales vuelven a su tierra o vienen por primera vez como voluntarios para contribuir en lo que puedan. El apoyo de Turquía, miembro de la OTAN, a Azerbaiyán no hace más que arrastrar el pasado hasta estos días, las guerras irresolutas pueden durar siglos.

FE A PRUEBA DE BALAS: Ceremonia subterránea de la iglesia Armenia. Mauricio Morales

Las tramas geopolíticas y la inacción de nuevo de esa figura etérea conocida como ‘comunidad internacional’, y de otras menos etéreas como la OTAN o la ONU, poco importan en los refugios que se han vuelto hogar para muchas personas, en su mayoría mujeres y hombres mayores, pero también familias con niños. Por ahora no falta la comida, pero sobra el miedo y la incertidumbre de un nuevo mañana, que ya se traía con la pandemia; ahora están confinados en refugios que tiemblan con los bombazos y con un virus tan invisible como los drones que sobrevuelan en las mentes y los cielos de la región.

HAY COMIDA, POR AHORA: Un hombre come su desayuno en el refugio en Stepanakert. Mauricio Morales

Un cese al fuego fue declarado para recoger a los soldados muertos en el frente e intercambiar prisioneros, duró algunas horas, y ni lo uno ni lo otro se logró. En Martuni, una población cercana a la línea de contacto, los civiles, la mayoría mayores, se niegan a abandonar la tierra que consideran suya, y que del otro lado de la línea también sienten como propia. Salen de sus refugios de vez en cuando a ver el sol, a esperar entre las ruinas de su pueblo.

Debajo de la tierra algunas personas asisten a un servicio religioso de la iglesia armenia, alrededor del sacerdote hay comida y mantas para los que buscan refugio. El mensaje es que recen y recen porque ellos ganarán. La iglesia armenia más que un símbolo del país, sirve para unificar el sentir nacionalista armenio en esta guerra. Por el otro lado, Turquía ha traído mercenarios sirios para pelear del lado azerí, esto para sumarle un nuevo componente que puede desparramar los sentimientos en esta zona volátil. Una mujer en un refugio en Stepanakert dice: “Lo siento por las madres de los soldados azeríes, pero ganaremos”. Las mujeres en los refugios tienen a sus hijos, hermanos y esposos peleando en el frente, pero el sentimiento de madre pareciera trascender por un instante esta batalla.

GUERRA Y CUARENTENA: En este refugio se ocultan alrededor de 20 personas entre mujeres, hombres mayores y algunas familias con niños. Mauricio Morales

Cerca de la línea del frente hay soldados jóvenes, niños dirían algunos, una generación completa en pie de lucha y en las trincheras. Ellos sonríen y también dicen: “Ganaremos”, pero sin la sabiduría ni la sombra amarga en el fondo de los ojos de los viejos que conocen realmente la guerra. Más de 600 soldados muertos ha confirmado el autodenominado gobierno de Artsakh; del lado azerí las cifras aún se desconocen, la mayoría de soldados de lado y lado muere en ataques de artillería y de drones. En Martakert, otro poblado cercano a la línea de contacto, los disparos de artillería que salen de Artsakh se confunden de los que salen de Azerbaiyán. Ambos países han golpeado y han sido golpeados con artillería en centros urbanos, mientras las cifras de civiles muertos y desplazados continúan creciendo. En Goris y en Yerevan los hoteles están llenos de familias que han huido de los ataques.

LA ESPERA Y LA ESPERANZA: Dos hombres en el refugio de Martuni. Mauricio Morales

Las vías curvas de las montañas de los altos de Kabarakh, con el paisaje de bosques de arboles de algunas hojas verdes y otras que van perdiendo su color, se van llenando de camiones con soldados y pertrechos que van al frente. La tercera guerra, o la misma guerra, como se quiera que se mire, ya está dejando su estela de odio y dolor de lado y lado de la línea de contacto, como hace 25 años. Y como hace un cuarto de siglo, después de que fuerzas Azeries tomaran la ciudad de Shushi a tan solo 20 km de Stepanakert, se llegó a un acuerdo, al parecer definitivo entre Armenios y Azeries para finalizar, por ahora, el conflicto. 2,000 soldados rusos servirán de fuerza de paz en la línea de contacto, hasta la próxima batalla de esta guerra irresoluta.