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Seis ideas para un mundo sin policía

Mientras la brutalidad policial crece, buscamos alternativas viables para el sistema moderno de las autoridades
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Un manifestante alza las manos frente a una línea de motociclistas de la Policía de Nueva York.

TIMOTHY A. CLARY/AFP/Getty Images

Nota del editor: Esta historia fue originalmente publicada el 16 de diciembre de 2014, después de la muerte de Michael Brown y Eric Garner, dos afroamericanos que fueron asesinados por la policía. Tras el homicidio de George Floyd y las protestas que nacieron en su honor, les compartimos nuestra mirada de cómo acabar con el racismo sistemático en Estados Unidos. 

Después de varios meses de protestas por los asesinatos de Michael Brown y Eric Garner, la policía ha solicitado varias demandas para sus departamentos. El típico debate alrededor del tema siempre empieza con un “Sabemos que necesitamos a la policía, pero…”, un refrán conocido para quienes hemos sufrido la violencia y la brutalidad policial en las calles y los barrios, solo para ser confrontados por esos mismos y que nos digan: “¿Quién los ayudará cuando los roben?”. Podemos llevar a un hombre a la Luna, pero nos falta creatividad aquí, en la Tierra. 

La policía no es un elemento permanente en la sociedad. Aunque han existido de una forma u otra por siglos, la policía moderna sienta sus bases en una perspectiva de hace más de 200 años, sobre la relación de las propiedades con la pobreza. Como toda estructura que conocemos, parece que no podremos escapar del paradigma de la vigilancia policial, y es lo único que nos puede salvar de vivir en un escenario distópico. Pero no lo es, en realidad. Por eso, les contamos seis alternativas viables que el sistema moderno puede practicar y adaptar a sus políticas. 

Equipos desarmados de intervención y mediación

Personas desarmadas, pero entrenadas, patrullando los barrios para frenar la violencia desde las mismas bases. Esto es real y existe en ciudades desde Detroit hasta Los Ángeles. Dejen de creer que los policías son héroes, porque son los únicos dispuestos a meterse en la mitad de un tiroteo. También hay ejemplos feministas que organizan patrullas con mujeres de la zona, que reducen la violencia en lugares como Brooklyn. Mientras las fuerzas policiales se benefician de tener armas y equipamiento de carácter militar, algunos de los barrios más violentos han encontrado la solución a través de la paz en lugar de la guerra. 

La descriminalización de casi todo crimen sin violencia

Lo que es considerado criminal es algo que solo se debate en seminarios de criminología, y rara vez son transmitidos. Los delitos violentos son apenas una fracción de los 14 millones de arrestos al año, y todavía no hay una discusión real sobre qué constituye que algo sea un crimen y qué le permite a una sociedad encerrar a una persona en una cárcel. La descriminalización no funciona por su propia cuenta: el tráfico de cannabis que solía emplear a negros, latinos, indígenas y personas pobres para su distribución ahora está monopolizado por terratenientes. Eso significa que la descriminalización a gran escala debe sobrellevarse con programas económicos y proyectos para la comunidad. El periodista investigativo Christian Parenti señala en su libro Lockdown America que cada vez necesitamos “menos” reformas de justicia criminal. 

Justicia restaurativa

También conocida como justicia transformativa, estos modelos representan una alternativa para las cortes y las cárceles. Desde algunas ciudades como Filadelfia hasta las guerrillas sudafricanas IRA y Anti-Apartheid, han creado espacios donde la responsabilidad recae en toda la comunidad, que trabaja junto al supuesto criminal y la victima para restaurar y transformar en el proceso a cada uno de los involucrados. Ha sido un modelo ininterrumpido en las comunidades afrodescendientes como en San Basilio de Palenque en Colombia por siglos, y se ha mantenido como una de las opciones más efectivas contra el sistema carcelario.

Democracia dentro de las comunidades

Reducir el crimen no se traduce al control social absoluto. No se trata de policías y tampoco de crear otra institución cruel y desalmada. Se trata de darles a las personas un sentido de propósitos y finalidades. Las comunidades que cuentan con herramientas para mejorar entre sí sobre los problemas y las disputas que ocurren no tienen que considerar qué hacer ante los comportamientos antisociales expuestos en primer lugar. Deben buscar una política cultural más sana donde las personas se sientan más involucradas para fortalecer los vínculos y contrarrestar la violencia. 

Patrullas comunitarias

Este es un comodín. Las patrullas comunitarias pueden tener matices raciales y peligrosos, desde el Ku Klux Klan hasta George Zimmerman como ejemplos. Pero también pueden ser una opción para reemplazar la policía por miembros de la comunidad que se han visto afectados por la brutalidad policial. En México, un país donde se registra un nivel de corrupción altísimo en la policía, ha habido grupos armados como la Policía Comunitaria y las Autodefensas organizadas por residentes locales para defenderse de los narcotraficantes, los feminicidios y la policía. Obviamente podrían convertirse en la mismísima policía y provocar los mismos abusos, pero es una solución temporal que puede tener un impacto real. 

Trato y cuidado de la salud mental 

En 2012, el alcalde Rahm Emanuel cerró las últimas clínicas de trauma en algunos de los barrios más violentos de Chicago. En Rikers Island, en Nueva York, encierran la misma cantidad de gente con enfermedades mentales que “los 24 hospitales psiquiátricos de Nueva York combinados”, que equivale al 40 % de la gente en Rikers. Hemos creado una vasta cantidad de enfermedades mentales y nos hemos negado a tratarnos el uno al otro para curar esas heridas físicas y psicológicas. Transformar el sistema para prevenir, apoyar y cuidar a quienes lo sufren podría tener un impacto gigantesco en esas personas, y es una manera de prevenir que terminen esposados o muertos en las calles.