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Somos jóvenes y estamos juntos

Este grupo de muchachas y muchachos no son personas entrenadas en la guerra, pero son quienes resisten al frente de la movilización y la están defendiendo con menos recursos que la policía y el ESMAD
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"Juntos, como uno, como hermanos, juntos, somos lo mismo", Don Palabra.

Fernanda Patiño (@candenina)

Los jóvenes en su mayoría, son hoy el estandarte de la resistencia frente a la acción desmedida de la policía. Sin banderas políticas, solo con guantes, cascos, y escudos improvisados que rezan algún símbolo de su barrio. Estos jóvenes entre mujeres y hombres que no superan los 25 años, están en lo que se denomina desde el año 2019, como la primera línea. Este grupo de muchachas y muchachos no son personas entrenadas en la guerra, pero son quienes resisten al frente de la movilización y la están defendiendo con menos recursos que la policía y el ESMAD. 

Un joven encapuchado con una raída camisa que oculta su rostro, sostiene como escudo una señal de tránsito marcada con aerosol la letra A; otro joven de primera línea tiene en su escudo las letras DC. Ambos llevan probablemente tatuados sus dos equipos, El América y el Deportivo Cali. Dos rivales en las gestas deportivas, hoy han decidido que habrá tregua entre ellos. Pintaron sus escudos en la calle, uno al lado del otro. Al preguntarles por sus vidas, edades, y necesidades, en medio de jergas propias del barrio que visito, trato de entender muchos de los símbolos que me son ajenos en medio de las improvisadas barricadas que cierran el paso a lo largo de la glorieta del barrio. 

Entre el humo y la música que viene de la panadería, intentamos conversar con los jóvenes de primera línea. “Yo no quiero solo representar mi origen, quiero que este barrio recuerde que estamos acá defendiéndolo, nosotros a los que siempre nos tildan de vagos”, dice. Son jóvenes con tanta energía, que un profesor de la zona me dijo, tienen que quemarla en algo, antes era el fútbol, hoy es aquí al pie del cañón. Un joven delgado arrastra una caja con víveres donados por los vecinos, agua con bicarbonato, pan y gaseosa, le ofreció a una de sus colegas y esta le respondió con una negativa, al preguntarle por qué no quería comer, la chica me respondió señalándome su panza, “en estos días de paro he comido más que en el último año”.

Después de 13 días de manifestaciones en diferentes puntos de la ciudad, seguimos viendo a estos jóvenes apostándole, desde su acción colectiva, a creer en un cambio, ya sea desde una lucha por mejorías en la educación, la salud y el empleo digno. Hablando con ellos, encontramos diferentes formas de pensar y un profundo propósito donde se sienten útiles para la sociedad. 

Óscar Hembert Moreno Leyva

La primera línea es entonces, un espacio de reconocimiento donde se han visibilizado, desde el variopinto ramillete de personas que lo componen, un contexto social aún más profundo. Un espacio donde estos jóvenes, quienes no habían tenido oportunidad de ser escuchados, hoy tienen una participación política con su entorno social. Jóvenes que procuran trabajo y así trabajar en pro de su comunidad. Jóvenes a los cuales la violencia ha sido el único camino para una autoafirmación, violencia que se puede transformar o no en destrucción. 

Es importante aclarar varios puntos que han suscitado discusiones a lo largo de la semana. Primero este ha sido un movimiento orgánico que surge desde la iniciativa propia y contingente de cada una de las personas que han resistido a su modo los 13 días de movilizaciones. No se puede señalar infiltraciones de grupos armados ilegales o del narcotráfico, ya que muchos aquí son desempleados, gente con trabajos precarios, obreros y estudiantes endeudados. 

Como señaló Eduardo Álvarez Vanegas, investigador en temas de conflicto armado, para el portal de noticias Verdad Abierta, los planteamientos del ministro, del fiscal y del presidente, de las supuestas infiltraciones de grupos al margen de la ley, son “el caballito de batalla de siempre, que reduce las causas estructurales de lo que se está discutiendo, pues no sólo es la reforma tributaria sino temas gruesos y fundamentales del país. Entra en ese discurso maniqueo de desconocer las causas de la marcha social, atribuyéndolas a una sola, que son grupos armados ilegales, crimen organizado y bandas de narcotraficantes”.

En cada uno de los puntos de concentración, vemos no solo a los jóvenes de los mismos sectores populares, jóvenes que no tienen cobertura médica, ni pensiones, ni servicios básicos. A estos barrios ha llegado gente que probablemente nunca habían antes visitado estas comunidades, percibiendo otras condiciones. Condiciones silenciadas y olvidadas por la ciudad, por la administración local y por la academia. 


Nosotras pedimos que se acabe la narrativa de la sangre del guerrero y ese heroísmo de la batalla y comencemos a celebrar el heroísmo de construir tejido, memoria, cuidados, crítica social y procesos de paz como aporte a la revolución social.


En estas discusiones, que ya empezaron a darse y que deben estar en la mesa de diálogo, es el rol de la mujer en las manifestaciones. El sábado lo vimos con la gran marcha de mujeres por todo el país. Para la historiadora y socióloga feminista Girlandrey Sandoval en su análisis de estos días nos comenta lo siguiente: “Hoy el estado es el gran patriarca, el gran hacendado, por ello necesitamos una movilización social y organización de base. En este momento se debe destacar dos cosas, la primera, en el paro nacional conviven distintos sujetos sociales de gran relevancia para el sostenimiento radical de la vida y del movimiento como son las mujeres y lo segundo, que en estos 10 días se ha puesto en jaque el proyecto paramilitar en Colombia. Los relatos que surgen de cada una de las manifestaciones sociales, tanto individuales como colectivas, se deben a procesos históricos que no se pueden olvidar. También debemos ver las tareas pendientes, entre ellas, reconocer el vínculo de las mujeres y de las feministas en el papel político que han demostrado en todas las manifestaciones. Debemos crear espacios asamblearios para saber la opinión de quienes están en la primera línea, de quienes están en las ollas comunitarias, a quienes ojalá podamos escuchar y así tener los relatos comunes con los diferentes sectores políticos. Crear diversos espacios organizativos o gobernanzas alternativas de manera amplia para que esto no quede en una mera coyuntura, como sucedió en el 2019, y así llegar a ocupar el Estado. Nuestra imaginación política debe ir al servicio de pensar los métodos que innoven políticamente, buscando salidas, algunas autogestionadas, que incidan en los diferentes dispositivos de poder criminal que hoy vemos encabezados con el gobierno actual”. 

Óscar Hembert Moreno Leyva

La historiadora, socióloga y directora de la Escuela de Estudios Feministas Cali – Esfemica, Melissa Rojas, comenta “las Mujeres estamos en 1ra, 2da y 3ra línea, estamos en los comités de suministros médicos, en los de comunicación y DDHH pero no se nos nombra y somos una fuerza social importante. Quiero hacer un llamado legítimo a posicionar nuestras agendas feministas como mujeres que habitamos y pensamos el país como estudiantes, indígenas, negras/afrodescendientes, campesinas, mestizas, trabajadoras, lideresas comunitarias, madres jefas de hogar, comerciantes, académicas, ciudadanas, jóvenes, mayoras, profesionales, docentes, activistas, etc. Buscar oportunidades para nuestros derechos y garantías con perspectiva feminista o enfoque diferencial / enfoque de género, si se quiere ver de esa manera. Las voluntarias y los voluntarios de la salud, las y los reporteros de medios de comunicación alternativos, y las y los artistas de distintas disciplinas han estado presentes desde el comienzo de las manifestaciones, constituyéndose así un espacio de protesta social diverso, plural y masivo. Nosotras pedimos que se acabe la narrativa de la sangre del guerrero y ese heroísmo de la batalla y comencemos a celebrar el heroísmo de construir tejido, memoria, cuidados, crítica social y procesos de paz como aporte a la revolución social. Todas aquí estamos luchando desde donde sabemos y podemos, así como exigimos la caída del uribismo y de Duque, también exigimos el fin de la cultura de la violación a la que todos nos han sometido”.

En estas dos semanas han suscitado variedad de situaciones que nos convocan diferentes reflexiones. La primera son las cifras que ha presentado diferentes organizaciones de derechos humanos como Temblores ONG, donde las consecuencias no son nada alentadoras en comparación con lo sucedido en Chile. Más de 1700 casos de violencia policial, más de 800 detenciones arbitrarias, casi 30 víctimas perdieron un ojo, más de 100 casos de disparos con arma de fuego contra los manifestantes, y más de 10 víctimas de violencia sexual por parte de miembros del Estado. Hay 90 desaparecidos solo en Cali, y los muertos se van sumando día a día. Muertes que el Estado no quiere reconocer ya que van superando las decenas. 

Óscar Hembert Moreno Leyva

Pensando en la equivalencia de las violencias y nuestro papel frente a la misma. ¿Quién determina el valor de una vida humana?; un policía o militar, un manifestante o una persona común. La filósofa alemana Hannah Arendt, tiene un libro muy actual llamado Eichmann en Jerusalén, donde develó el papel del ser humano común que banaliza el mal, donde algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen sin reflexionar sobre sus actos, ser buenos burócratas. Convocadas el domingo en Cali cientos de personas a marchar pacíficamente desde sectores jóvenes como los deportistas. Ese día se vio opacada la jornada de marchas con el ataque de civiles contra los indígenas. En redes hay videos donde vemos civiles fuertemente armados desde camionetas disparando. ¿Qué ganaban con auto promocionar su violencia a través de Instagram o Facebook? 

Como decía el poeta uruguayo Mario Benedetti, ¿Qué les queda por probar a los jóvenes en este mundo de paciencia y asco? no dejar que les maten el amor, recuperar el habla y la utopía, situarse en una historia que es la suya y sobre todo les queda hacer futuro. Estos últimos años hemos visto una generación vigorosa, y propositiva de cambios, son jóvenes con peticiones urgentes. Las y los jóvenes de esta generación que parecía de cristal terminaron siendo de acero.