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¿Tapabocas para la crítica musical?

Muchas personas cuestionan a la prensa musical porque parece ser blanda con la industria, pero cuando se critica un disco llega la indignación y la amenaza
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Hace un par de días ROLLING STONE publicó una reseña sobre Colores, el más reciente álbum de J Balvin, cada cual podrá leerla y sacar sus conclusiones, podrá estar a favor o en contra de lo que el autor del texto opina sobre el disco. Hay quienes se han indignado porque la revista habla sobre un disco de reguetón, sin tener en cuenta que ROLLING STONE no es “una revista de rock”, es una publicación dedicada a la cultura popular, y por eso ha tenido en sus páginas a políticos, deportistas, cantantes, actrices, escritores, y personajes destacados en muchas otras disciplinas.

Ha habido molestias porque la reseña es muy dura con la nueva producción de Balvin, y él como artista sabrá entender que su trabajo está sujeto a críticas de todo tipo, siempre y cuando estas no atenten contra su dignidad personal. La fama tiene muchas aristas, y si has trabajado tanto por ella, debes hacerte cargo de sus implicaciones. No todo pueden ser aplausos.

En ROLLING STONE evitamos a toda costa criticar el trabajo de artistas emergentes que se encuentran en proceso de búsqueda creativa y construcción de públicos. Lo dijo alguna vez el gran David Fricke: “Destrozar a una banda nueva puede ser tan fácil como pescar en un balde”. En este caso es muy distinto. J Balvin es un artista supremamente exitoso, uno de los más grandes de la actualidad a nivel global, y por eso no se verá afectado en lo más mínimo por la opinión de alguien que no disfrutó con sus nuevas canciones. Detrás de sus lanzamientos hay una gran maquinaria que garantizará su éxito, aunque miles de personas hayan estado de acuerdo con la reseña. De cualquier modo, habrá millones bailando estos temas, llenándolos de likes y reproduciéndolos hasta el cansancio. Hasta ahí todo está bien.

Lo que no podemos aceptar, ni en chiste, es que un personaje se ampare en el anonimato de las redes para lanzar una amenaza al periodista que criticó el disco. En un país como Colombia, donde todos los días matan a alguien por su pensamiento político, por su celular o por trescientos pesos, esto no puede seguir pasando. Una amenaza de muerte no es ningún chiste.

En los últimos años hemos visto montones de casos de censura en Colombia, y hemos salido a la calle por eso. Nos hemos indignado porque ya solo quedan unos pocos medios libres e independientes, pero bien valdría la pena preguntarnos si de verdad queremos medios libres. Tal vez queremos medios que repliquen y refuercen las opiniones que ya tenemos, medios que no nos desafíen intelectualmente, que nos aplaudan y aplaudan a nuestros ídolos. Queremos un gran comité de aplausos, una sociedad del mutuo elogio. Gústenos o no, eso hace parte de la naturaleza humana. Se llama ‘Sesgo de Confirmación’, y la ciencia ya lo ha estudiado bastante. En los 60 Peter C. Wason realizó una serie de experimentos que demostraron la forma en que hacemos todo lo posible por confirmar nuestras creencias preconcebidas. Nos enfocamos especialmente en lo que valida nuestras ideas y descartamos aquello que las contradice. Ese sesgo, junto a muchos otros, se ha hecho más evidente que nunca gracias a las burbujas que hemos construido en nuestras redes sociales. Si nos gusta la salsa la daremos like a cualquier publicación que alabe este género, y rechazaremos todo aquello que vaya en su contra. Así de básicos somos.

Aunque nos enorgullece pensar que nuestras opiniones están muy bien fundamentadas, que son muy lógicas y objetivas, la verdad es que solo son el reflejo de la forma en que buscamos información que defienda lo que pensamos. Eso aplica para un periodista que reseña un disco, para un artista indignado, o para un cobarde que lanza amenazas desde Twitter. Sobra decir que también aplica para quien escribe esta opinión.

Esos sesgos cognitivos hacen parte de la naturaleza de nuestra especie, pero, ¿qué podemos decir de la costumbre que tienen algunos de lanzar amenazas de muerte como si fueran claveles al viento? Creo que esos personajes solo reflejan la naturaleza de una nación salvaje y violenta. Un país en el que se evita criticar a las élites por miedo, por lagartería y porque ellos sí tienen plata y yo no. Porque si criticamos a algún privilegiado, se nos acusará de envidiosos, como si el dinero, el poder y la fama fueran aspiraciones únicas y universales. Es la cultura que heredamos del narcotráfico, una mentalidad que seguimos alimentando cuando medimos la inteligencia y el talento a partir de la plata, del reconocimiento y de las influencias e ínfulas. Y al que no le guste, que avise para regalarle “par huecos en el pecho” (sic).

El responsable de semejante amenaza es seguramente un cobarde más que se esconde detrás de una pantalla. Un pusilánime incapaz de cualquier cosa. Él es lo de menos.

Ya veremos si el público y la industria musical se indignan por igual cuando se critica a un artista y cuando un periodista es amenazado, aunque sea en broma. Un disco es apenas una colección de canciones que pueden marcar tu vida eternamente o que pueden olvidarse para siempre pocas horas después. No es una cuestión de vida o muerte, y quien escribió la reseña está en todo su derecho a opinar. Nunca amenazó a nadie, es una persona decente, alguien que solo ejerció su derecho a decir con argumentos por qué un disco no le gustó.