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Un libro para astronautas

Álvaro González Villamarín ha publicado un libro que lo sumerge en dos de sus grandes pasiones: la música y la literatura. En esta entrevista explica lo que dio origen a Canciones para astronautas, que podría ser el comienzo de una trilogía
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Liliana Toro

Todo el mundo lo conoce como “El profe”, y se ha ganado un lugar entre los personajes más queridos de la radio colombiana. Tal vez quienes lo siguen en las redes sociales hayan sido testigos de su afición por los viajes y los libros; justamente estos fueron –en gran medida– los puntos de partida para un proyecto que abre nuevos caminos ante alguien que se ha convertido en un referente importantísimo para la cultura colombiana desde su trabajo en los medios públicos.

Seguramente muchos lo conocimos con ‘La clase de español’, y ahora tenemos la oportunidad de seguir aprendiendo lanzándonos al espacio que se extiende en sus Canciones para astronautas.

¿Cómo surgió la idea del libro?

Yo estaba diseñando un libro sobre crónicas de viajes alrededor de diferentes festivales en el mundo; alrededor de lo que significaba en ese momento el festival, en el momento histórico más allá de la música, pero en algún momento de ese diseño me encontré con Dietario voluble de Enrique Vila-Matas, y en el prólogo de este cuento aparece una historia en la que el escritor está esperando un correo, un paquete. Llega el mensajero cuando Vila-Matas está escuchando la canción Be my Baby de The Ronettes, y Vila-Matas siente que la persona llega y no timbra en el apartamento de él, sino que sencillamente siente que se desploma psicológica y moralmente, dice: “¿Qué historia tendrá esa persona con esa canción de The Ronettes para que se desplome así?”.

A partir de ello entendí que las canciones son bandas sonoras de la vida. Ya había leído también 31 canciones de Nick Hornby, pero la extensión de las historias de Hornby no me conectó. Entonces dije: “Podemos crear una especie de listado musical que tenga el significado de una banda sonora para quien lo vaya a leer y que no sea ni la historia de la canción, ni el análisis de la misma, sino que sea sencillamente la sensación que pueda generar un tema en un fragmento de vida”. Ahí nace Canciones para astronautas, un viaje cósmico alrededor de los sonidos.

Ilustraciones de @tavogaravato

En términos literarios el libro es de alguna forma lo que Kevin Johansen define como ‘desgenerado’, ¿cómo fue el enfoque en la forma de los textos?

Sí, yo creo que es un libro “desgenerado”, como lo afirma Kevin Johansen; en esa búsqueda de textos cortos comenzó la necesidad de crearlos desde el cuento, el relato, la poesía, el ensayo, la ciencia ficción; a pesar de tener historias de una sola página, hay historias dedicadas exclusivamente a la ciencia ficción. En ciertos puntos hay toques autobiográficos, y hay humor en dos o tres de las historias. Entonces yo creo que sí, que afortunadamente es indefinible, está lleno no solamente de aproximaciones literarias sino también de géneros musicales. Está el metal de Ghost, de Gojira, de Megadeth, pasando por el rap, hay mucho rap, llegando también al post rock, al punk, a la música colombiana, a la experimental… Creo que es “desgenerado” afortunadamente en ese sentido, como se abordó literariamente sin ser yo un experto en literatura, tuvo ese instinto –como la música– de ser completamente amplio, y ojalá indefinible.

¿Cuál fue el criterio con el que escogió las canciones?

En un principio fueron escogidas como aquellas canciones que en algún momento significaron algo en mi vida y comenzaron a inspirar los textos; ese primer ejercicio al que uno puede llamar la inspiración en estado puro. Entonces las primeras canciones eran temas que en algún momento me habían mordido el alma o el corazón, pero como todo proceso en la vida en algún momento fue primero el texto, y el texto comenzaba a generar la necesidad de alguna canción en particular. Creo que el criterio en un principio fue completamente pasional, visceral, desde la creación de un texto a partir de una canción. Posteriormente, cuando hubo una disciplina de escritura, el texto era el que lograba atraer las canciones.

¿Cuál fue el primer texto que escribió? ¿Y el último?

Este libro tiene la fortuna de contar con un editor soñado, que en mi caso fue Andrés Grillo, un ídolo.  Yo envié el libro de los 100 relatos en el orden en el que fueron escritos, entonces el primero era el dedicado a Foals, este cuento que se llama ‘Sobre el lenguaje de los perros’, que tiene la canción Late Night de Foals, y el último fue que le dediqué Aldea, la banda con la que toqué durante algunos años, es ‘La historia del Doctor Insomnio y la soledad’. Yo sí tenía claro que el último relato iba a ser el de Aldea porque hace 20 años publicamos el disco de Ángeles y Sombras, y quería rendirle un homenaje a esa faceta de mi vida a la que le debo mucha inspiración. Yo siento que cuando toqué con Aldea definitivamente entendí mejor la música, pero entendí mejor lo humano. Entonces el orden del libro, del uno al 100, es tal como fueron construidos los relatos.

Como usted mencionaba, en el libro aparece un espectro muy amplio de artistas, desde Megadeth hasta Natalia Lafourcade, ¿había una intención específica en eso, o es simplemente un reflejo de sus gustos musicales?

Yo creo que es gusto musical porque cada una de las canciones ha significado algo en mi vida. Así la canción haya inspirado el texto o viceversa, cada uno de los 100 temas ha significado algo para mí, ya sea porque la canción fue banda sonora de algún momento o porque me acompañó viajando.

Hay además un aspecto muy interesante: tuve una década en la que me moví mucho por el mundo, y muchas de estas canciones acompañaron la soledad de esos viajes, ese fue un ejercicio muy bello.

También están las canciones que significaron algo en mi vida como profesional, como radialista. Es evidente que el trabajo que tengo como realizador de radio ha sido de constante aprendizaje, y muchas de esas canciones llegaron para robarme el corazón y robarme el alma. Entonces sí, cada canción demuestra el eclecticismo de quien escribió el libro, y me siento muy contento porque el libro, en su técnica de escritura, en su concepto y su variedad de historias, sea algo realmente ecléctico, un espejo de estos tiempos donde afortunadamente existen menos purismos.

¿Cuánto tiempo le tomó el proceso de creación y escritura?

El libro se comenzó a escribir en el 2015, tuvo un proceso de escritura de 2015 a 2019 muy interrumpido en diferentes situaciones. La primera etapa, la de los cuentos completamente inspirados, fue de 2015 a 2016.

Sobre el 2017, gracias a una conversación hermosa con Mario Mendoza -uno de los responsables de que yo haya hecho el libro- comencé a tener cierta disciplina pero se veía interrumpida por mi trabajo, que requiere muchas horas de oficina, soy un esclavo contemporáneo en ese aspecto. Hay algo muy bello sobre ese punto: si bien el libro se demoró cuatro años en ser construido, si uno sumara el tiempo en el que me senté juicioso a escribirlo, se podría decir que fue un proceso de tres meses distribuidos durante cuatro años.

Además de las canciones de Aldea y los libretos para radio, ¿qué otra cosas había escrito antes?

Yo creo que mi vida alrededor de la escritura está en las letras de las canciones que tuve la fortuna de escribir con Aldea y en las innumerables radionovelas que hemos hecho en la emisora… Sí estoy escribiendo otras canciones y alguna serie de textos, pero básicamente se ha centrado en lo que escribí con Aldea y esta ópera prima.

Ilustraciones de @tavogaravato

¿Abre esto la puerta a nuevos libros escritos por usted?

Sí. Quiero hacer ‘La trilogía de los astronautas’. Esta trilogía contiene el libro de crónicas que ya mencioné, estaba diseñado para ser el primero en publicarse, pero los relatos se ganaron ese espacio. Y estoy trabajando en el concepto de una novela, que sería más bien breve, no tan extensa. Paradójicamente lo que me ha traído este libro es la necesidad de componer otro disco, estoy trabajando en la creación de un disco que se publicará digitalmente, pero el apetito creativo se abrió hacia el lado de la música, es algo que me ha llamado mucho la atención.

¿Qué tan importantes han sido los libros en su formación humana y profesional? ¿Cuántos libros puede llegar a leer en un año?

Los libros para mí son una herencia de mi padre, a quien yo veía todo el tiempo con un libro bajo el brazo. La literatura ha sido quizá uno de los puntos más importantes en mi vida.

Aquí pasó algo muy especial y es que alguien que lee mucho suele ser un escritor muy inseguro, y sí; yo por lo general trato de leer en promedio tres o cuatro libros mensuales, y termino al año entre 36 y 40 libros.

Desde hace unos tres años en particular, el 80% han sido autoras; he estado en esa búsqueda de la narrativa creada por mujeres. Ha sido impresionante y esta inmersión ha sido uno de los regalos más bonitos que me ha dado la literatura en estos últimos tres años. Es más, en el libro hay homenajes a Yoko Ogawa y a Hiromi Kawakami, como dos autoras fundamentales en mi formación como persona.

¿Cuáles son sus autores favoritos y por qué?

Yo creo que hoy son más autoras, y tengo una lista muy grande. Yoko Ogawa, Hiromi Kawakami, hace poco tuve la fortuna de leer a Olga Tokarczuk, la Premio Nobel, que me parece increíble, Sally Rooney, entre otra serie de autoras. También como creador me encanta Santi Balmes, el cantante de Love of Lesbian, y su libro El hambre invisible me ayudó mucho a hacer el relato de Love of Lesbian, que era uno de los que más ganas tenía de hacer, y el que me generaba más nervios.

Estaba claro que los relatos de Cerati, Love of Lesbian, Caifanes y Vetusta Morla iban a ser definitivos. Hay alguien también muy particular, un director de cine llamado Harold Trompetero, que sacó un libro precioso con cuentos alrededor del domingo, y aunque Harlod no lo crea, fue inspiración también. Está claro que en el caso colombiano, Mario Mendoza es un autor del alma, como Ricardo Silva Romero. Digamos que continúo en esa búsqueda de autores, pero sobretodo autoras, un ejercicio súper interesante que me ha llenado y me ha hecho crecer como autor y como persona.