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10 películas colombianas

Una década marcada por el conflicto
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MAX Y HUGO PASALAGUA; ANDRES BARRIENTOS; CORTESÍA PRENSA BLACK VELVET LABORATORIOS

Entre el miedo y la esperanza

La producción cinematográfica colombiana vive un momento de efervescencia; se han estrenado más de 300 películas colombianas desde 2010 y algunas han alcanzado logros del más alto nivel y una calidad artística muy importante. Hemos seleccionado en orden cronológico diez que consideramos fundamentales. Este grupo de cintas destacadas le habla a nuestro tiempo, ellas son un espejo en el que podemos reconocer la ternura y la monstruosidad de un país que, a pesar de firmar acuerdos de paz y celebrar algún golazo en un Mundial, no deja de ser desigual, enfermo y convulsionado.

El páramo

Jaime Osorio Márquez

2011

Empezando la década, Jaime Osorio encierra a nueve soldados en una base militar de alta montaña, allí la presencia siniestra de una mujer acusada de brujería se convierte en la excusa para plantear un juego psicológico que a su manera evoca los miedos más profundos. En la época de la seguridad democrática, Osorio logró una película que emocionaba a las audiencias mientras hablaba desde otro nivel sobre la realidad de un país capturado por el embrujo autoritario y la ilusión de lograr cambios importantes a través del ejercicio de la violencia del Estado.

La sirga

William Vega 

2012

La laguna de la Cocha fue el escenario en que el director William Vega situó un relato íntimo sobre la capacidad para reconstruirse. Su mirada se detuvo en una mujer que huía en medio de la niebla; en la medida que la película avanza, hace un uso exquisito del lenguaje cinematográfico para sugerir y gritar al mismo tiempo que esta huida tiene orígenes políticos y que es un interminable camino en el que una mujer humilde debe confrontar cíclicamente, el miedo, el machismo y la esperanza.

Rodri

Franco Lolli 

2012

Este cortometraje es maravilloso. Tiene un tipo de humor gentil y muy propio, pero también presenta un acercamiento descarnado al universo familiar. Nos trae la historia de Rodri, un hombre de 47 años que lleva ocho sin trabajar, y a quien su familia le consigue un puesto como digitador. Rodri está listo para empezar pero se da cuenta de que no es eso lo que quiere. Al final se reúne con su familia y celebran su cumpleaños. No pasa mucho, pero esta pequeña odisea es determinante en el curso del cine que vino: tras su éxito en Cannes, las miradas se dirigieron a una generación de creadores.

Leidi

Simón Mesa Soto 

2014

El más alto reconocimiento recibido por una película hecha en Colombia es probablemente la Palma de Oro al Mejor Cortometraje, recibido por Leidi en la edición 67 del Festival de Cannes. Otro viaje corto en el que es más lo que no se dice; su historia recoge los pasos de una joven habitante de las comunas de Medellín que sospecha que su novio le es infiel.

El abrazo de la serpiente

Ciro Guerra

2015

En su momento la vimos sentados en una silla Rimax, en una oficina de Chapinero Bajo. Era una apuesta que se había abierto un espacio para participar del Festival de Cine de Cannes y pudimos intuir que algo bueno le pasaría. Tal vez en esa época se daba el ser modesto ante las expectativas, pero también se sentía que el empuje de esa nueva generación de creadores cinematográficos se estaba convirtiendo en acumulación de conocimiento y oficio. El abrazo de la serpiente se ha inscrito en  la historia como un retrato descarnado que indaga en los orígenes de nuestra violencia, de nuestros complejos raciales, pero también abre la puerta a la imponencia de la selva y a su legado de sabiduría. Llegó a representar a Colombia en los premios Óscar.

La tierra y la sombra 

Cesar Acevedo

2015

Cesar Acevedo luchó una vida con una película que en cierta manera hablaba de su propia historia. Inspirada en el abandono de su padre, La tierra y la sombra sucede en medio de los complejos industriales de explotación de caña de azúcar. En ese paisaje estático que parece devorarlo todo, hay un hombre joven que agoniza, su padre regresa para cuidarlo y acompañarlo en sus últimos días. Acevedo se llevó la Cámara de Oro en Cannes y pudo celebrar junto a su padre el haber hecho una película en la que el dolor y la memoria atizan el fuego de la belleza. 

Todo comenzó por el fin

Luis Ospina

2016

Recientemente el fin le llegó a don Luis; antes de morirse, el patriarca del cine hizo esta cinta documental que recorre los pasos de él y sus amigos, haciendo cine en Cali en los 70. Esta película hace uso de la aguda mente de Ospina, quien convierte los juegos de palabras, la realidad, el archivo y la memoria cinéfila en un entramado sobre el cual reposa otro relato, el de la despedida, el de la angustia y la tranquilidad de morirse.

Noche herida

Nicolás Rincón Guille

2017

Una de las películas más interesantes de la reciente cinematografía nacional ocurre en un pequeño espacio; Noche herida casi no abandona la sala de una vivienda humilde en las montañas de Bogotá donde una verraca heroína lucha por mantener a sus hijos en buenos pasos. Su director no solo hace proezas con paciencia y una cámara, también tiende un puente que nos permite acercarnos a esa nación desplazada a la que aún hoy evitamos ver a los ojos.

Matar a Jesús

Laura Mora

2018

En un momento en el que la cinematografía local dejaba de mirar hacia el conflicto, con la ilusión de que este se extinguía, surgió esta película que pareciera buscar a la fuerza la esperanza. En ella Laura Mora acude también a su memoria y convierte el asesinato de su padre en el punto de partida de una ficción que muestra a una joven mientras logra acercarse a la vida del sicario. Con su mirada distendida, Laura se puso a la cabeza de una generación de talentosas directoras y operadoras cinematográficas haciendo sentir una voz que crece cada día.

Monos

Alejandro Landes

2019

Si la década empezaba a balazos con El páramo advirtiéndonos sobre el peligro del autoritarismo, en Monos cambiamos de bando; el relato le pertenece a un escuadrón irregular, y aunque no prima lo narrado, por encima de las atmósferas elaboradas de manera fotográfica, auditiva y efectista -y una alusión vaga al poder y la guerra-, queda en el aire cierto tufillo de añoranza por la confrontación.

Si El páramo iniciaba en un helicóptero que transporta a los soldados hacia las líneas de combate, Monos se presenta como la resolución, el rescate de la locura de la rebeldía, un salvador alado que reinstaura el orden ante la insubordinación de un grupo de mocosos que empuñaron armas por razones desconocidas, o convenientemente “desconocibles”.