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5 Sangres: heroica carne de cañón

La nueva película de Spike Lee es oportuna, compleja y acertada en sus debilidades
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Spike Lee /

Chadwick Boseman, Jean Reno, Paul Walter Hauser

Spike Lee esquiva y se burla de los lugares comunes en 5 Sangres, su última película.

Netflix

Los gringos invaden países, se apropian de sus recursos, masacran civiles, mujeres y niños. Lo hacen en nombre de la libertad, eso dicen. Luego montan un McDonald’s.

Para pelear esas guerras usan en gran medida a ciudadanos negros y latinos, según un aparte de 5 Sangres -la más reciente película de Spike Lee- los afroamericanos constituyen el 13 % de la población norteamericana, pero fueron más del 33 % de la mano de obra armada encargada de pelear -y perder- la guerra de Vietnam. 

Esas fuerzas negras fueron empleadas en misiones de reconocimiento; en palabras más sencillas, fueron y son la carne de cañón de los ejércitos invasores. El horrible chiste según el cual en una película de guerra el primero en morir siempre es el negro, tiene más de horror que de broma. Sobre todo cuando lo vemos a la luz de las reflexiones que Spike Lee clava en el lomo de este gran producto de entretenimiento bélico. 

La principal reflexión podría ser la paradoja de ese ejército imperial que alienta la paranoia heroica de chicos pobres y psicológicamente frágiles, a quienes lleva a los confines de sus dominios para volverse hombres matando en nombre de unas libertades que ellos no sienten tener en su propio país. 

¿Sobra mencionar que Estados Unidos aún está envuelto en las llamas de protesta que desató el asesinato del afroamericano George Floyd? No sobra. 

5 Sangres está centrada en cinco miembros de un escuadrón de esos bravos combatientes que, liderados por Stormin Norman (Chadwick Boseman), lograron sobrevivir al estado de carne de cañón, además de trascender a un nivel de conciencia racial y política superior. 

Este escuadrón se reencuentra tras varios años y viaja a Vietnam para buscar los restos de su líder Stormin y un montón de lingotes de oro que enterraron tras la misión en la que Norman murió. Los trucos visuales que Spike Lee aplica a las secuencias bélicas restan veracidad a estos momentos, pero funcionan cuando se quiere ver su aproximación al género como una ridiculización consciente del mismo. Yo disfruté cierto encanto de Trueno Tropical en su torpeza. 

Sin embargo, el hábil director independiente dispara y “da en el blanco” cuando se dedica a construir y destruir a sus personajes. Su pericia al enfrentar la condición humana sobrepasa la superficie racial y se encarga de pelar capas, enfrentando los rostros de la inseguridad, la avaricia, el pasado no resuelto y la necesidad de reconocimiento. Los insertos documentales que nos ubican en el contexto histórico logran balancear las deficiencias que la historia tiene en ese propósito. Y aunque quisiéramos que los ojos nos engañarán para creer más en los rejuvenecimientos que Lee ejecuta en la pantalla, eso no pasa. Sin embargo, los personajes se tejen entrañables, detestables y complejos, en una medida que roba luz a lo que los ojos presentan. 

Pero Spike Lee se bate heroicamente, y en momentos corre riesgos cinematográficos inesperados, que dan fe de su poderosa pasión y su elocuente rebeldía. El héroe Lee logra rescatar a su tropa de los lugares comunes, se burla de ellos, los estalla y nos recuerda que está interesado en algo más que la trama y lo que está en la superficie.