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Akira: El clásico que cambió la animación japonesa en occidente

A finales de los 80, la película de Katsuhiro Otomo rompió con cualquier idea que se tenía del anime
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Tetsuo gritándole a Kaneda

Hay películas que a la gente se le quedan metidas en la cabeza, recuerdos de imágenes separadas e impactantes. Lo mismo pasa con las canciones, cuando se queda metido un verso o un ritmo, pero que es imposible encontrar el nombre. En mi cerebro siempre tuve dos escenas de una película animada que vi cuando pequeño en Locomotion, ese canal en el que pasaban Evangelion, South Park, Duckman y otras animaciones para adultos.

La primera era en la que uno de los personajes, un adolescente con camiseta blanca, se le salían las tripas en medio de la calle. La segunda era con el mismo tipo, pero que por una extraña razón su cuerpo se deformaba, inflándose y mutando de una forma asquerosa. Unos años después me crucé con esa misma película, Akira, una cinta clave que llevó la animación japonesa a otro nivel, sobre todo comercial, en América.

Akira fue dirigida por Katsuhiro Otomo y lanzada en 1988, el mismo año que Hayao Miyazaki (el director de esa locura que es El viaje de Chihiro) sacó Mi vecino Totoro, de Studio Ghibli, el mismo estudio que hizo La tumba de las luciérnagas (que compite por ser la película más triste de la historia).

Pero el proyecto de Otomo era otro cuento. El presupuesto rompió con todos los récords que tenía la animación japonesa, que se puede ver en los detalles de las animaciones, sobre todo en las expresiones de los personajes; son intensas e impactantes. El trabajo llevó a los animadores a tener hasta 24 dibujos por segundo para que los movimientos fuesen más fluidos, con escenas en las que pasan tantas cosas al mismo tiempo, que viendo la película una sola vez es imposible alcanzar a captarlo todo.

La historia sucede en 2019 en Neo-Tokio, la ciudad reconstruida de la capital de Japón después de que una explosión la destruyera en 1988, durante la Tercera Guerra Mundial. Y es un caos distópico. Las calles son asquerosas, hay un barco que atraviesa un edificio; los profesores le dan en la jeta a los estudiantes, que se revelan en pandillas que llenan de explosiones las calles, violan mujeres en los callejones y ocupan las cárceles, casi al nivel del hacinamiento de las prisiones de Colombia.

Es una ciudad en un contexto cyberpunk, al estilo Blade Runner, pero con el neón y el color japonés. Allá, en Neo-Tokio, Kaneda y Tetsuo son dos jóvenes de una pandilla que una tarde tienen un accidente en medio de una persecución. Al que peor le va es a Tetsuo, que termina siendo capturado por el ejército porque empieza a desarrollar un poder gigantesco que los militares quieren controlar, y que recuerda a la explosión que acabó con la ciudad en 1988.

Mientras las películas occidentales animadas a mediados y finales de los 80, como La sirenita, Todos los perros van al cielo o La tierra antes del tiempo eran familiares, en Japón los estudios exprimían al máximo la libertad de la animación para crear películas dirigidas a un público adulto. De ahí salieron títulos como Angel’s Egg, Wicked City o Vampire Hunter D, aunque no se olvidaban del resto del público con clásicos como Nausicaa o Royal Space Force.

Las películas animadas de Japón solían ser editadas en Estados Unidos con la excusa de que serían más digeribles para el público occidental, por eso, cuando se estrenó la versión original de Akira dejó a la gente con la boca abierta. Es una cinta que toca muchos temas. La motivación de las personas para hacer daño, la destrucción del mundo por culpa de los humanos, la avaricia de los gobernantes por tener más y más poder. Y aunque son temas que podrían verse en otros proyectos occidentales de los 80, no era lo que se esperaría de algo animado. 

Es que era un cuento tan distinto, que cuando a George Lucas y Steven Spielberg les ofrecieron llevarla a los cines de Estados Unidos, los dos directores rechazaron la propuesta porque, según ellos, no era para este público. Hasta los más grandes se equivocan. 

Tres años después, en 1991, salió la versión en VHS (mientras las tiendas que alquilaban películas, como Blockbuster, crecían a toda velocidad). Manga Entertainment fue la empresa que se encargó de distribuirla, la misma compañía que llevaría al mundo occidental programas como Dragon Ball Z, Naruto y One Piece. Sin el éxito de Akira, es difícil imaginar que en Colombia hubieran llegado personajes como Goku, Seiya de Los caballeros del Zodiaco, Sailor Moon u Oliver Atom de Súper Campeones; ni que Netflix se animara a comprar las películas de Studio Ghibli como una de las grandes apuestas de este año; o que Scarlett Johansson protagonizara una versión americanizada de Ghost in the Shell.

Durante un hilo de conversaciones en Reddit, el director Rian Johnson (Breaking Bad, Star Wars: El último Jedi) confesó que cuando hizo Looper se inspiró en el manga y la película de Akira. 

En el plano musical, al final del video de Scream de Michael y Janet Jackson sale una escena de Tetsuo gritando. Por su parte, Kanye West dijo en una entrevista, “Mi mamá me llevó a ver la película Akira cuando era muy joven, y las formas, las paletas de color y las sensaciones que transmitía siempre han sido una gran inspiración”. En su video de Stronger es evidente que la cinta fue la base para crear el clip.

En Colombia, el grupo Dante HH escribió la canción Toreto Daze inspirándose en un habitante de la calle conocido como Toreto, que se ganó su apodo después de que saliera en las noticias por robarse una volqueta. El arte del sencillo, que tiene un mural en Bogotá, es una referencia directa a Kaneda.

Akira no es una película para todo el mundo. El anime, incluso, no es algo que cualquiera disfrute. Pero hay grandes artistas que han tomado algo de la obra maestra de Otomo para sus trabajos y, más de 30 años después, sigue siendo relevante.

Además de predecir que en Tokio se realizarían los Juegos Olímpicos en 2020, ese caos citadino llevado al extremo, por momentos, no se ve muy lejano. Los gobernantes corruptos y los que no tienen ni idea qué están haciendo también están acá. La historia sucede en 2019, y aunque hoy no existe una moto como la de Kaneda, las partes más humanas de la película se notan en la calle. Tal vez, en la locura de sociedad en la que estamos, Akira sea un faro para evitar caer en ese mundo; o puede ser una película más para romperse la cabeza. Ambas opciones son válidas.