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Arte y política: El juicio de los 7 de Chicago

Los actores Mark Rylance y Jeremy Strong, nos hablan de su participación en The Trial Of The Chicago 7, una de las mejores películas de este oscuro año que ya casi termina
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Yahya Abdul-Mateen II, Sacha Baron Cohen, Daniel Flaherty, Joseph Gordon-Levitt y Michael Keaton también hacen parte del elenco

Cortesía Netflix

Sin lugar a dudas, una de las mejores películas del 2020 es The Trial Of The Chicago 7, el segundo trabajo como director de Aaron Sorkin, quien, junto con Charlie Kaufman, bien puede considerarse como uno de los mejores guionistas de los últimos veinte años.

La cinta de Sorkin (la cual puede verse por Netflix), recapitula los acontecimientos ocurridos en agosto de 1968, cuando la convención nacional demócrata llevada a cabo en la ciudad de Chicago fue el escenario de una manifestación en contra de la intervención de los Estados Unidos en la guerra de Vietnam, la cual terminó convirtiéndose en un enfrentamiento violento de los participantes contra la policía. Esto llevó al procurador general de los Estados Unidos, a llevar a juicio a siete figuras prominentes de la izquierda estadounidense: Abbie Hoffman, Jerry Rubin, David Dellinger, Tom Hayden, Rennie Davis, John Froines y Lee Wainer. De ahí que este grupo fuera conocido como “los siete de Chicago”.

Los hechos, ocurridos hace más de cincuenta años, resuenan y cobran pertinencia a la luz de los acontecimientos sociales y políticos recientes, que incluyen a civiles asesinados por la policía y el tratamiento abusivo y coercitivo que caracteriza al gobierno estadounidense actual. El actor británico Mark Rylance y el norteamericano Jeremy Strong, dos de los protagonistas de la estupenda película de Sorkin (y quienes interpretaron al abogado defensor Williams Kunstler, y al activista y fundador del movimiento yippie, respectivamente); nos hablan sobre su posición al otro lado de la cámara.

La película fue estrenada en septiembre de 2020 Créditos Cortesía Netflix

En los tiempos que estamos viviendo, las políticas fascistas están cobrando fuerza alrededor del mundo. Algunos gobiernos se muestran intolerantes ante los movimientos migratorios, la igualdad de género, los movimientos sociales y el pensamiento político de izquierda. ¿Cómo se conecta esta película con la situación sociopolítica mundial de la actualidad?

Rylance: Con una mirada obtenida con la distancia, podemos darnos cuenta de que lo que estos hombres brillantes reclamaban era verdad. La guerra de Vietnam fue un enredo innecesario que cobró cientos de vidas y el gobierno de ese entonces tomó una serie de decisiones estúpidas basadas en intereses políticos y no en el interés y bienestar del ciudadano común. La intolerancia hacia la voz de la juventud y los intentos sistemáticos y necios por silenciar dichas voces, es lo que conecta a esta película con la actualidad. Considero muy probable que en unos sesenta años (siempre y cuando la humanidad logre sobrevivir), las nuevas generaciones mirarán con mucha más rabia y frustración los acontecimientos que se viven hoy en día, que los ocurridos en el gobierno de Nixon.

¿Cuál sería el aspecto central que quiere evidenciar la película con relación a lo ocurrido con los siete de Chicago?

Rylance: Creo que tiene que ver con el poder otorgado a ciertas autoridades gubernamentales por un sistema democrático y cómo estas figuras, desde una posición de poder, no consideran a las personas que los colocaron en ese lugar. Desde mi perspectiva, estas personas son elegidas por los ciudadanos y tristemente, se olvidan de ellas para perseguir otros objetivos, los cuales tienen que ver con la codicia, el egoísmo, la intolerancia y el mantenimiento de un estatus de poder. Cuando este abuso del poder se extiende a una guerra, como fue el caso de Vietnam, lleva a la muerte. Es una tragedia que la noble idea de la democracia (que el poder esté en la gente), termine degenerando en situaciones trágicas como las que ocurrieron a finales de los años sesenta. Más triste aún, es que cincuenta años más tarde, las cosas no hayan mejorado.

Strong: Creo que el principal propósito de esta película es exaltar la creencia de que las cosas pueden cambiar. Creer en el poder de la acción colectiva, del activismo. Siento que en los Estados Unidos hay un renacer de estas creencias y es porque la situación no es la mejor en la actualidad. En 1968, los Estados Unidos estaban al borde del desastre y creo que está pasando de nuevo. Esta película nos muestra qué tan lejos hemos llegado como país, pero también es una celebración del poder y la necesidad de la protesta, especialmente cuando se vive en un ambiente de opresión e injusticia.

En Colombia, la institución de la policía está en un punto muy bajo de aceptación y es vista por muchos jóvenes como una institución opresiva y abusiva. Y esta película conecta con la realidad colombiana, así como con la percepción de la policía en los Estados Unidos, luego de la muerte del civil Eric Garner a manos de un policía en la ciudad de Nueva York. ¿Cuál es su opinión acerca de los abusos policiales cometidos en el caso de los siete de Chicago y los que ahora hacen parte de los titulares?

Rylance: Me gustaría saber más sobre tu país. Conozco sobre Colombia por Ciro (Rylance protagonizó la cinta Waiting For The Barbarians dirigida por Guerra).No podría comentar sobre el caso colombianoen específico, pero entiendo lo que dices. La policía está actualmente en una posición muy difícil. Tengo algunos amigos policías en Inglaterra y cuando yo me uno a algunas protestas, ellos se me acercan de una manera diferente y por mi estatus de celebridad me dicen cómo a sus hijos les encantó El buen amigo gigante (risas), pero he hablado con ellos y son conscientes de lo que sucede. Ellos también leen los periódicos y escuchan a la gente. Son conscientes de la injusticia social y de los problemas que genera. Ellos tienen la cabeza en la boca del león y deben obedecer a los bufones que están en el gobierno.

El 21 de septiembre, se celebró el Día internacional de la paz, declarado por las Naciones Unidas. Como es costumbre, esto no apareció en los periódicos, pero yo hice parte de la celebración y a propósito del tema, estaba mirando el libro antiguo chino de los hexagramas, no se si lo conozcas.

El I Ching.    

Rylance: Exacto. Hay un hexagrama para la paz. Es curioso, porque el cielo está debajo de la tierra. Pero el cielo tiende a moverse hacia arriba para fusionarse con la tierra. Desde aquí, la paz se logra con una conversación entre los más poderosos con los menos poderosos, pero son estos últimos quienes les dan poder a los otros. Los líderes escuchan al pueblo y el pueblo le da su confianza a los líderes. Según creo, hoy en día ocurre totalmente lo contrario. Quienes estamos conectados con la realidad de nuestro planeta no somos escuchados por aquellos que están encima de nosotros y, por lo tanto, hemos perdido la confianza en nuestros gobernantes, que están más interesados en ascender y mantenerse arriba, que en fusionarse de una manera armónica. Cuando una persona abusa del poder y no hay consecuencias de sus actos, aprende que la violencia es un recurso brutalmente efectivo para obtener poder.

En la institución de la policía, así como en todos los Estados Unidos, hay personas maravillosas. Creo que coincidirás conmigo cuando te digo que en Colombia también. Pero tanto en Europa como en América hay un pasado oscuro de conquista, esclavitud, racismo, industrialización despiadada y discriminación, que ahora está surgiendo en nuestro presente.  Creo que me entusiasmé con la respuesta.

Sr. Strong, usted trabajó con Aaron Sorkin en la maravillosa adaptación cinematográfica del libro autobiográfico Molly’s Game de Molly Bloom, y ahora en esta película. ¿Qué nos puede contar acerca de las cualidades de Sorkin como director?

Strong: Aaron escribe sus guiones como si fuera Beethoven escribiendo una sinfonía. Tiene ese nivel de precisión, musicalidad, ritmo, el pentámetro de su escritura. Todo lo que él escribe es de un nivel cercano a la perfección. Como persona cercana al teatro, estoy familiarizado con las obras de Harold Pinter y William Shakespeare, y me atrevería a decir que una obra de Aaron Sorkin es algo así como el Santo Grial para un actor.

Tenemos entonces a este compositor que se encuentra acompañado de estos músicos de varias partes del mundo, que tocan de una manera muy diferente, y ahora Aaron tuvo que ser también el director de orquesta y lo hizo de una manera brillante. Creo que el principal interés de Aaron es el lenguaje y creo que también tiene un gran amor y respeto por la actuación, y sabe cómo un buen actor puede profundizar o extender lo escrito en un guion. Mi experiencia con él siempre ha sido un enfrentamiento creativo de tire y afloje, donde trato de aportar mi modo de trabajar, el cual demanda una cierta cantidad de libertad, especialmente con el personaje volátil que interpreté en Molly’s Game, y más con Jerry Rubin, un hombre tan libre como ningún otro. Es así que, en orden de brindarle la energía necesaria para darle vida a mi personaje, yo le llevé algo de Jazz a la estructura clásica de Sorkin. Yo amo a Aaron y él siempre me permite encontrar el espacio que necesitaba, experimentar, equivocarme, siempre y cuando le pudiera dar lo que él necesitaba. Fue una magnífica mezcla entre lo apolíneo y lo dionisiaco.