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Biggie: I Got a Story to Tell

Así como Shakur tuvo su Tupac Resurrection, The Notorious B.I.G. se merecía un documental del mismo calibre que analizara de una manera profunda las razones por las cuales todavía se le extraña
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Emmett Malloy /

Cortesía de Netflix

En el 2003, Tupac Resurrection, el documental de Lauren Lazin sobre la vida del rapero Tupac Shakur, asesinado el 13 de septiembre de 1996, nos sorprendió e impactó, gracias a su profundidad y sus revelaciones, utilizando como recurso las propias palabras grabadas de su protagonista. Pero All Eyez On Me, el intento de Benny Boom en el 2017 de convertir la vida de Shakur en una película argumental, obtuvo un resultado decepcionante. 

Por el contrario, la película Notorious, dirigida por George Tillman, Jr. en el 2009, fue un trabajo lleno electrizante, que nos permitió conocer tanto el lado luminoso como el oscuro de Christopher Wallace, el rapero mejor conocido como The Notorious B.I.G., amigo y luego rival de Shakur, quien muriera también asesinado el 9 de marzo de 1997. Ahora, su correspondiente documental titulado Biggie: I Got A Story To Tell, nos deja el mismo sinsabor de la película argumental sobre Tupac.

Aunque este no llega a ser el odioso documental amarillista que fue Biggie & Tupac de Nick Broomfield, lo cierto es que el rapero de Brooklyn se merecía un producto mucho mejor. El director de video clips Emmett Malloy (The Tribes Of Palos Verdes) no llega a trascender en su propuesta (mucho más cercana a un capítulo de Behind The Scenes para MTV o The True Hollywood Story para E!, que a lo logrado en Tupac Resurrection), y se limita a un sinnúmero de Talking Heads (o “cabezas parlantes”) que nos hablan de la infancia, devaneos con la vida delictiva y talento musical de Biggie. 

Su madre (Voletta Wallace), su esposa (la cantante Faith Evans) y sus amigos como Lil’ Caese (James Lloyd), Easy Mo Bee (Osten Harvey Jr.), D-Roc (Damion Butler), así como el productor y rapero P Diddy (Sean “Puffy” Combs), nos hablan sobre la importancia y relevancia del artífice de sencillos como Big Poppa, Unbelievable, Warning, Hypnotize y Mo Money Mo Problems para la evolución del Hip Hop y de la tragedia que significó su muerte prematura para el mundo de la música. Pero, ¿eso no lo sabemos ya?

El documental llega a hacerse realmente interesante cuando se adentra en la herencia jamaiquina de Wallace y en la descripción del jazzista Donald Harrison del fraseo de Biggie, el cual compara con un solo de batería de Max Roach. También cobra una nueva dimensión social cuando se contextualiza la juventud del artista con el dramático ascenso del tráfico de drogas duras como el Crack, tanto en Brooklyn como en todos los Estados Unidos a comienzos de los años noventa. Pero estos momentos se esfuman rápidamente, ya que el documental de Malloy sucumbe a los elogios superfluos y a las anécdotas que no nos ofrecen las claves necesarias para entender por qué, después de más de veinte años de su deceso, el mundo de la música Rap todavía se resiente del inmenso vacío dejado por The Notorious B.I.G.