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Black its Beltza: La contracultura tiene su “Forrest Gump”

Un aventurero recorre momentos clave de unos años sesenta convulsionados en Black Its Beltza
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Fermin Muguruza /

Ramón Agirre, Sergio Arau, Ramón Barea

Cortesía Netflix

Fermín Muguruza es una de esas figuras inquietas a la que los punks reconocen como el artífice de Kortatu, la cabeza de Negu Gorriak y el líder del sello disquero Esan Ozenki,  caballos de troya con los que el contestatario músico introdujo a España a una rebeldía que no reconocía fronteras entre el dub, el reggae, el ska o el punk. Así mismo Muguruza marcó su carrera por permitirse explorar en lenguajes como el teatro, la novela gráfica, la radio y por supuesto el cine. 

Black Its Beltza es la adaptación de su novela gráfica homónima y llega a plataformas digitales tras peregrinar exitosamente por festivales de cine desde el 2018. Aunque habíamos tenido la oportunidad de disfrutarla en Colombia en algunos espacios, la inquietante cinta de animación en donde la aventura y la política tuercen caminos ha llegado finalmente a un espacio desde el que puede garantizarse un amplio espectro de miradas. 

El filme se plantea como un recorrido frenético por algunas ideas, lugares y personajes, en un momento histórico en el que la ebullición era la norma. El pretexto para su trasegar lo encuentra en Manex un joven francés que llega con una comparsa española de muñecos gigantes a desfilar por las calles de Nueva York, pero su figura, la de un personaje negro es detenida en el puerto y se le prohíbe desfilar. Tras establecer contacto con los chicos de Harlem y la revolución cultural De raíces jamaiquinas Malex decide no regresar a una España sometida ante el autoritarismo del dictador Francisco Franco. La vida de Malex se inscribe en un ir y venir que lo llevan a tener encuentros fortuitos con personajes tan apasionantes como Juan Rulfo, Ernesto El Che Guevara, incluso a disfrutar unas noches de Soul en el salón de conciertos Apollo o alguna fiesta extraña en La Fábrica de Andy Warhol. Manex se desenvuelve entre la música y los tiempos con la sapiencia de un James Bond de izquierda, que no teme a enfrentar misiones en nombre de la libertad de los pueblos, los individuos y la fascinación por una misteriosa dama cubana. 

Si bien el propósito general puede resultar ingenuo y rápidamente las coincidencias nos ubican ante un personaje que romantiza la lucha de clases, resulta perdonable para quienes gustan de la historia y de explorar desde lo humano esos cónclaves en los que las tensiones llevaron al mundo a transformarse en sentidos impensables. Black Its Beltza es una animación más que decorosa, mantiene un tono estético y tiene aciertos en su empleo del lenguaje cinematográfico, transcurre como una disfrutable canción de esas que le gustan a Muguruza en las que el tiempo, las referencias y los géneros se mezclan y fluyen. Pero también puede lucir ingenua en momentos y su Manex inevitablemente nos hace pensar en ese Forest Gump que a fuerza de ser bueno se abre camino en un mundo bastante enredado del cual no logramos distinguir su verdadera profundidad.