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Capone nos muestra lo menos interesante del gánster neoyorquino

Tom Hardy encarna al infame Al Capone en sus últimos días, en una cinta que desperdicia a un personaje fascinante
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Josh Trank /

Tom Hardy, Matt Dillon, Linda Cardellini, Kyle MacLachlan, Al Sapienza

Más que una película biográfica sobre el “Enemigo público No. 1”, este nuevo trabajo sobre Al Capone parece una mezcla entre los delirios del Abuelo Simpson y la locura de ese hombre aislado de El resplandor

Tom Hardy en el papel de Al Capone, el gánster más famoso de la historia. Ver al actor británico encarnar a este personaje es algo que despierta un enorme interés en cualquier cinéfilo y amante de las películas sobre el crimen organizado. Robert De Niro había logrado una breve pero magistral interpretación de Capone en la película dirigida por Brian De Palma en 1987, Los intocables. Pero esta vez, Capone es el centro de atracción y Hardy, el actor que llevó a la pantalla a mafiosos como los hermanos Kray en Leyenda, y al infame Alfie Solomons en la serie de televisión Peaky Blinders, es el encargado de interpretar a la bestia sociopática que fue ese hombre conocido también como “Cara cortada”.

El encargado de la nueva película sobre el “Enemigo público No. 1” es Josh Trank, un director que logró impactar con su ópera prima Chronicle, una emocionante cinta de terror y ciencia ficción sobre unos jóvenes que adquieren súper poderes y que terminan sucumbiendo a ellos. Pero The Fantastic Four, su terrible reboot sobre los personajes icónicos de Marvel, terminó siendo un completo desastre que no mostró la más mínima evidencia de su talento. Esto siembra unas fuertes dudas sobre la calidad de su tercer largometraje.

Las dudas no fueron infundadas, ya que Capone es una obra superior a su versión de Los cuatro fantásticos, pero tampoco es una buena película. La cinta dirigida y escrita por Trank se arriesga a dejar de lado todas las correrías del mafioso para enfocarse en el último año de vida del mismo. Al Capone, de 48 años, acababa de salir de la prisión de Alcatraz (fue condenado por evasión de impuestos) y padecía de demencia, causada por una neurosífilis contraída cuando era joven.

Capone vivió sus últimos días en su decadente mansión ubicada en Palm Springs, acompañado de su esposa Mae Coughlin (Linda Cardellini), su hermano Ralphie (un excelente Al Sapienza) y Sonny (Noel Fisher), el único hijo legítimo del mafioso. Según la película de Trank, Al tenía un hijo ilegítimo llamado Tony (Mason Guccione) que lo llamaba periódicamente por teléfono y se quedaba callado cuando Mae contestaba. Asimismo, Capone recibía visitas del Doctor Karlock (Kyle MacLachlan), un hombre más interesado en el dinero escondido por su paciente que por su salud; y de Johnny (Matt Dillon), un antiguo compañero que quizás era producto de la demencia.

¿Quién quiere ver una película sobre uno de los mafiosos más legendarios, defecando en la cama y frente a los agentes del FBI, y babeando con una zanahoria en su boca en reemplazo de su tabaco habitual? Más que un biopic sobre Al Capone, la película de Trank es una especie de mezcla entre la vida del abuelo Simpson y El resplandor: la historia de un hombre demente y delirante alucinando con los fantasmas y los demonios de su pasado. 

Lo único que salva esta cinta es Tom Hardy: su Al Capone patético, implosivo, vulnerable y que se comunica con gruñidos y frases en italiano vuelve a demostrar su impresionante calidad actoral. Es una lástima que la película de Trank no nos cuente algo que valga la pena (El Capone interpretado por Stephen Graham en la serie Boardwalk Empire es muchísimo más interesante). Capone es una película que se queda en el declive de un hombre cuya vida fue horrible y violenta, pero que fue mucho más fascinante en su juventud que en sus últimos días, por más que Hardy se esfuerce en demostrar lo contrario.