fbpx

Cats

Un desastroso intento, que no debió ocurrir, para revivir el exitoso musical de Andrew Lloyd Webber
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Tom Hooper /

James Corden, en el centro,protagonizando Cats.

Universal Pictures

Atención cinéfilos, dejen de buscar la peor película de 2019. Aquí está. Tenemos a una ganadora de última hora. Cats se hunde en el fondo del año, y tal vez de la década. Ni siquiera la repugnante trilogía de Michael Bay con las películas de Transformers puede igualarla. ¿Qué pasó? 

¿Cats no fue el exitoso musical (con música de Andrew Lloyd Webber y las letras del poeta T.S. Eliot) que se presentó desde Broadway hasta Tokio? Sí, así fue. Pero en esta versión en la pantalla grande y repleta de estrellas, dirigida por Tom Hooper (El discurso del rey, Les Miserables), todo lo que debería funcionar sale terriblemente mal. El primer tráiler se ganó miles de burlas en redes sociales. La película completa, que es inerte y de mal gusto, es muchísimo peor. 

La película está basada en Old Possum’s Book of Practical Cats, una colección de poemas que Eliot escribió en 1939. La trama gira en torno a una noche en Londres, cuando una tribu de gatos callejeros llamados Jellicles organiza un show de talento para sorprender al juez Old Deuteronomy (Judi Dench, una dama que merecía algo mejor). ¿El premio? El felino ganador iría al paraíso y reencarnaría en una mejor vida, seguramente una en la que esta película no exista. 

En Cats se desperdician toneladas de talento. Sir Ian McKellan es Gus, el gato del teatro, cantando sobre la juventud que perdió; Idris Elba es Macavity, el monstruo de la depravación; y –que Dios la ayude– Taylor Swift es Bombalurina, su cómplice en el crimen. Hooper atrapa a los actores en una burbuja sin vida y sin salida, en una película que apenas los deja respirar y desarrollar sus personajes. En lugar de eso, los disfraza con una maraña de pelo digital y un maquillaje muy extraño. 

El primer acto de los gatos es una advertencia del castigo que se avecina. Jennifer Hudson, ganadora de un Óscar con Dreamgirls, pretende que está trabajando en algo que vale la pena. ¡A eso se le llama actuación! Hudson, interpretando a la glamurosa veterana llamada Grizabella, casi se revienta un pulmón en la canción más memorable del musical, llamada Memory. Si quieren disfrutar del original, con sus momentos gloriosos y eufóricos, escuchen la grabación de Betty Buckley, quien ganó un Tony tras participar en la versión de Broadway. Su versión de la canción sí se queda en la memoria. 

El resto de la película la querrán desvanecer en el olvido. Andy Blankenbuehler, el genio y coreógrafo de Hamilton, fue el encargado de dirigir el baile en la tarima. Aunque su trabajo fuera impresionante, nunca lo sabremos gracias a la maniática forma de cortar de Hooper, de planos generales a primeros planos, tan rápido que el ojo humano no puede percibir la belleza del movimiento corporal y la coordinación. 

La suma de esos elementos tiene como resultado final una película con estrellas que se suben al escenario, hacen su número y luego se desvanecen, sin trascendencia. Ahí está Rebel Wilson como Jennyanydots, bailando con cucarachas. Ahí está James Corden, sobreactuado desde el primer minuto como Bustopher Jones, el gato goloso y glotón. ¡Y miren! Ahí está Jason Derulo como el narcisista y orgulloso Rum Tum Tugger. Finalmente, Laurie Davidson –el menos conocido– como el mágico Mr. Mistoffelees y su acto es, de hecho, pasable. Son momentos breves y efímeros. 

Es una cinta que simplemente no debió ocurrir. La versión cinematográfica de Cats es un fiasco y no le llega a los talones a su versión original. Nadie mereció una tortura así.