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Cry Macho

La última película de Clint Eastwood es toda una lección sobre lo que significa ser hombre
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Clint Eastwood /

Clint Eastwood, Eduardo Minett, Dwight Yoakam, Natalia Travern

Cortesía de Warner

Con un título como Cry Macho, los espectadores bien se pueden imaginar una película de acción ruda, violenta y salvaje. Lo cierto es que la última cinta protagonizada y dirigida por Clint Eastwood es un trabajo que desborda amor y gentileza.

A sus 91 años de edad, Eastwood demuestra que no solo es el último de los directores clásicos en la línea de John Ford, William Wyler o Fred Zinnemann, sino que también es quizás, el último republicano inteligente y reflexivo que continúa vivo en este planeta. 

Al parecer, a Eastwood le gusta jugar con nuestros prejuicios. Quienes vieron en Unforgiven un western oscuro y nihilista, no vieron la maravillosa deconstrucción de los vicios del género, comparable a lo que el mencionado Ford hizo con su obra maestra The Searchers. Quienes acusan a Grand Torino de defender la xenofobia, se perdieron de la transformación de un hombre racista e intolerante, a un hombre que aprende a querer y a aceptar, gracias a su amistad con un joven tan confundido como él. Y quienes señalan a Sniper como una cinta patriotera y probélica, no alcanzaron a ahondar en el complejo drama psicológico de un militar con un pasado oscuro que no logra acomodarse a su vida como civil y que entra en conflicto consigo mismo, cuando sus principios como soldado chocan con sus valores humanos.

En Cry Macho, Eastwood encarna a Mike Milo, una estrella del rodeo en decadencia (evocando al Bronco Billy de su melancólica película de 1980). Su empleador Howard Polk (Dwight Yoakam), ya está cansado de ayudar al anciano misántropo, ex alcohólico y ex drogadicto, y decide despedirlo. Un año más tarde, Polk aparece en la casa de Milo y le pide su ayuda. Su hijo Rafa (Eduardo Minett), de trece años de edad, está siendo maltratado por su madre Leta (Fernanda Urrejola) quien vive con él en México. La idea es que Milo lo traiga a vivir en su rancho. 

Como es de esperarse, Milo se niega al principio, pero Polk le recuerda lo mucho que lo ayudó cuando su esposa y su hijo murieron en un accidente automovilístico, y cómo él prometió devolverle el favor algún día. Tanto para Milo como para Polk, la palabra todavía posee un gran valor.        

Es así que Milo va en busca de Rafa. Primero tendrá que enfrentarse con Leta, una mujer acaudalada y atractiva que poco o nada se interesa por el chico. “¿Cuándo decidiste rendirte?” Le pregunta Milo. Leta acostumbra solucionar sus problemas con dinero, licor y sexo. Milo rechaza las tres ofertas, causando la ira de la egocéntrica mujer.

Milo continúa su búsqueda y encuentra a Rafa participando de una pelea de gallos clandestina. Él prefiere vivir en la calle a tener que soportar el infierno de su hogar y su única compañía es su gallo de pelea al que llama “Macho”. El eje central de la película de Eastwood radica en que Rafa va a aprender de este anciano solitario y decadente, lo que verdaderamente significa ser un hombre. 

En clave de road movie, Rafa y Milo se van a embarcar en un accidentado viaje para llevar al chico a Texas con su padre. Pero gracias a Marta (Natalia Traven) una viuda que trabaja en un restaurante y que vive con sus nietas (los padres murieron de una enfermedad desconocida), tanto el anciano como el adolescente terminarán enamorados del país que desean abandonar. 

Vamos a enterarnos que Milo es bueno con los animales (la gente del pueblo donde se hospeda, acude a él como si fuera un veterinario y los dos consiguen trabajo domando caballos). Pero esas no son las únicas cualidades de la estrella del rodeo de antaño. Milo logra una delicada conexión con una de las pequeñas nietas de Marta, la cual es sorda. Este hombre sabe el lenguaje de señas. Además, el viejo huraño decide cocinarle a Marta para devolver el favor de su asilo. “Una de las cosas que viene con el oficio de ser vaquero es saber cocinar”, le dice Milo a una Marta sorprendida. 

Junto con The Bridges of Madison County, esta es quizás una de las películas más sensibles en la carrera de Eastwood. Aunque, vale la pena decirlo, sus trabajos nunca han carecido de un toque de humanidad y profundidad psicológica. Puede que Cry Macho sea la última película en la carrera de este actor y director, como puede que le queden otras más. Lo cierto es que esta cinta, hermosamente fotografiada y actuada, es toda una lección y ejemplo de vida, ofrecida por una leyenda del cine de antaño.