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Dentro de The Last Dance, la increíble serie documental de Michael Jordan

Conversamos con el director Jason Hehir sobre la compilación del material, las grandes sorpresas y cómo se sintió al entrevistar al mejor basquetbolista de todos los tiempos
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David Stern, el comisionado de la NBA, les entrega a Michael Jordan y a los Chicago Bulls el trofeo del campeonato, después de que los Bulls derrotaran a los Phoenix Suns en el sexto partido de las Finales, el 20 de junio de 1993.

Fotografía por Andrew D. Bernstein/NBAE via Getty Images/ESPN

En el primer episodio de The Last Dance, la serie documental de ESPN sobre la vida de Michael Jordan, el basquetbolista está entrando en los camerinos de visitantes de los Lakers después de ganar su primer título de la NBA, mientras suavemente suena la canción Let’s Dance de David Bowie. Pero en realidad no es esa canción… es un sample del comienzo de Been Around the World de Puff Daddy. Cuando el beat estalla, nos muestran a Jordan abrazando el Trofeo Larry O’Brien, lleno de emoción y moviendo su cabeza de un lado a otro con incredulidad; o tal vez con alivio. 

Escoger el sencillo de Puff Daddy fue un acierto. Been Around the World se lanzó en noviembre de 1997, unas semanas después de que los Chicago Bulls iniciaran su aventura para conseguir su segundo three-peat en ocho años. Antes de esto, el gerente general del equipo Jerry Krause le dijo al entrenador Phil Jackson que ese sería su último año dirigiendo a los Bulls. Jordan remató con que no regresaría al equipo, a menos de que Jackson estuviera como coach. Lo único que quedaba por hacer era ganar un título más y, afortunadamente para los millones hacinados en nuestras casas, habían camarógrafos que grabaron toda la hazaña durante la temporada. 

Las 500 horas de material dieron como resultado The Last Dance, que originalmente se iba a estrenar en junio, antes de que ESPN lo adelantara para el 19 de abril. Un recorrido por la última temporada de Jordan. El director Jason Hehir (The Fab Five y Andre the Giant) entrevistó a 106 personas para el proyecto, desde Barack Obama hasta Carmen Electra, dándole una paleta de colores muy amplia al retrato de uno de los sucesos más fenomenales en la historia del deporte. 

The Last Dance es, más que nada, una celebración a la grandeza de Jordan, pero es una narrativa que no le temió a profundizar en temas polémicos e íntimos, como su hábito de apostar, las teorías conspirativas alrededor de la muerte de su padre o sus comentarios sobre los republicanos. 

ROLLING STONE tuvo la oportunidad de discutir con Hehir el proceso creativo de su serie documental, las grandes revelaciones de su obra y lo que espera que las generaciones jóvenes entiendan de uno de los atletas más famosos de todos los tiempos. 

¿Cuándo descubriste las 500 horas de material de la temporada de 1997-1998? 

A mediados de 2016, Mike Tollin, uno de los productores, me preguntó si me interesaba contar esta historia. Él no alcanzó a terminar la frase. Habiendo sido un niño en los 80 y los 90, respondí: “Absolutamente”. Querían que les propusiera algo sobre cómo veía en mi cabeza el documental y escribí un guion de 14 páginas sobre cómo debería ser contada la historia. Se demoraron un poco porque estaban buscando la producción y la compañía de distribución indicadas. Empezamos en enero de 2018.

¿La idea inicial era un proyecto tan grande, de 10 episodios? 

Ellos me trajeron el material y me preguntaron si podía hacer ocho episodios con esas imágenes de apoyo. Creo que nadie pensaba que lo podíamos lograr, pero querían saber qué pensaba. Les dije que debíamos hacer entrevistas para contar bien la historia, no solo a Michael. Teníamos que buscar a todas las personas que conformaron ese equipo. Era algo más grande que solo un documental de un tema en específico. 

¿Hay alguien que hubieras querido entrevistar y no pudieras? 

Nadie. Todas las personas que busqué dijeron que sí. Entrevistamos a 106 personas, que supera en número a cualquier otro proyecto que he hecho antes. Grabamos por dos años y nuestra última entrevista, con John Stockton, fue justo antes de que el país entero entrara en cuarentena. 

¿Cuántas horas grabaron a Michael? 

Tuvimos tres sesiones con él. Diría que fueron, más o menos, ocho horas de entrevista en total. Sabiendo qué íbamos a contar en cada episodio, pudimos dividir las tres conversaciones en los 10 capítulos. 

Considerando lo cuidadoso que es con las entrevistas y su imagen pública, me sorprendió que hablaran de las teorías conspirativas de la muerte de su padre, las apuestas y su punto de vista político. ¿Te sorprendió que estuviera dispuesto a hablar de eso? 

Me sorprendió, pero creo que había cierto nivel de confianza y comodidad con las personas que lo rodean. Estuvieron muy involucrados en todo el proceso, incluso hasta hoy. Creo que confiaban en mí, y yo tenía una confianza en ellos casi automática. Debes demostrarles que respetas su historia, que la contarás con responsabilidad y honestidad, y también tener un gran conocimiento del tema. He estudiado a Jordan desde que tengo ocho años, entonces era fácil para mí hablar de esos momentos de su carrera. Cuando se dio cuenta de que estaba en un lugar de confianza, creo que fue más fácil para él discutir esas cosas. 

Además de ver basquetbol toda tu vida, ¿qué más hiciste para prepararte? 

Leí casi 10 mil páginas de investigación, entre libros, artículos y transcripciones de entrevistas viejas. Hacía notas de cada uno de los personajes. Era leer, memorizar y decidir detalles, en su gran mayoría. Entonces fue fácil saber cómo llevar la entrevista con Michael. 

¿Qué de lo que aprendiste te tomó por sorpresa? 

Me sorprendió saber lo difícil que fue ganar todo lo que ganaron. Crecí, como dije, en los 80 y los 90. Era parte de mi infancia, ver al equipo ganador. Pero después de escuchar, uno por uno, a los jugadores y a los entrenadores, te das cuenta del logro tan monumental de repetir el three-peat. Cuando uno piensa en eso, tal vez tenga la percepción de que dominaban y que el lado Este era débil en los 90. Pero eso no es verdad. Cada una de las temporadas tuvo un reto diferente, y me sorprendía su habilidad de adaptación y su nivel de motivación. Tengo un gran respeto por el trabajo que hicieron. 

¿Buscaste a Lebron James para hablar de esto? 

No realmente, porque la historia termina cuando su dinastía se acaba. No quería que esto se volviera una discusión de quién es el más grande. Si las personas quieren usar el documental como una evidencia para reforzar su argumento, son libres de hacerlo. Sé que Lebron tenía una gran admiración por Jordan y sé la influencia que tuvo en él, pero no era relevante para la historia o para la época, que fue entre 1984 y 1998.

Me impactó ese poder y esa manía de Jordan por probar que era el mejor, una y otra vez. ¿Crees que eso también está impregnado en su legado y cómo la gente lo percibe hoy en día?

Creo que él es reacio a tener esa discusión y tiene un historial de ser humilde cuando la gente le pregunta: “¿Quién es el mejor?”. No quiere hablar de eso. Pero sí se nota esa llama que se prende en su interior cuando empieza a hablar de los rivales que tuvo en ese periodo. Definitivamente todavía tiene cierto orgullo por eso. 

Creo que empeñó toda su vida para llegar a esa cima, en donde estuvo en 1998, y llegar a donde está ahora. Tiene un orgullo feroz por eso que logró. Trabajas duro por todo, lo ganas todo y odias perderlo. Todavía odia perder. No estuve con él por 22 años, pero sí puedo asegurar que se nota en sus ojos ese fuego cuando le muestras algo que sucedió hace 30 años. 

¿Tienes algún momento favorito de Jordan en la cancha? 

Hay dos. En 1986, cuando anotó 63 puntos contra Celtics. Soy un chico de Boston desde pequeño. Crecí siendo un fan de Celtics desde siempre, y estaba en el Garden con mi papá ese día de los 63 puntos. Era un gran fan de Jordan en ese punto, pero eso fue lo que más me marcó. El otro es en 1987, cuando ganó el concurso de clavadas con Jerome Kersey, Clyde Drexler y Terence Stansbury.