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Disturbios y caos en la ciudad de la luz

Una película tensa en la que una unidad policiaca se debe encargar de una situación precaria y que critica la opresión social del sistema
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La ciudad luz proyecta su sombra sobre Los Miserables.

LIFESTYLE PICTURES / ALAMY

No hay coreografías, ni personas cantando y tampoco se habla acerca de castillos en las nubes en el debut del director franco-maliense Ladj Ly. No es una coincidencia que esta película policíaca comparta el nombre con la novela del siglo XIX de Víctor Hugo o el musical de Broadway; tal como esa emblemática pieza literaria, todo sucede en Montfermeil, la ciudad en la que los héroes y los villanos de Los Miserables se enfrentaban. Tampoco se deben pasar por alto a los jóvenes arropados con la bandera de Francia en los primeros cinco minutos de la película, celebrando una victoria futbolística frente a la Torre Eiffel. Es el retrato de una Francia diversa pero dividida, regida por estructuras de clase, fronteras geográficas y barreras raciales.

Bienvenidos al primer día de trabajo de Stephané (Damien Bonnard, Dunkerque), un policía veterano recién reclutado en una unidad de acción contra el crimen común, junto a sus compañeros Chris (Alexis Manenti) y Gwada (Djibril Zonga). Chris es el líder del trío, el que acosa chicas adolescentes porque puede y es blanco; Gwada creció en el barrio que operan y protegen, y es fuerte, silencioso y de color. Mientras capacitan al principiante, ambos se encargan de mostrarle a Stephané a qué se están enfrentando: una red de crimen organizado controlada por la comunidad. Un hombre conocido como “El Alcalde” (Steve Tientcheu) lidera la mayor parte del negocio ilegal. Los policías cobran una parte de la porción y hacen lo que les da la gana. La fraternidad musulmana, controlada por Salah (Almamy Kanouté), se encarga de todo lo demás. La paz se mantiene, pero tiene un precio.

Ese equilibrio se ve afectado cuando a los dueños de un circo cercano les roban uno de sus cachorros de león. El culpable es uno de los niños del barrio. Tiene que devolver al felino en menos de 24 horas o atenerse a las consecuencias. La unidad identifica al muchacho por Instagram y comienza a perseguirlo. Cuando lo tratan de capturar, recibe un disparo de una munición no letal en la cara. Luego, todo se complica aún más cuando un dron operado por Buzz (Al-Hassan Ly), uno de los amigos del joven, graba todo lo sucedido. Ahora la policía también debe encontrarlo a él y destruir la memoria del aparato para salvar su trabajo. Mientras tanto, las calles comienzan a calentarse.

Libertad, igualdad, fragmentación. © GF

La manera en la que el director mezcla ese sentimiento de represión con un contexto de policías corruptos, y luego lo hace ver como una acusación de injusticia universal, es lo que destaca a Los Miserables de las demás cintas. Todo finaliza con una gran escena que incluye cohetes, peleas y carritos de compras. Para romper esa tensión, Víctor Hugo dice la siguiente frase: “Recuerden esto, amigos míos: no existen las malas plantas o las malas personas, solo hay malos cultivadores”. En esta situación no hubo ganadores, porque la vida les arrebató el sueño que tanto anhelaban.