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El 2020 en el cine: edición en casa

Hollywood tambaleó y las salas de cine cerraron sus puertas, pero aun así puedes encontrar buenas cintas a un clic de distancia
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DE MULÁN A NOLAN: El servicio de streaming de Disney debutó con su live action mientras Tenet se proyectó en salas de cine lejanas.

JASIN BOLAND/© 2019 DISNEY ENTERPRISES; MELINDA SUE GORDON/© 2019 WARNER BROS

Cualquier recuento sincero del 2020 en películas tendría que comenzar con la reaparición de Contagio (2011). Este filme de Steven Soderbergh sobre una pandemia, resultó ser uno de los más vendidos en iTunes luego de que la COVID-19 se esparciera alrededor del mundo y se convirtiera en un hecho irrefutable para las personas con uso de razón. Es ese thriller con un gran reparto en el que un súper virus originado en un murciélago comienza a propagarse desde China y eventualmente contagia a gran parte del planeta, ¡incluyendo a la pobre Kate Winslet!

También es una cinta en la que una comunidad internacional de científicos extremadamente capacitados, obtiene el apoyo incondicional de cada uno de sus gobiernos, que a la vez están cooperando entre sí en la lucha por vencer el virus. Es decir, no podría ser más evidente el gran atractivo de la representación de Soderbergh sobre una pandemia. Bienvenidos al escapismo en la era del cine en el coronavirus.

Desde hace siglos, específicamente desde marzo, recurrimos a películas como esta porque no esperábamos que durante estos tiempos se realizaran producciones sobre lo que estamos viviendo; filmes que necesariamente hubiesen tenido que ser rodados en medio de la crisis. No obstante, directores como Alex Gibney nos demostrarían lo equivocados que estábamos con documentales editados desde casa sobre el manejo que le han dado los gobiernos a la COVID-19 (Totally Under Control). Pero por otro lado, Hollywood tenía grandes expectativas para este año con James Bond y la Viuda Negra, los remakes de Mulán y Dune, y el reboot de Top Gun. La fábrica moderna de fantasías se vio en peligro. El 2020 no sería contado en la gran pantalla dado que los sets y los teatros alrededor del mundo fueron cerrados. Incluso un posible éxito en taquillas como Tenet de Christopher Nolan, tuvo que posponer su estreno en varias ocasiones (como si se tratara de una recreación de su propio argumento).

La historia del cine de este año merece ser estudiada por el hecho de que Tenet tuvo que estrenarse en teatros lejanos, pero también se tendría que describir la forma en la que los filmes se acogieron a las plataformas en línea al no tener otra opción. Si querías ver cintas nuevas, tenías que comprarlas o acudir directamente a los servicios de streaming: Netflix, Amazon Prime Video o Hulu. O quizás Disney+, que tuvo la fortuna de llegar a finales de 2020 y sirvió como una alternativa perfectamente viable para los estrenos (asumiendo que estabas dispuesto a pagar 24 mil pesos para ver Mulán).

También hubo espacio para los cines virtuales que, gracias a la colaboración entre las casas culturales locales y distribuidores independientes, se convirtieron en una fuente de sustento a un precio más asequible. La popularidad de los autocines, una de las formas más retro del séptimo arte, tuvo un resurgimiento. Los premios Óscar de 2021 y grandes festivales como Cannes fueron pospuestos, pero otros eventos se hicieron en línea (como el Festival de Cine de Nueva York o el Festival de Cine Indie de Memphis). Independientemente de lo que hayas escuchado, porque una gran cantidad de personas lo ha dicho, el 2020 no fue un año en el que no hubiera nada bueno que ver.

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De hecho, fue considerablemente importante para el cine como una forma de arte, pese a que la industria tuvo problemas y las personas detrás de ella incluso más. Dejando de lado los fines lucrativos y la necesidad de los pequeños distribuidores para que sus producciones fueran vistas (algo que en condiciones normales tampoco está asegurado), el 2020 se convirtió en una de las épocas más peculiares y sorprendentes para el cine en años. Sería un error terrible definir esta era en términos de lo que no pudo ser estrenado, por ejemplo las películas en las que estudios más grandes y medios habían centrado su interés.

Las apuestas políticamente desafiantes comprobaron ser urgentes, intensas y valiosas en 2020. Este no fue solamente el año de la pandemia, sino también uno en el que las protestas en contra de la injusticia racial captaron la atención de los medios. Y ni qué decir del recrudecimiento de las inequidades sociales. ¡Ah! Y también hubo elecciones. Las especulaciones (sorprendentemente populares) de que la era Trump daría lugar grandes formas de arte, son tan ingenuas como lo eran hace cuatro años. Y cuando alguien estaba dispuesto dejar la imagen de Trump a un lado para arriesgarse un poco más, el resultado podía ser: a) todo el mundo perdiendo la cabeza, b) los cineastas echándolo a perder, o c) ambas opciones. Tan solo basta con observar lo que sucedió con La cacería, una sátira sangrienta sobre las élites cazando ciudadanos por deporte.

Es debido a la COVID-19 que las plataformas digitales se convirtieron en casi la única experiencia cinematográfica que pudimos tener, pero eso no significa que no hubo “éxitos” digitales. No le envidio a nadie el tiempo que pasé viendo El Halloween de Hubie, una película que me hace reír un montón, o la destacada secuela de Borat que me divirtió incluso más.

Y aún más importante es que este año facilitó apoyar filmes como Never Rarely Sometimes Always de Eliza Hittman, que trata sobre el esfuerzo de una adolescente por realizarse un aborto seguro; o The assistant de Kitty Green, que aborda los abusos de Harvey Weinstein al representar al infame magnate como un poder invisible. Fue más sencillo que las personas vieran producciones que ya estaban disponibles en Amazon Prime o Netflix como Time, el documental de Garrett Bradley que le da una mirada innovadora al trabajo de una mujer por sacar a su esposo de prisión. Y del otro lado tenemos a Mank, la creación de David Fincher inspirada en Ciudadano Kane, que incluso teniendo la firma del director es difícil imaginar que hubiese sido un éxito.

Claro, es un rayo de esperanza en medio del caos desatado por la pandemia, pero es un hecho que el arte no sobreviviría si las personas no estuvieran allí para apoyarlo. También debe mencionarse que hubo una considerable cantidad de películas malas, y cabe destacar que la búsqueda de las cintas por tener relevancia política resulta mostrando su simpleza liberal. Este es el caso de Irresistible de Jon Stewart o El juicio de los 7 de Chicago de Aaron Sorkin. No podían evitarlo, pero a diferencia del coronavirus, podía verse venir, aunque eso no es lo que recordamos cuando le damos un vistazo a este año tan miserable. Lo que nos vendrá a la cabeza cuando pensemos en el 2020 en el cine, será en cómo las mejores y más brillantes obras nos impulsaron a buscar revelaciones en otros lugares. El cine no murió, solo estuvo a un clic de distancia.