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El ascenso al éxito de Alessandro Nivola

Por más de 25 años la estrella de The Many Saints of Newark ha trabajado en Hollywood, y finalmente está listo para su gran éxito
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Fotografía por Joe Pugliese

“Jamás había estado aquí. Esta no es una representación de mi carácter”, dice Alessandro Nivola, tomando asiento en una cafetería de Park Avenue una mañana de domingo en Nueva York. La luz es buena, pero los precios alarmantes. Los meseros corren por el local como si estuvieran atendiendo a la nobleza. “Tengo una sesión de fotos a la vuelta de la esquina”, dice Nivola sonriente, sobre su petición de encontrarnos aquí. “No es como si esto me representara”.

De hecho, el actor ha pasado la mayor parte de las últimas décadas intentando explicarle a la gente de Hollywood (directores de casting, directores, peces gordos de la industria, etc.) quién realmente es –un actor de carácter en el cuerpo de un protagonista– y qué hacer con él. No es como si no hubiera conseguido papeles, lo ha hecho y en cantidades envidiables, animando con su carisma ofertas tan diversas como Junebug, Contracara, Desobediencia, e incontables dramas de época europeos incluyendo Trabajos de amor perdidos, donde conoció a su esposa Emily Mortimer (“Me la traje conmigo a Los Ángeles”). Pero nunca ha tenido el éxito de amigos como Ethan Hawke y Jude Law. Las veces en que ha logrado conseguir roles protagónicos, calcula lo bajo que se encontraba en la lista de posibles por qué tan poco tiempo tiene para preparase para el mismo (para El arte de defenderse de 2019, dice que tuvo 24 horas para aprender karate de cinta negra). “Usualmente alguien más famoso que yo se salió o algo así”, comenta. “Nada me ha caído del cielo, mis representantes están putamente exhaustos. Fui el protagonista de 10 o 11 películas que nunca se estrenaron. Con ellos hemos pasado noches bebiendo y riendo al ver cuánto trabajo he hecho y que jamás ha visto la luz del día”. En otras palabras: “Ha sido duro, muy duro”.

Quizá ese era su camino, quizá esa lucha era el destino. Y entonces, un día de 2018, recibió una llamada: Los Soprano tendrían una película precuela, y le pedían audicionar para el papel de Dickie Moltisanti, grabar cinco escenas como el protagonista de lo que posiblemente sería un éxito de taquilla. “Nunca me hubieran dado la oportunidad de protagonizar una película como esta, si no fuera porque el estudio le dijo a David Chase que podía contratar a quien quisiera”, explica Nivola. Y al parecer, Chase lo quería a él. “Recuerdo a Alessandro en Escandalo americano y El año más violento”, el creador de los Soprano le contó a Rolling Stone, citando algunos de los papeles del actor. “Siempre he pensado que es increíble, y es italiano. Pensé: ‘¿En dónde ha estado este tipo? ¿Por qué no le dan más trabajos’, entonces decidí darle uno”.

Nivola trabajó en la audición por semanas. Después de que Chase y el director Alan Taylor lo invitaran a almorzar en TriBeCa, se preparó rebuscando en el cerebro de su vecino Tim Van Patten, quien dirigió algunos episodios de Los Sorprano. “Le pregunté a Tim cómo era David, y me dijo que no esperara que se riera de mis chistes o algo así”. El almuerzo transcurrió tranquilo, principalmente porque Nivola tiene la buena fe italiana que Chase tanto aprecia.

“Sabía que tendría mucho de qué hablar con David porque es muy curioso sobre las experiencias de los inmigrantes”, comenta entre bocados. “En algunas circunstancias he pensado que mi nombre es un obstáculo porque nadie puede pronunciarlo. Y finalmente llegó esta oportunidad, en la que mi nombre jugaba a mi favor y no había duda de que una parte de mí estaba hecha para interpretar este papel”.

No obstante, después de una oferta de enviarle el guion, pasó todo un mes sin noticias. Nivola estaba en una escala extendida en Los Ángeles, comiendo en el Chateau Marmont, cuando recibió la noticia de que le habían dado el papel. “Fui al baño público, cerré la puerta y lloré como por diez minutos”, me comenta. “Habrán pensado que me estaba divorciando o que algo terrible me estaba pasando. Lo saqué todo, fue un alivio”. Al parecer, finalmente el destino estaba de su lado.

Es más de lo que se puede decir de Dickie Moltisanti, tío de Tony, padre de Christopher, y un personaje al que se hizo referencia en la serie de HBO, pero que nunca apareció. Si algo, la película es un estudio de su incapacidad genética para ser el hombre que se imagina que es; hijo, pareja, figura paterna. “David está jugando con todos estos temas de tragedias griegas. Todo se basa en el destino, en intentar escapar de tu destino y no poder hacerlo. Es sobre los ciclos de violencia intrafamiliar, ciclos de abuso. Está muy arraigado y es autodestrutivo”. Gracias a eso mucha gente termina en psiquiatras, y The Many Saints of Newark, que tiene lugar durante los disturbios raciales de 1967 y presenta al hijo de Jim Gandolfini, Michael, como un joven Tony Soprano, hace todo lo posible por mostrarlo. 

Pero la verdadera estrella no es Tony, sino Dickie, lo cual le dio la oportunidad a Chase de extender la narrativa de los Soprano y a Nivola la oportunidad de crear todo un personaje casi de la nada. Consiguió a un profesor de técnica vocal y recorrió las calles de Newark junto a un cura católico, quien le enseñó los vitrales que la mafia había dejado. Y a través del amigo de un amigo, conoció a algunos mafiosos al sur de Brooklyn (“No es lo mismo, pero todavía cometen fraudes”) y terminó en una fiesta donde, según él, “todos conocían a los jueces a los que se habían enfrentado y los estaban imitando”. Nivola no dijo nada sobre su trabajo, “no quería que comenzaran a exagerar como en las películas. Porque hoy en día es difícil diferenciar si la gente imita a las películas o si las películas son las que imitan a la gente. Incluso si pudieras ver algunos de estos restaurantes, pensarías que las películas de mafiosos lo están subestimando”.

Mientras investigaba se empapó de una experiencia italoestadounidense que sintió estaba muy lejos de la que conocía. Su abuelo sardo y su abuela judía alemana se conocieron en la escuela de arte de Milán, y huyeron de Italia en los años treinta cuando supieron que un amigo los había delatado y se unieron a la escena bohemia de expatriados en Greenwich Village. Finalmente llegaron a un enclave de expresionistas abstractos cerca de Amagansett, Nueva York, codeándose con Mark Rothko y Jackson Pollock, quienes una vez le dieron al abuelo de Nivola un cuadro que devolvió porque lo “ponía nervioso”, y que luego fue comprado por el MoMA por 25 millones de dólares. “Sí, la cagaron”, dice Nivola. Aunque no tanto: su padre estudió y fue profesor en Harvard, y trabajó en la Institución Brookings. Nivola asistió a la Academia Phillips Exeter y a Yale. Una de las esculturas de su abuelo aparece en una escena de Los Soprano, cuando Tony está visitando las catacumbas de Nápoles, Italia; simplemente estaba en exhibición.


“Mis representantes están putamente exhaustos. Hemos pasado noches bebiendo y riendo al ver cuánto trabajo he hecho y que jamás ha visto la luz del día”.


El actor creció entre dos culturas, hablaba italiano en la casa y tenía la carga de un nombre largo e italiano, pero cuando “iba a Italia a visitar a mis primos, para ellos era tan estadounidense como el pie de manzana”, comenta. Fue un niño serio, probablemente se hizo más serio por lo que él describe como una infancia “nómada”, mudándose de ciudad en ciudad en Nueva Inglaterra por la carrera de su padre. Se dio cuenta de que quería ser actor después de ver a su primo en una producción de la Williams College de la obra de teatro de Jean Paul Sartre, A puerta cerrada. “Tenía como diez años”, comenta. “¿Qué carajos? No sé por qué eso resonó en mí”. Su dedicación a su arte no se disuadió por el hecho de que su debut en el escenario fue como un puercoespín en Winnie the Pooh. “En esa escena en la que todos los animales tiran de Pooh para sacarlo de un hueco, solo tenía que entrar con un traje de peluche, sacarlo del hueco y salir de escena. Eso era todo, pero estaba comprometido. Tiré de él con todas mis fuerzas”.

Pasó su bachillerato “yendo a los bosques a escuchar a Frank Zappa” con sus amigos de teatro “con camisas teñidas y el pelo largo”. Y pasó la universidad tratando de abrirse camino en las producciones de la prestigiosa Escuela de Drama de Yale. Un año después, tuvo su gran oportunidad al ser elegido para una producción de Broadway de Un mes en el campo junto a Helen Mirren. “Jude Law, Damian Lewis, Rufus Sewell y Billy Crudup, todos estaban en obras al mismo tiempo que yo, y todos destrozábamos Nueva York a la noche”, dice Nivola. “Nos encontrábamos en el Cafe Un Deux Trois para comenzar a beber, después íbamos a Alphabet City, y terminábamos en el apartamento de alguien hasta que saliera el sol, dormíamos todo el día, y luego volvíamos a hacer los shows. Así fue cada noche como por cinco meses, fue una de las épocas más emocionantes de mi vida”. Claramente por eso no duró. “Uno a uno, todas las producciones terminaron, y todos se fueron a Hollywood. Me quedé solo y pensé: ‘¿Qué carajos? ¿Dónde están todos? Bueno, supongo que yo también debería hacerlo’”.

En medio de todo eso, Nivola se ha establecido como un típico padre de Brooklyn, asentándose en el tipo de domesticidad que elude a hombres como Dickie. Junto a su esposa llegaron al barrio Boerum Hill hace 15 años, y sus hijos, ahora de 11 y 17 años, van a la misma escuela de arte en la que estudió Noah Baumbach. Fundaron la compañía productora King Bee, y tienen citas como antes. Las excursiones a Alphabet City son solo un recuerdo distante; “soy una persona nocturna obligada a levantarse temprano por mi esposa”, cuenta el actor. “La escucho despertarse a las 5:30 todos los días, y está lista. Desde que tengo a mis hijos, no puedo dormir hasta tarde. He construido gran parte de mi vida alrededor de ellos”.

Hace algunos años, comenzó a organizar su vida alrededor de un nuevo principio: no escogería sus películas basado en el personaje, sino en el director. Esto usualmente significaba aceptar papeles más pequeños en proyectos más ambiciosos, y fue un enfoque que lo llevó a trabajar con David O. Russel, Ava DuVernay, J.C. Chandor, Nicolas Winding Refn, y por último, el director de Many Saints, Alan Taylor. “Es muy proactivo”, comenta Taylor. “Lo llamaron para ser el protagonista romántico, el héroe amistoso, el tipo más jodido en toda la historia, y aparte de todo eso, también ser gracioso. Me dejó boquiabierto”.

De todas los papeles que ha interpretado, Dickie Moltisanti parece la culminación de algo profesional y personal, dándole a la oportunidad a Nivola de “mostrar diferentes aspectos que he puesto en otros personajes, pero no todo junto”, al tiempo que indagaba en el pasado de su familia. “Fue la primera vez que realmente indagué en la historia de mi padre, cómo fue su experiencia asimilando la cultura estadounidense. A mi papá siempre le fascinó oír las experiencias de otros inmigrantes, la gente que creció en los suburbios y tuvo que ser fuerte”. Su padre murió hace tres años, poco antes de que lo eligieran para el papel. “De todos los personajes que he hecho, sin duda este sería el que más le emocionaría”.

Así que fue particularmente frustrante cuando el 13 de marzo de 2020, mientras Nivola se preparaba para grabar las últimas cinco escenas de Many Saints, ya con su vestuario y todo, golpearon la puerta de su tráiler y le dijeron que cerrarían la producción. Terminó estancado en el campo inglés, donde la adaptación de su esposa de A la caza del amor de Nancy Mitford, fue una de las primeras producciones en retomar trabajo (“con pruebas, tapabocas y trajes especiales”); incluso sus hijos tenían papeles en la película. Mientras tanto, Nivola pasó sus días viendo el campo, esperando que su nueva vida como protagonista famoso volviera a comenzar, y básicamente “estaba perdiendo la cabeza”, dice. “Fue uno de los períodos más extraños y psicodélicamente molestos de mi vida, simplemente no podía soltarlo, sabía que no estaba terminado y no sabía qué pasaría cuando estábamos a un paso de la meta. Finalmente, en septiembre me dijeron: ‘OK, vuelve a Nueva York. Estamos juntando a la pandilla de nuevo’”.

Ahora que la película se va a estrenar, le pregunto si le preocupa un cambio de suerte y sobre lo que realmente significa tener el estatus de protagonista famoso. “No”, responde de inmediato. “No creo que mi vida vaya a cambiar tanto. Lo que sí estoy listo para cambiar es tener la oportunidad de trabajar con los mejores directores, en papeles realmente significativos”. Y ya hay algunos en el horizonte: aseguró una segunda comedia de David O. Russell, y está trabajando con Ethan Hawke para producir una película biográfica en la que interpretarán a los hermanos Louvin, un famoso dúo de country de los 50. Mañana viajará a Cleveland, donde sus hijos están grabando una película de Noah Baumbach, en la que él tiene una aparición (aunque no como su papá). Pero el verdadero momentum, el cambio en la rutina, apenas comienza. “Desde el momento en que me ofrecieron este trabajo, el cual fue un momento que cambió mi vida, hasta su estreno, ha sido como una maratón”, explica. “Tengo suerte de no haber muerto”. Claramente el destino tenía otros planes.