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El Conjuro: El diablo me obligó a hacerlo

Los esposos Warren vuelven para resolver un nuevo caso, en una cinta que puede pensarse como una acertada combinación entre Los archivos X, El exorcista y El resplandor
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Michael Chaves /

Patrick Wilson, Vera Farmiga, John Noble, Ruairi O’Connor

Cortesía de Warner

Para aquellos que no están familiarizados con la saga (y el universo extendido) de El conjuro, aquí va una rápida contextualización: En el 2013 James Wan, creador de esa otra exitosa franquicia del cine de terror llamada Saw, dirigió una película basada en los esposos Ed y Lorraine Warren, dos investigadores estadounidenses de fenómenos paranormales (él un experto demonólogo, ella una médium y clarividente) quienes, supuestamente, resolvieron numerosos casos reales, entre ellos el misterio de la famosa casa de Amityville. 

El éxito de esa primera cinta, llevó a una secuela obligatoria (tan taquillera como la anterior) y a una serie de películas derivadas, como lo son las tres entregas sobre la muñeca Annabelle (basada en otro renombrado caso de los Warren), la película de La monja (un producto decepcionante del que se tiene pensada una secuela) y La maldición de la Llorona (un spin-off de calidad que, tristemente, no tuvo mucho éxito).

Ahora estos Moulder y Scully retro, vuelven para una tercera parte de la serie canónica bajo el subtítulo de El diablo me obligó a hacerlo, la cual es tan aterradora, divertida y contagiosa como la oscura canción del mismo nombre interpretada por el grupo Golden Earring en 1983 (aunque, curiosamente, la canción que aquí se utiliza es la archiconocida Call Me de Blondie).

En esta ocasión nos encontramos en 1981 (las anteriores entregas se desarrollaron en 1971 y 1977, respectivamente). Los esposos Warren son partícipes de un exorcismo hecho a un niño de 8 años llamado David (Julian Hilliard). La secuencia inicial es todo un homenaje (¿o plagio?, en estos tiempos Post-Tarantino es muy difícil saber qué es qué) a El Exorcista, con todo y la escena en la que un sacerdote se acerca a la casa donde se encuentra el niño poseído.

El exorcismo es el detonante del nuevo caso: Arnie (Ruairi O’Connor), el noble novio de Debbie, la hermana mayor de David (Sarah Catherine Hook), le ruega al demonio que tiene poseído al niño que lo posea a él en su lugar. Acto seguido, el demonio se traslada de cuerpo y lleva a Arnie a cometer un brutal asesinato, de ahí el subtítulo.

Michael Chaves, el director de La maldición de la Llorona logra equiparar la calidad de las dos entregas anteriores que estuvieron a cargo de James Wan, haciendo que, sin recurrir a escenas grotescas de gore, el público salte de su silla una y otra vez. Y los referentes a los clásicos del horror no se agotan con El exorcista, ya que también se incluye un “homenaje” a El resplandor, la obra maestra de Stanley Kubrick (no es mera casualidad, que ambas cintas hayan sido producidas por los estudios Warner, por la misma época en la que los Warren hacían de las suyas).

Puede que la tercera parte de El conjuro peque de ser poco original y de empezar a sentirse repetitiva. Pero gracias a la química lograda entre Patrick Wilson y Vera Farmiga (ellos son el alma y el corazón de estas películas) y al enorme cuidado puesto en la dirección de arte, la música y la fotografía, los espectadores quedamos esperando por más. 

Hay más de cuatro mil casos registrados por los Warren, así que esta serie puede tener más vida que una muñeca poseída o una monja espectral.