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El rey de Staten Island entre lo trágico, lo cómico y lo humano

El comediante Pete Davidson confecciona un magnífico retrato de un joven perdedor, en una película basada en su vida personal y dirigida por ese maestro de la comedia humana conocido como Judd Apatow
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Judd Apatow /

Pete Davidson, Marisa Tomei, Bill, Burr, Bel Powley, Maude Apatow, Steve Buscemi, Moisés Arias

Pete Davidson exorciza a sus demonios en una tragicomedia que nos recuerda el trabajo de autores como Bob Rafelson y Hal Ashby.

Mary Cybulski/©️Universal Pictures

Para quienes recordamos esas estupendas tragicomedias dirigidas en los 60 por Hal Ashby (Harold and Maude, The Last Detail) y Bob Rafelson (Five Easy Pieces, The King Of Marvin Gardens) acerca de hombres perdidos en el camino efímero de la existencia, llega la nueva película de Judd Apatow (Funny People, This Is 40), el cual puede considerarse como el trabajo más maduro de su carrera. 

Su protagonista es Pete Davidson, miembro del elenco de Saturday Night Live, exnovio de la cantante Ariana Grande (ella lo referencia de manera ambivalente en dos de sus canciones), y quien recientemente logró un magnífico retrato de un perdedor en la comedia Big Time Adolescence. El rey de Staten Island es casi una película biográfica sobre el actor. Tanto el personaje de Scott Carlin como su intérprete Pete Davidson sufren de asma, déficit de atención, conductas depresivas y fueron diagnosticados con la enfermedad de Crohn (un trastorno intestinal inflamatorio crónico). Los padres de ambos fueron bomberos que murieron en el cumplimiento de su deber (el padre de Davidson murió en la tragedia del 11 de septiembre de 2001). Tanto Scott como Pete, a pesar de ser adultos, viven con sus respectivas madres, las cuales trabajan como enfermeras. Y los dos odian a Staten Island, pero no la pueden abandonar. Las diferencias (además de los nombres) están en que Davidson fue un perdedor que tenía el sueño de convertirse en comediante, y Carlin es un perdedor que tiene el sueño de convertirse en tatuador. 

El guion (escrito por Davidson, su amigo Dave Sirus y Apatow) le permite al actor utilizar la comedia para explorar los aspectos más oscuros de su psique, de sus relaciones y de su identidad (algo parecido hizo Apatow con Adam Sandler en la estupenda Funny People y con Amy Schumer en la divertida Trainwreck). Scott pasa el tiempo con su grupo de amigos conformado por Oscar (Ricky Vélez), Igor (Moisés Arias) y Richie (Lou Wilson) fumando marihuana, viendo películas como La purga y haciéndoles tatuajes de calidad cuestionable. 

Su eterna novia Kelsey (Bel Powley) le pregunta constantemente sobre el estado de su relación, pero Scott la evade con respuestas ocurrentes y demasiado sinceras. Su hermana Clair (Maude Apatow, hija del director) va a entrar a la universidad y se preocupa por el futuro de su hermano mayor. Y un intento fallido de tatuar a un niño lleva a que Ray Bishop (Bill Burr), el padre del infante, llegue a la casa de los Carlin para reclamar sobre el incidente, el cual toma por sorpresa y llena de ira a Margie, la madre de Scott (interpretada de manera sobresaliente por Marisa Tomei). 

Ray, también bombero y padre divorciado, se siente atraído por Margie y ella le corresponde. Los dos comienzan a salir y cuando su relación se vuelve seria, le piden a Scott que busque trabajo y un lugar para vivir, lo que lleva a este a declararle la guerra al excolega de su padre fallecido y futuro padrastro. Sin embargo, Scott termina acercándose a la estación de bomberos donde trabajaba su padre y que es liderada por el veterano Papa (interpretado por Steve Buscemi, quien fue bombero en la vida real). Es allí donde Scott se enfrenta a los recuerdos de su padre y comienza a darle dirección a su vida.             

El rey de Staten Island es una comedia que evita los chistes fáciles (es más, cada comentario está lleno de dolor), no teme abordar temáticas complejas y difíciles, y es atípicamente larga, cuando por regla general las comedias deben ser de muy corta duración. Pero ojalá que esto no espante a los espectadores, ya que se perderán un trabajo sensible, vibrante, que se preocupa por la humanidad de sus personajes, y que constituye un triunfo tanto para su actor protagonista como para su director.