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Ema

El chileno Pablo Larraín nos entrega una película oscura y salvaje, pero también desbordada de energía y vitalidad, la cual es protagonizada por una mujer que será muy difícil de olvidar
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Pablo Larraín /

Mariana Di Girolamo, Gael García Bernal, Santiago Cabrera, Giannina Fruttero

El director más vibrante y sugerente del cine actual nos vuelve a dejar estupefactos con una magnífica cinta acerca del reggaetón, la crueldad, una adopción fallida y una mujer embriagada de libertad.

Cortesía

El chileno Pablo Larraín, autor de Tony Manero, No, El club, Neruda y Jackie, regresa con una película de una exquisita factura y de un gran impacto emocional, acerca de una mujer llamada Ema.

Ema (interpretada magistralmente por Mariana Di Girolamo) es una bailarina pirómana con el pelo teñido de rubio, que mantiene una relación amorosa con el coreógrafo Gastón, su profesor de danza y un hombre doce años mayor que ella (un estupendo Gael García Bernal). 

A lo largo de la película, nos enteramos de que la pareja quería tener un hijo, pero Gastón es estéril. Por lo tanto, ambos deciden adoptar a un niño llamado Polo (Cristián Suárez). Sin embargo, el chico responde de una manera hostil, quemando el rostro de su tía adoptiva y metiendo al congelador a la mascota de la casa. Es así que Ema y Gastón deciden renunciar a su hijo, algo que los destroza como pareja y que afecta su espacio de trabajo. Ema, arrepentida de la decisión que tomó, decide hacer algo al respecto. 

Esta es una película que nos habla sobre una mujer que encarna a una nueva generación embriagada por la libertad, para la que no existen los límites como tampoco las contradicciones. Para esta generación, los adultos no merecen respeto, los amigos son amantes y los amantes son amigos, la discriminación sexual no existe y los rituales del baile y del sexo se yuxtaponen. El trabajo de Larraín está lleno de imágenes poderosas y del mismo modo que el lanzallamas de Ema destruye todo a su paso; el director pone a arder los conceptos tradicionales de familia, pareja, maternidad, conducta sexual, amistad y preferencias musicales. Ema es también un profundo ensayo sobre la crueldad inherente en todos los seres humanos. 

Tanto el personaje de Ema como la película de Larraín se rebelan contra el pasado (encarnado principalmente en Gastón) y tratan de aprender del aquí y el ahora. En esta película no hay juicios morales, como tampoco respuestas fáciles. Esta es una película que, como diría Chris Marker, funciona como un agente catalizador: conforma y agrupa fuerzas, opiniones y sentimientos para generar una fuerte reacción en los espectadores.