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Emociones de baja profundidad

Tom Hanks es el capitán que defiende una caravana de navíos ante los ataques de submarinos alemanes en una cinta de corte clásico, emocionante pero intrascendente
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Aaron Schneider /

Tom Hanks, Elisabeth Shue, Stephen Graham

Tom Hanks estaba triste porque Greyhound no pudo ser estrenada en cines.

Cortesía Apple TV Plus

Tom Hanks en una película ambientada en la Segunda Guerra Mundial. Esta es una premisa altamente atractiva. Greyhound está basada en la novela de 1955 El buen pastor, escrita por C.S. Forester (el autor de la saga de Horatio Hornblower).

El protagonista de esta historia es Ernest Krause (Hanks), un hombre con una larga trayectoria como oficial de la marina, pero quien ahora deja a su prometida (Elisabeth Shue en un brevísimo papel), para su primera misión en combate: encargarse de la capitanía del USS Keeling (nombre código Greyhound), un navío norteamericano con la misión de proteger a una caravana conformada por 37 barcos cargados de suministros para las tropas aliadas. 

Krause es un personaje de la ficción, pero su misión fue real: muchos barcos con provisiones fueron atacados por los submarinos alemanes durante la batalla del Atlántico en 1942, poco antes que los Estados Unidos entraran en la Segunda Guerra Mundial. 

La cinta dirigida por Aaron Schneider (su primer trabajo como director en once años, luego de la estupenda Get Low), es un trabajo con una atmósfera que nos recuerda a las viejas películas de guerra de los años cincuenta y sesenta (como Duelo en el Atlántico, Ataque submarino, Operación pacífico o Rumbo a Tokio). Y Tom Hanks es el actor perfecto para interpretar al capitán heroico, estoico y arquetípico que inspira confianza tanto en la tripulación que tiene a su cargo, como en los espectadores.

Greyhound es una emocionante cinta de muy corta duración que no deja tiempo para respirar. Pero al final, quedamos con la sensación de que hemos visto una película pequeña e intrascendente, que podrá satisfacer a los aficionados al cine bélico, pero que está lejos de alcanzar el estatus de “clásico de guerra”.