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Fragmentos de una mujer

El drama de una mujer que pierde a su hijo en el parto, se salva gracias a las magníficas actuaciones de todo su elenco, especialmente de su protagonista.
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Kornél Mundruczó /

Vanessa Kirby, Shia LaBeouf, Ellen Burstyn, Molly Parker

Cortesía de Netflix

El impresionante inicio de Fragmentos de una mujer, consiste en un plano secuencia de treinta minutos de duración (en realidad es una composición de seis tomas que parecen una), en el que Martha, la mujer del título, da a luz a su hijo en compañía de Sean, su esposo, y de Eva, una partera. El parto se lleva a cabo en el hogar de los esposos y, al parecer, todo está saliendo bien, pese a que Eva reemplazó a última hora a la partera que estaba acompañando a Martha y a Sam durante todo el proceso. Pero este es un drama y las cosas no terminan bien para la pareja.  

¿Estamos ante a un drama hiperrealista al estilo de las películas de los hermanos Dardenne o de Cristian Mungiu? Estos autores suelen tomar un fragmento de la vida de unas mujeres y de una manera muy cercana al documental (cámara en mano, ausencia de música ambiental), los espectadores nos acercamos a sus dramas y conflictos, ya sea la pérdida de un hijo o de un empleo (El niño, Dos días una noche), o un aborto clandestino, como también una violación antes de presentar un examen (4 meses, dos semanas y 2 días; Graduación).

Pero, después de que termina el plano secuencia falso, la película del director húngaro  Kornél Mundruczó (Johanna, Buscando a Hagen), toma otro rumbo. ¿Estamos ante un drama judicial en el que una pareja se enfrenta a la negligencia de una mujer que acabó con sus vidas? O ¿Estamos ante un drama psicológico que nos muestra la degradación de una relación de pareja ante una terrible situación que cambió para siempre sus vidas?

Si Fragmentos de una mujer se hubiera centrado en mostrarnos la tragedia de una pareja con la misma energía y franqueza que sus 30 minutos iniciales, la película hubiera logrado funcionar. Y si se hubiera atrevido a mostrarnos la historia de cada uno de sus protagonistas desde su punto de vista (la mujer, el hombre, la partera, la madre, la amante), tal vez hubiéramos entendido cuáles fueron las razones que llevaron a cada uno de ellos a hacer y decir lo que hacen y dicen en la segunda parte de la película. 

Pero lo cierto es que la cinta dirigida por Mundruczó y guionizada por su colaboradora recurrente Kata Wéber, nos desorienta por su falta de intención, pese a que está basada en las propias experiencias personales de sus gestores. La película también está basada en la obstetra húngara Ágnes Geréb, una fuerte proponente de los partos en el hogar, que fue enjuiciada luego de un parto que terminó en la muerte del infante. Pero tampoco llega a ser una cinta de denuncia o de debate frente a lo que significa tener a un niño en un ambiente especializado y frío como lo es un hospital, o tenerlo en el ambiente cálido, pero imprevisible y falto de recursos, como lo es el lugar de vivienda.

Sin embargo, este es un trabajo que se salva gracias a unas magníficas actuaciones. Vanessa Kirby, la actriz británica que se ganó un merecido respeto con sus interpretaciones en Un tranvía llamado deseo y Las tres hermanas, y quien se dio a conocer como la Princesa Margaret en las primeras temporadas de The Crown, y una mujer que no contaba con una experiencia previa como madre, nos convence con su interpretación de Martha, la cual se lleva a cabo desde las entrañas. Ella es el alma de la película y la mayor responsable del crudo realismo de la misma. 

Shia LaBeouf no puede estar mejor como el esposo, un obrero de buen humor, atento y amoroso con su pareja, que luego de la tragedia no sabe cómo descargar su rabia y resentimiento, especialmente con una suegra que nunca lo quiso. Y Ellen Bursrtyn, como siempre, nos entrega una actuación magistral como Elizabeth, la madre de Martha, una mujer con un pasado tan trágico o más que el de su hija, quien tampoco sabe que hacer frente a ella y ante su nuero, con el que no puede disimular una actitud cruel y despectiva, por no pertenecer a su círculo social.

Gracias a sus actores, Pieces Of A Woman deja de ser una película dispersa, para convertirse en el retrato de unas personas que se rompen en pedazos frente a las tragedias inherentes a la vida, pero que poco a poco intentan sanar, uniendo los fragmentos de su psique lastimada.