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Hasta que muera el sol

Dos jóvenes procedentes de las comunidades Térraba, Teribe y Salitre de Costa Rica y Panamá, nos comparten su visión de vida, sus tradiciones y su respeto por la naturaleza, en un documental etnográfico de bella factura
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Claudio Carbone /

Cortesía de Festival por los Derechos Humanos

La ópera primera del portugués Claudio Carbone, es un documental dirigido y bellamente fotografiado por él, que nos lleva al interior de las comunidades indígenas Térraba, Teribe y Salitre, ubicadas en Panamá y Costa Rica. Sus protagonistas son Adán y Byron, dos jóvenes Térraba, que nos muestran cómo es su vida cotidiana y cómo poco a poco, y de una manera al parecer inevitable, ellos, al igual que muchos otros jóvenes, están perdiendo su cultura, su identidad y sus tradiciones, así como sus tierras.   

Hasta que muera el sol nos muestra en paralelo las vidas de los dos amigos: Adán lucha con los Térraba de Costa Rica por recuperar sus tierras, Byron viaja a Panamá para encontrarse con sus familiares y amigos. A partir de los testimonios de Adán, Byron y otros miembros de las comunidades a las cuales pertenecen, sabremos sus opiniones sobre el respeto a la naturaleza (evidenciado en los árboles sagrados y sus prácticas en el cultivo del arroz), sobre lo efímero de la existencia humana en comparación con la vida en este planeta, y sobre la relación entre el hombre y la naturaleza, que chocan de una manera radical, con el capitalismo que se apodera y acaba con sus recursos.

Vale la pena mencionar una escena en particular, en la que varios nativos, vestidos con jeans y camisetas, cargan una pesada barcaza de madera, mientras beben en botellas de plástico. Dicha situación evoca inmediatamente al delirante cine de Herzog, el autor alemán de Fitzcarraldo y Aguirre, quien, en repetidas ocasiones, entremezcló las creencias míticas ancestrales indígenas, con el absurdo de la vida del hombre moderno y de espíritu colonizador de herencia europea.