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Hunters, la fantasía vengativa contra los nazis

La serie protagonizada por Al Pacino rescata las películas serie B de los 70
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Al Pacino y Logan Lerman en Hunters.

Amazon Studios

En el segundo capítulo de Hunters, un grupo antinazi liderado por Meyer Hoffman (Al Pacino), quien sobrevivió al holocausto, enfrenta a un excomandante de un campo de concentración que tiene una buena vida a finales de los 70 en Estados Unidos. El equipo de Hoffman rodea al nazi y le lee las atrocidades que cometió contra los judíos durante la Segunda Guerra Mundial. Es un momento escalofriante y poderoso por la seriedad que se siente.

Después Hoffman tortura al tipo mientras suena a todo volumen Long Tall Sally de Little Richard.

Bienvenidos a Hunters, una serie que vive en los extremos. Puede ser tranquila y meditativa en un momento, y al siguiente exagerada y sucia. Esa mezcla grindhouse puede ser adictiva, pero también parece el trabajo de alguien que solo ve películas de Tarantino. No es que sea tonta (sobre todo si se le compara con algo como The Man in the High Castle), pero depende demasiado en ese estilo que toma prestado. En la media temporada que estaba disponible para la crítica, no podía decidir si el show era realmente bueno o realmente malo, y a veces lo pensaba en la misma escena.

Producida por Jordan Peele y creada por David Weil, Hunters sucede en 1977 en una visión de Nueva York salida de películas, no tanto de la realidad. Los afros son grandes, la ropa es colorida, y la música disco y soul suena en la calle. En una escena, Jonah Heidelbaum (Logan Lerman), un joven judío cuya abuela estuvo en los campos de concentración con Meyer, se droga en Coney Island con sus amigos y termina haciendo una coreografía de Stayin’ Alive de los Bee Gees. No tiene ninguna conexión con lo que pasa, pero seguramente Weil y sus colaboradores son fanáticos de Saturday Night Fever.

Mientras Jonah intenta pasar su vida en medio de cómics y Star Wars, en lugar de entender su herencia judía, descubre que la guerra siguió a su abuela Ruth (Jeannie Berlin) y a Meyer hasta Estados Unidos, y que hay cientos (tal vez miles) de nazis infiltrados en el país. Depende del equipo de Meyer –compuesto por la hermana Harriet (Kate Mulvaney), una monja convertida en espía; el veterano de Vietnam Joe Torrance (Louis Ozawa); y la pareja experta en armas, Murray (Saul Rubinek) y Mindy (Carol Kane) – encontrarlos y detenerlos.

“El Talmud está equivocado. Vivir no es la mejor forma de vengarse”, le cuenta Meyer a Jonah. “¿Sabes cuál es la mejor venganza? La venganza”.

En esta serie pasa de todo. También hay un integrante del gabinete del presidente Jimmy Carter que en algunas tomas parece el Guasón, y una agente del FBI cuya investigación está relacionada con lo que hacen Meyer y Jonah. Es tanto que Weil decidió abrir Hunters con un episodio de 90 minutos que por momentos colapsa, pareciera que todas las ideas iniciales hubieran llegado al proyecto final. Hacia el cierre de la serie, los capítulos son más dinámicos y brillan con un estilo más claro.

Pero hasta el estilo puede ser demasiado, sobre todo cuando los nazis son castigados por el karma. El quinto episodio es tan intenso en la justica/tortura poética, que es necesario tomar después un descanso. Todos los homenajes y detalles que usa Weil cubren su intento por examinar sinceramente las atrocidades del holocausto y el dolor de sus supervivientes. En un flashback hay un campo de concentración en blanco y negro, hasta que aparece un objeto con color, como el abrigo de la niña en La lista de Schlinder. De repente deja de ser sobre el sufrimiento y se vuelve sobre su amor a Steven Spielberg.

La sola presencia de Pacino ya es una muestra de cariño a los 70, aunque su actuación tiene altibajos. Ese acento de Europa del este roza en lo caricaturesco, pero en general tiene un rol más sutil y efectivo teniendo en cuenta lo más reciente que ha hecho. El papel principal es en realidad de Logan Lerman, y mantiene el nivel a pesar de tener a una leyenda a su lado. De todas formas, quien ancla todo a un mundo real, el que hace que esta locura tenga algo de sentido, es Pacino.

Más allá de que Hunters esté imitando las películas series B de los 70 o mirándolas a través del filtro de Tarantino, muchas de sus influencias no terminan bien. Procede con precaución, y ten cuidado porque el volumen puede ser peligroso.