fbpx

Infinite

Algunas secuencias decentes de acción, un director experto y un buen equipo actoral no alcanzan a salvar a esta cinta mediocre sobre seres inmortales que habitan entre nosotros
Share on facebook
Share on twitter
Share on whatsapp

Antoine Fuqua /

Mark Wahlberg, Dylan O'Brien, Rupert Friend, Chiwetel Ejiofor, Tobey Jones

Cortesía de Paramount +

Antoine Fuqua es un director que ha demostrado su maestría en estupendas cintas de acción como lo fueron Training Day, Tears Of The Sun, The Equalizer y el remake de The Magnificent Seven. Pero también ha sido el artífice de películas mediocres a más no poder como Bait, King Arthur, Shooter o Brooklyn Finest. Tristemente, Infinite, su nuevo trabajo que se presenta en la plataforma Paramount+, pertenece al segundo grupo.

¿Qué hacen Mark Wahlberg, Chiwetel Ejiofor y Tobey Jones en una película como esta? Probablemente buscan obtener dinero para poder así financiar sus propios proyectos personales de mejor calidad, algo que también puede aplicarse a su director. 

Los amantes del clásico de culto ochentero Highlander salivarán ante la premisa de Infinite, la cual es una adaptación de la novela The Reincarnationist Papers de D. Eric Maikrantz.  Por siglos, un grupo de personas obtienen la inmortalidad reencarnando una y otra vez y recordando sus vidas pasadas. Dichos seres inmortales se dividen en dos grupos: Aquellos que luchan para beneficio de la humanidad (los “infinitos”), y aquellos que desean liberarse de su pesada carga, buscando acabar con el mundo para ponerle fin al ciclo de reencarnación (los “nihilistas”). Esto se acerca demasiado a la cinta de Russell Mulcahy sobre seres inmortales buenos y malos enfrascados en una lucha sin fin. 

Pero la falta de originalidad no se detiene aquí, ya que esta película también guarda unas peligrosas similitudes con The Matrix, The Fifth Element y la reciente The Old Guard, en la Ejiofor también interpretó al villano. Evan McCauley (Wahlberg), un paciente diagnosticado con esquizofrenia, es en realidad un “infinito”, que por alguna razón no recuerda sobre sus vidas pasadas. Y él es “el elegido” para salvar la humanidad, ya que es el único que sabe dónde se encuentra un poderoso dispositivo en forma de huevo que puede acabar con toda la vida terrestre. Bathurst (Ejiofor), el líder de los nihilistas, antiguo compañero de andanzas y ahora enemigo de McCauley, está buscando el huevo para activarlo. El problema es que McCauley no recuerda donde ocultó el arma en su vida anterior.

Probablemente estamos ante la peor película del grupo de cintas mediocres dirigidas por Fuqua. Los efectos especiales, las secuencias de acción y el elenco de actores no son suficientes para atraer nuestro interés o generar un ápice de emoción. Además, la cinta está plagada de diálogos insulsos, humor flojo y descuidos en la historia (mientras que McCauley es apoyado por un grupo de “infinitos”, Bathurst al parecer está solo y no encuentra apoyo de los otros “nihilistas”, sino de un grupo de sirvientes, esbirros y empleados.

Los personajes secundarios están desperdiciados: Porter, el investigador de los “infinitos” encarnado por Tobey Jones, desaparece en un abrir y cerrar de ojos; y Artisan, el neurólogo desquiciado, encarnado por un, gracioso como siempre, Jason Mantzoukas, desaparece para darle paso a los malos chistes del personaje de Wahlberg. Y aunque la calidad de la fotografía, la dirección de arte y de las escenas de acción características de Fuqua, se encuentran aquí, no logran ocultar los lugares comunes, la torpeza y el cansancio de Infinite.