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La inconveniente memoria de Héctor

El olvido que seremos es la primera película colombiana en ganar un premio Goya a mejor película extranjera
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El tipo ideal para el trabajo. Javier Cámara, un actor a quien nunca se le desdibuja la sonrisa. Fernando Trueba, maestro pro vocación.

Cortesía producción El olvido que seremos

Se trata de la adaptación cinematográfica de una novela de Héctor Abad Faciolince, en la que expone la pasión por la vida y las memorias del asesinato de su padre, el médico y activista Héctor Abad Gómez. La adaptación estuvo a cargo del maestro español Fernando Trueba, quien había regalado sistemáticamente el libro a sus amigos por considerarlo una lectura apasionante, aunque en sus adentros lo consideraba una obra inadaptable. Tras una invitación a Colombia, Fernando compartió con la familia Abad, pensó que esa adaptación solo sería posible si lograba reclutar a Javier Cámara, un actor con el que habían trabajado previamente; según Fernando, él tenía un parecido a Abad que no solo era físico.  

Hablamos con Javier y Fernando sobre algunas ideas que recorren la película de Caracol Cine y Dago García Producciones, que finalmente llega a las pantallas colombianas en un momento de agitación social en el que podríamos pensar que si Héctor viviera, estaría en las calles junto los jóvenes que ponen su integridad y sus vidas en peligro para manifestarse en contra de un sistema que consideran equivocado y criminal.

Fernando, la película documental de Daniela Abad, sobre su abuelo Héctor Abad, Carta a una sombra, ¿te ayudó a descifrar esa adaptación imposible? Lo digo porque su estructura se proyecta en la película, más claramente que la de la novela.

F: La película de Daniela nos ayudó a entender mejor el personaje y a comprender un libro que creíamos inadaptable, fue lindo tenerla en el equipo a mi lado para hacer la inmersión. Teníamos que empaparnos. Así fue con la historia de Medellín, de Colombia, de esta época. Buceamos en sus archivos, fotos, charlas, conversaciones con todo su entorno. Entramos en el mundo de Héctor. El libro te da los recuerdos de Héctor, el hijo, y la película no puede ser eso porque yo no soy su hijo y debo hacer una película desde fuera. Había que empaparse de todo para luego empezar a hacer una película.

Cortesía producción El olvido que seremos

Javier, ¿prefieres un director que te trace un camino claro o a alguien que, como Héctor Abad (con respecto a sus estudiantes), te ponga a dudar?

J:  Normalmente llegas a una película y ni siquiera conoces a la persona con la que te vas a acostar en la cama, no hay presupuesto y tiempo para hacer mucho trabajo previo. El trabajo actoral tiene que ver con esa predisposición a la aventura, es importante confiar en el director y saber que acompañas al director, las películas son suyas. No hay nada más gratificante que un director que te pide ayuda, que te hace participe y te permite poner en la piel del personaje tu apuesta.

He trabajado con directores en mi país que no te permiten cambiar una frase, una coma. Mi primera vez con Pedro Almodóvar me asustó, pensé que si  los directores jóvenes eran así, este tótem iba a ser insoportable. En un momento tuve problemas con una frase, me preguntó, “¿Y cómo la dirías tú?”, y así la hicimos. Cuando más tienes experiencia, más te das cuenta de que este es un trabajo de equipo.

Fernando, ¿qué nos puedes contar sobre esa idea presente en la película sobre “pensar en libertad”?

F: Si el pensamiento no se ejerce en libertad, no es pensamiento. Es otra cosa. Te convierte en una marioneta. En épocas remotas, donde se usaban la religión y los mitos, no solo para dirigir a la tribu sino para controlarla, se le decía a la gente qué pensar. La libertad es una conquista tardía del género humano. Se la debemos a algunos pensadores y dramaturgos griegos, y luego a mucha gente a lo largo de la historia de la Humanidad. En ese sentido Héctor Abad Gómez es un hombre de la ilustración. Es un pensador, aunque no juegue con ideas, salvo cuando educa a sus hijos. Él va a cosas muy concretas, no va de ideología o política, va a hechos muy concretos: vacunas, agua potable, necesidades educativas, medicina social, medicina preventiva. Va a cosas reales que eventualmente pueden generar un conflicto político porque siempre hay fuerzas interesadas en que esas condiciones nunca cambien. Su intención no es política, es ayudar a la vida.

La narración visual a cargo del cinematografista Sergio Iván Castaño nos sumerge en un relato atemporal, la sensación de intimidad y calidez lograda es uno de los elementos clave, imprime la calidad de una producción internacional a una cinta con gran peso dramático en una historia local. Cortesía producción El olvido que seremos

¿Y cómo relacionas esto con algo presente en la película, que es enseñar a los niños a comprender el horror?

F: Uno de los aspectos más importantes de la película era contar una educación. El proceso a través del niño y de las hijas, el niño por ser el más pequeño que va recibiendo toda esa información y cariño. Ese cariño y alegría, ese amor a la vida son parte de la educación. Este hombre siempre estaba riendo, en el 90 % de las fotos estaba con una carcajada en la que se refleja su pasión por la vida. Esa fue una de las cuestiones decisivas en la elección de Javier, había un parecido externo y algo interno que es más importante. Nadie más reúne esas dos cosas, la alegría era fundamental. Sin eso era un retrato equivocado, para mí retratar esa educación era algo fundamental.

Si hay una película que me lleva a ser cineasta es El pequeño salvaje de Truffaut, que es la crónica de una educación, sobre un médico que educa a un niño que es encontrado en un bosque. A mis 15 años me definió a ser cineasta, con El olvido que seremos estaba dando continuidad a eso que está en el origen de mi vocación. Mi mujer siempre me dice que si no me hubiera dedicado al cine habría sido maestro, porque me encanta hablar con los niños, con los jóvenes. No sabes lo que he disfrutado con Nico y Luciana, los más pequeños en esta película, lo que he reído…

Fernando, háblanos de esa idea de una muerte hermosa que Héctor Abad verbaliza en un pasaje de la película.

F: Creo que no hay nada hermoso en la muerte. Picasso pidió que le llevaran a su cama papel y lápiz para seguir dibujando un rato antes de levantarse, cuando regresaron había muerto y los papeles estaban esparcidos a su alrededor. Eso puede ser una muerte hermosa, la muerte violenta no puede ser hermosa, lo hermoso es que este hombre no se arruga. Es consciente del peligro, pero eso no cambia lo que él cree que debe hacer. Lo hermoso es su responsabilidad, su coherencia vital con el sentido del deber.

En la muerte de Martha (hija de Héctor Abad) hay cierta idealización, encontré unas fotos de ella siempre sola, triste, y esas fotos tenían una especie de misterio que me llevaba a indagar en esos ojos y esa cara. De repente decidí introducir una escena que no está en el libro o el guion, y que está inspirada en esas fotos, es como una home movie. La hemos visto a ella bien, cantando una canción feliz, que luego en la película se convierte en un lamento. Una voz que se apagaba, cerramos su personaje con esas dos versiones de Ruby Tuesday.

Cortesía producción El olvido que seremos

Javier, ¿cómo fue trabajar con este personaje? ¿Te paraste del lado de la conciencia de la muerte o del de una persona que vivió intensamente la vida?

J: Fernando intentó hacer una película llena de vida, llena de luz, y llena de amor porque sabía cuál era el final. Cuando la viuda de Héctor vio la película le dijo que se reía porque veía esas escenas y sabía que eran así, así había sido su vida. De repente se quedó quieta y se paró, porque sabía cuál era el final. Fernando es un hombre que no es religioso, y cree que esta es la única vida que tenemos y que hay que disfrutarla; este hombre la vivió a fondo.  El olvido que seremos es un libro escrito entre lágrimas y dolor, pero lleno de recuerdos y de afectos. Es una paradoja entre el recuerdo y el olvido que nos lleva a pensar en que la muerte no será real mientras nos permitamos recordar a nuestros seres queridos.