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La Llorona

El mito de La Llorona es utilizado por el director guatemalteco Jayro Bustamante para contar una historia de terror que habla sobre la maldad que asfixia a la familia de un General acusado de cientos de torturas, violaciones y asesinatos
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Jayro Bustamante /

María Mercedes Coroy, María Telón, Margarita Kenéfic, Julio Díaz

Cortesía de Shudder

El mito latinoamericano de La Llorona plantea la historia de una mujer cuyos hijos murieron ahogados y que, como un espectro fantasmal, deambula por los pueblos y ciudades asustando con su llanto. Este personaje que se remonta a la época precolombina, hace parte del folclor de México, Colombia y Guatemala, y sobre sus orígenes se proponen tres enfoques: El primero presupone que los hechos ocurrieron realmente (una mujer ahogó a sus hijos y, por medio de la tradición oral, el suceso se convirtió en leyenda); el segundo propone una fusión de mitos con hechos reales (la diosa Cihuacóatl, quien en la mitología azteca es la recolectora de las almas, se fusiona con el personaje histórico de La Malinche, una mujer que traicionó a su pueblo para ganarse el favor de Hernán Cortés); y el tercer enfoque se aproxima a la historia de La Llorona como una alegoría que habla sobre la violencia hacia los indígenas, producto de la conquista y la colonización española.

Estos tres enfoques son apropiados, desarrollados y actualizados por el director guatemalteco Jayro Bustamante en su tercer largometraje, que bien podría considerarse como la versión cinematográfica definitiva sobre el personaje (La maldición de La Llorona, cinta perteneciente al universo de El Conjuro, es su predecesora más cercana). 

La historia escrita por Bustamante y Lisandro Sánchez, se centra en el General Don Enrique, un anciano al que se le acusa de innumerables violaciones, torturas y muertes al pueblo indígena guatemalteco (un personaje inspirado en las dictaduras de Chile, Argentina y la misma Guatemala). Enrique es enjuiciado y declarado culpable de sus crímenes, pero como suele ocurrir, el juicio es declarado nulo por falta de pruebas y queda en libertad al día siguiente. Es así que el General, quien sufre de problemas de salud asociados a sus pulmones, pero que nunca deja de fumar, es llevado a su mansión protegido por su escolta Letona (Juan Pablo Olyslager) y en compañía de su esposa Carmen (Margarita Kenéfic), una mujer que ha decidido no creer y dar la espalda a las atrocidades de Don Enrique; de su hija Natalia (Sabrina De La Hoz), una madre soltera cuya pareja desapareció misteriosamente; y de su nieta Sara (Ayla-Elea Hurtado). 

Todos los sirvientes indígenas del General han decidido renunciar, excepto la fiel Valeriana (María Telón), una mujer que fue traída de pequeña por el mismo Don Enrique a su hogar y que posiblemente es la medio hermana de Natalia. La falta de empleados y el encierro causado por los cientos de manifestantes que rodean la casa del General, hacen que Valeriana busque una nueva empleada que la apoye y ella es Alma (María Mercedes Coroy), una enigmática joven que entabla amistad con Sara y que es vista con ojos de lujuria por Don Enrique.

Con un manejo de cámara y un ritmo pausado y perturbador que nos recuerda a El resplandor de Stanley Kubrick, la cinta de Bustamante nos va introduciendo a las apariciones, los llantos, la humedad y las pesadillas que empiezan a envolver esta familia confinada y asfixiada en su hogar (la influencia de las películas de horror japonesas como El Aro, El grito y Aguas oscuras es también evidente). Pero lo que hace que esta versión de La Llorona sea realmente aterradora, es la negación, la violencia, el machismo y el racismo que, como el moho de las paredes de la mansión del General, todavía pulula en el interior de muchas familias acomodadas de nuestros países.