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La mala noche

Una prostituta drogadicta que trabaja para pagar un costoso tratamiento de su hija enferma, decide vengarse de su proxeneta y rescatar a una niña víctima de la prostitución infantil
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Gabriela Calvache /

Noëlle Schönwald, Cristian Mercado, Jaime Tamariz

Cortesía de Festival por los Derechos Humanos

En 1913, la película silente Traffic In Souls de George Loane Tucker, fue el primer largometraje norteamericano que trató el tema de la prostitución, con una historia, en clave de suspenso, acerca de una joven mujer que busca a su hermana, y quien es secuestrada por un tratante de blancas. El tremendo éxito de esta cinta de bajo presupuesto, que explotó una situación real la cual hacía parte de los titulares de prensa en ese entonces, fue una parte crucial de la consolidación de los estudios Universal y desató una serie de películas similares, con títulos como Gambling With Souls, Main Street Girls, Secrets Of A Model, conformándose lo que hoy se conoce como las películas de Sexploitation.

Años más tarde, a finales de la década del setenta, una serie de cintas con títulos como I Spit On Your Grave, Mrs. 45, The Last house On The Left y Thriller – A Cruel Picture, protagonizadas por mujeres abusadas brutalmente y que buscan venganza y retaliación hacia sus agresores, combinaron la violencia gráfica e imágenes sexualmente sugestivas, conformando un subgénero cinematográfico denominado como gorno (término que fusiona las palabras gore y porno).

Ahora, la directora ecuatoriana Gabriela Calvache nos presenta su primer largometraje argumental que fusiona ambos géneros, en una cinta cruda y sombría titulada La mala noche, en la que su protagonista es una mujer que se hace llamar Dana (interpretada por la actriz colombiana Noëlle Schönwald), que trabaja como prostituta para mantener su drogadicción, pagar un costoso tratamiento médico para su hija enferma (la cual vive con su abuela), y cumplir con una deuda que tiene con Nelson (Jaime Tamariz), su proxeneta que ahora se dedica al comercio sexual infantil.

Pilar, quien se camufla bajo el nombre de Dana, siempre se muestra alegre y amorosa con sus clientes, pero detrás de su fachada esconde una gran depresión y un pasado lleno de abusos y crueldad. Uno de los hombres que solicita con frecuencia sus servicios es Julián (encarnado por el actor boliviano Cristian Mercado) un médico divorciado y padre de una niña, quien se muestra cariñoso con ella y que expresa unos sentimientos protectores que van más allá de sus encuentros sexuales. 

Paralela a la historia de Dana, se nos muestra como una niña de unos ocho años quien ha perdido a su mamá, es secuestrada por una empleada de Nelson (una mujer embarazada, ni más ni menos), para sus propósitos nefastos. Cuando Dana va al encuentro de Nelson, el cual está disgustado con ella por el atraso de sus pagos, se da cuenta de la presencia de la niña, y es en ese momento donde planea su venganza y, al mismo tiempo, una operación de rescate.

Es en ese momento cuando la cinta pierde su rumbo, y en vez de centrarse en la disociación de una mujer que fracasa como madre, pero que de alguna manera logra ser funcional trabajando como prostituta, se desvía para convertirse en una especie de gorno con todo y escenas de ultraviolencia.