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La maldición de la caja calavera

Dos actores caídos en desgracia, protagonizan otra película más basada en el juego Escape Room, que es tan mala como sus predecesora
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Peter Dukes /

Skeet Ulrich, Sean Young, Christine Donlon, Randy Wayne

Cortesía de Global Genesis

Con cuatro años de demora se estrena en salas de cine la tercera película basada en el Escape Room, un juego de estrategia presencial en el que un grupo de jugadores es encerrado en  una habitación, en donde deberán solucionar misterios y acertijos para conseguir escapar antes de que finalice el tiempo disponible, el cual es casi siempre de una hora (La película del 2017 que se estrenó bajo el título en español 60 minutos para morir, es mucho peor que esta, pero la versión del 2019, es mucho mejor que las dos anteriores y se espera una secuela para el 2022).   

Como las tres películas en cuestión se llaman originalmente Escape Room, las personas encargadas de darle nuevos títulos en nuestro idioma a las películas extranjeras (¿Quiénes serán?), llamaron a este esperpento El misterio de la caja calavera, para evitar confusiones.

Aquí, Skeet Ulrich (algunos lo recuerdan por su gran parecido a Johnny Depp y por su participación en Scream y The Craft), interpreta a Brice, el dueño de un Escape Room llamado Deranged, que está tan mal como la carrera del galán noventero. Para darle algo de sabor a la experiencia, Brice recurre a una tienda de antigüedades administrada por Ramona, quien es encarnada por Sean Young, otra actriz en uno de los momentos más bajos de su carrera, quien le advierte al empresario que puede comprar todo lo que necesite, excepto una misteriosa caja calavera (el prólogo de la cinta nos muestra a dos musulmanes intentando deshacerse del maldito artefacto de una manera infructuosa). ¿Adivinen qué? Brice hace caso omiso de la advertencia de Ramona y se lleva la caja a su Escape Room con desastrosas consecuencias.    

Dos parejas deciden ir a Deranged para jugar un poco y dentro del cuarto se encuentra un hombre enmascarado que hace de actor. Cuando uno de los jugadores abre la caja en busca de pistas, se escapa la maldición que convierte al actor en un asesino enmascarado de verdad. Es así que los cuatro jugadores tendrán que usar de su ingenio para salir con vida. En unas manos expertas, esta cinta pudo haberse convertido en un escalofriante ejercicio de claustrofobia tipo Don’t Breathe, o por lo menos, en una ingeniosa comedia desquiciada al mejor estilo de Evil Dead. Pero no es así. El primer largometraje de Peter Dukes, luego de realizar varios cortometrajes de terror que dejan mucho que desear (Sweet Madness, The Goblin, Little Reaper), demuestra su falta de talento en una cinta sobre un juego que, debido a la pandemia, probablemente tenga un destino muy similar al de sus protagonistas.