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La mano del demonio

El cine ruso de terror muestra señales de redención con esta cinta sobre hongos, caballos antropomorfos, niñas fantasmales, curanderas ligeras de ropa y delincuentes invasores de hogares.
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Aleksey Kazakov /

Semyon Serzin, Marina Vasileva, Aleksandra Revenko

Cortesía de Cineplex

Ya es algo redundante afirmar que el cine de terror proveniente de Rusia es de pésima calidad. Sin embargo, la película Sputnik llegó para convertirse en la excepción a la regla (no es una obra maestra, pero claramente está muy por encima de esas cintas de pacotilla con títulos como La sirena, La novia o Baba Yaga).

De una forma inexplicable, estas películas han logrado atraer al público masivo (¿gusto por el camp? ¿simplemente pésimo gusto?), y de ahí que lleguen a nuestro territorio como una invasión de Vodka barato de contrabando (antes de que termine el año se estrenarán otras tres películas de terror rusas). 

Con un título como La mano del demonio, el espectador ya puede esperar una hora y media de tortura masoquista (por lo menos estas cintas son cortas). Pero lo cierto es que la película dirigida por Aleksey Kazakov no se llama así (su título original Pobochnyi Effekt traduce al español Efecto secundario), llega a ser soportable y bien puede pensarse como un capítulo flojo de Dimensión desconocida o de Cuentos de la cripta.

En esta cinta, conoceremos a Andrei (Semyon Serzin), un arquitecto, y a Olga (Marina Vasileva), una cantante. La joven pareja ve su vida interrumpida de manera trágica e intempestiva, cuando un grupo de delincuentes entra a su casa a robar y termina abusando sexualmente a la mujer. Andrei logra escapar y corre en busca de ayuda, dejando sola a Olga. 

El suceso acaba con la relación, más aún cuando el embarazo de Olga se ve malogrado por el terrible acontecimiento. Es así que Andrei acude a una especie de curandera sexy llamada Ved’ma (Aleksandra Revenko) para que lo ayude a recuperar a su pareja. La bruja en cuestión, quien posee poderes mentales, es experta en hongos y le gusta desvestirse en frente de sus clientes, le ofrece a Andrei un hongo especial para que se lo administre de manera secreta a Olga en un postre. Supuestamente, el hongo la hará olvidar de todo lo ocurrido. 

Pero todos sabemos desde Fausto, lo que significa hacer pactos con el diablo (o con una bruja exhibicionista). Como era de esperarse, Andrei va a obtener su merecido por intentar enmendar su relación de la manera fácil y asimismo, descubriremos la agenda secreta de Ved’ma, quien en realidad no desea ayudar a sus clientes, ya que sus fines son tan perversos como egoístas. La dirección de arte y las actuaciones en La mano del demonio son mejores de lo que acostumbra ofrecer el cine de terror ruso. Pero la imperdonable falta de ritmo y de contundencia, no le permite alcanzar el estatus de “buena película”. Ojalá que las próximas cintas de terror rusas vayan más por la línea de Sputnik y La mano del demonio, que por la línea de las ya mencionadas Baba Yaga y La sirena. Pero lo cierto es que, con este cine ruso, el pobre Andrei Tarkovski bien debe estar revolcándose en su tumba.