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La monstruosidad del racismo golpea a la pantalla chica con Lovecraft Country

La creadora de la serie, Misha Green, y sus protagonistas, Jonathan Majors y Jurnee Smollett, nos contaron de esta nueva serie de terror
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Majors y Smollet en Lovecraft Country.

Cortesía HBO

Hace dos años Jordan Peele recibió el Óscar a mejor guion original por Huye, su ópera prima que se llevó los aplausos de la industria por contar una historia de terror entretenida con una crítica directa al racismo. “Creo que hubiera sido muy difícil hacer esta serie si Huye no hubiera salido. Marcó el camino para poner a más personas negras en espacios dominantes”, dice Misha Green, guionista, creadora y directora de Lovecraft Country, la nueva serie de HBO que se estrenará el próximo 16 de agosto.

Al igual que Peele, Green tomó el racismo que ha visto y vivido en Estados Unidos, y lo plasmó en una historia de terror, solo que acá hay dos grandes amenazas: el racismo y los monstruos. ¿Cuál es peor? “Hablamos mucho sobre ponerlos en el mismo nivel”, aclara la guionista. “Lo que Matt Ruff hizo en su libro fue tomar a los monstruos como una metáfora del racismo en Estados Unidos”.

El show está inspirado en la novela del mismo título que Ruff escribió en 2016, una historia en la que une el terror de los textos de H.P. Lovecraft con el racismo durante la época de las leyes Jim Crow, es decir, la legislación en la que se basaba la segregación racial en Estados Unidos que estuvo vigente entre 1876 y 1965.

La historia de Lovecraft Country sucede en los años 50 y sigue a Atticus Black (Jonathan Majors) y Leti Dandridge (Jurnee Smollett) en un viaje por carretera para encontrar a su padre. “Tuve que investigar bastante para preparar este papel y vi muchos paralelismos”, confiesa Smollett. “Conocer más acerca del racismo sistemático sobre el que se ha construido este país, y que todavía debe ser desmantelado, me ayudó conectarme con muchas partes del guion (…) Hay héroes que han buscado acabar con la supremacía blanca, y en 2020 seguimos en esa lucha”.

Majors, por su comparte, dice que un monstruo está impulsado por un sistema que busca aterrorizar o destruir. “Pero es distinto cuando el monstruo tiene tu mismo cuerpo y lo único diferente es el color de piel. Eso es una locura”, dice. “Quedas confundido, y la confusión lleva a la angustia, y eso aumenta tu adrenalina. De repente, estás en una película de terror. Por eso yo diría que los racistas con mucho más aterradores que cualquier Cthulhu”.

La serie estaba tan clara en la mente de Green, que en el guion de cada capítulo había una lista de fuentes por investigar, sobre de todo de películas y libros. Huye, El resplandor y Horror en Amityville no podían faltar, pero a lo largo de los 10 capítulos hay mucho más que sustos y guiños a los clásicos del género. Hay episodios que beben de cintas de aventura como Indiana Jones o de ciencia ficción, y que funcionan para darle un descanso a los monstruos.

“Misha tiene el talento de mantener diferentes tonos en una narrativa, así que pudimos explorar un montón”, dice Smollett. “Fue muy divertido porque la serie juega con diferentes géneros y los reconstruye de una forma muy radical”.

A pesar de este cambio de narrativa a lo largo del show, la oscuridad siempre está presente, pero eso no quiere decir que no sea algo real. Majors explica que “lo que vivimos en la historia, son cosas que pasan a diario, están en el ADN de la experiencia afroamericana (…) fue lo que vivieron nuestros ancestros”.

La apuesta de HBO por este show es gigantesca. Green revela que el productor de diseño contó 162 sets, y la cantidad de efectos visuales son una muestra de la evolución que ha tenido la televisión en la última década. Que a la cabeza de todo esto, además, esté una mujer afroamericana contando una historia de racismo, únicamente genera aplausos.

Si hace unas semanas destacábamos una historia cruda sobre el abuso sexual en I May Destroy You, con Lovecraft Country siguen hablando las voces oprimidas. El tamaño de la producción es el vehículo para entregar un mensaje más grande, que cobra más fuerza en estos tiempos donde se pide una mayor equidad, pero que siempre será necesario escuchar mientras el racismo siga pudriendo el mundo.

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