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La purga por siempre

La quinta entrega de este popular híbrido entre el terror, la acción y la ciencia ficción distópica, se convierte en una gran sorpresa, ya que su espíritu, energía, tensión y subtexto político, nos recuerda a las mejores películas de John Carpenter
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Everardo Gout /

Ana de la Reguera, Josh Lucas, Tenoch Huerta, Will Patton

Cortesía de Universal

La quinta parte de la saga de La purga (sin contar la serie de televisión), bien puede equipararse a la séptima parte de Pesadilla sin fin: Una grata sorpresa al final de una franquicia que ya estaba mostrando signos de cansancio. 

Para aquellos que no saben mucho sobre este híbrido entre el terror, la acción y la ciencia ficción distópica, la premisa es la siguiente: En los Estados Unidos del futuro se lleva a cabo por directriz del gobierno, una “celebración” anual conocida como la Purga, en la que todo acto delictivo (robo, violación, asesinato) se legaliza por un período de 12 horas.

La primera parte del 2013, protagonizada por Ethan Hawke, se enfoca en lo que los fanáticos del terror denominan Home invasion, ese tipo de películas que aprovecha nuestro temor de que un grupo de personas desalmadas, irrumpa en la tranquilidad y seguridad de nuestros hogares para hacer de las suyas. En la segunda entrega, conocida como The Purge: Anarchy, se nos muestra a un grupo que se resiste a la purga y el terror pasa a un segundo plano, para darle paso a la acción sangrienta. La Purga: El año de la elección es quizás la entrega más inteligente de la saga, la cual nos muestra las intenciones oscuras del gobierno estadounidense inherentes a la purga (control de población que beneficia a la élite norteamericana). Y la cuarta parte es una precuela que nos cuenta cómo surgió la idea de la purga.

Ahora, Everardo Gout, un director entrenado en la televisión con series como Here On Earth, Luke Cage, Mars y Snowpiercer, se hace cargo de la quinta parte escrita por su creador James DeMonaco, la cual nos ofrece una serie de premisas interesantes: ¿Qué sucedería si los grupos racistas, xenófobos y amantes de las armas que habitan en los Estados Unidos, deciden enfrentarse a las autoridades y continuar con la purga más allá de las 12 horas reglamentarias para acabar con todos aquellos a los que consideran indeseables? Y ¿Qué pasaría si México y Canadá, quienes no practican la purga, deciden abrir sus fronteras para que los estadounidenses cansados de tanta violencia encuentren refugio como inmigrantes? 

La cinta comienza con sus dos protagonistas, una pareja de esposos mexicanos conformada por Adela (Ana de la Reguera) y Juan (Tenoch Huerta), quienes han decidido abandonar su país e ingresar a los Estados Unidos por un sistema de túneles ilegal, que también es usado por los carteles de la droga para llegar a Texas. Acto seguido, Adela ha encontrado un próspero empleo, trabajando en la industria del procesamiento de carne, y Juan se ha convertido en uno de los mejores vaqueros en el rancho de los Tucker, una familia conformada por el padre Caleb (Will Patton), los hijos Dylan (Josh Lucas), Harper (Leven Rambin) y Cassie, la esposa de Dylan (Cassidy Freeman), quien se encuentra próxima a tener un bebé. 

Dylan siente envidia de la habilidad del vaquero mexicano y Juan sospecha que su empleador es una de esas personas que cree que los inmigrantes han llegado a Estados Unidos para acabar con el “modo de vida americano”. Llega el día de la purga y pasan las 12 horas, pero las cosas se salen de control y los Tucker deberán confiar en Adela y Juan, quienes los ayudarán a escapar a México y encontrar allí paz y refugio.

Gout, canalizando a John Carpenter y sus cintas de acción y terror (especialmente Asalto en el precinto 13 y Escape de Nueva York), confecciona un escalofriante western ciberpunk pleno de tensión, el cual también toma prestados elementos de clásicos como Rio Bravo y Mad Max. El resultado es una maravillosa cinta que posee el espíritu, la energía y la libertad de las mejores películas clase B y que no teme hacer una denuncia directa a las políticas de ultraderecha, las cuales, tristemente, se hacen cada vez más fuertes, no solo en los Estados Unidos, sino en todo el mundo.