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La realidad de los opioides llega a la televisión con Hightown

Hablamos con Amaury Nolasco sobre su personaje en la nueva serie de STARZ
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Amaury Nolasco como Frenkie Cuevas en Hightown.

Cortesía STARZ

Antes del coronavirus y de los millones de desempleados, en Estados Unidos ha pasado, casi de agache, otra crisis que también ha cobrado miles de vidas: la de los opioides. No ha tenido el impacto mediático de otros casos, pero ha estado ahí por años. En 2017, Dropkick Murphys cantó del tema a ritmo de punk en su disco 11 Short Stories of Pain & Glory, y Flea, bajista de Red Hot Chili Pepers, habló de su experiencia personal en una columna en la revista Time.

Si algo no sale en los medios, tarde o temprano el arte y la cultura le dan el lugar que se merece. Esto es lo que hace Hightown, la nueva serie de STARZPLAY que se estrena el 17 de mayo. La detective Jackie Quiñones (Monica Raymund) encuentra un cuerpo en la bahía de Cape Cod, en Massachusetts. A partir de ese punto, Quiñones se adentra en el bajo mundo de la crisis de los opioides, que acá tiene a un capo que maneja los hilos desde la cárcel, Frankie Cuevas (Amaury Nolasco).

Frankie es de esos personajes extraños que pueden ser siniestros y hacer cosas horripilantes, pero al mismo tiempo tiene un encanto que hace que sea imposible odiarlo. Ahí es fundamental el papel del actor. Desde su casa en Los Ángeles, Nolasco habló con ROLLINS STONE sobre la serie y su papel.

¿Qué te llamó la atención de Hightown y de Frankie como personaje?

Te voy a ser honesto. Ojalá pudiera decirte que fue decisión mía, esto fue una decisión de papá Dios que me lo puso en las manos. Mucha gente me conoce por el papel de Fernando Sucre en Prison Break, y yo creo que jamás pensaron que volvería a hacer un programa en el que estaba en la cárcel. Pero te puedo decir que así como me sentí súper orgulloso de haber sido parte de esa serie, que fue un programa que con 24 cambiaron lo que era la televisión en su momento, cuando me llegó este libreto, lo leí y me enamoré.

Cuando uno se encuentra con una libretista como Rebecca Cutter, con guiones de este calibre, como actores sencillamente tenemos que decir las palabras y salir del medio. Es algo increíble. Me cayó esta oportunidad, leí el libreto, me enamoré y tuve que hacerlo.

Hay gente que me dice que por qué quiero hacer otro programa en el que estoy en prisión, pero es que no es Fernando Sucre, es otra persona totalmente diferente. Soy básicamente el titiritero, tengo el master plan, como decía el Chapulín Colorado: “Fríamente calculado”.

Es un tipo que te cae bien, puede ser tu amigo, pero, como decimos aquí, “You don’t wanna fuck with him”, no te lo quieres cruzar. Está súper enamorado de su mujer, pero tiene un imperio, y el imperio va ante todo. Tiene un hijo que es su adoración y haría lo que sea por él y por mantener su imperio.

Me dieron la audición, tuve que trabajarla y ganármela, como cualquier otro actor. No fue algo me lo ofrecieron, sino que me lo gané.

Ya que hablas de Fernando Sucre. Estos personajes que están en la cárcel, que tienen una libertad limitada, que no se pueden mover como otros que están afuera, ¿qué le aportan a una serie? Porque no es lo mismo tener un programa en el que todos pueden andar por una ciudad, a tener un personaje importante en un espacio limitado.

Fíjate, yo lo veo como si fuera un tigre enjaulado, una pantera enjaulada. Es interesante porque no sabes lo que esa pantera puede hacer en libertad, por fuera del cautiverio. Eso me ayuda a mí como personaje, el estar enjaulado, a motivarme a hacer otras cosas. 

Dicen por ahí que la necesidad es la madre de la invención. Cuando te ves en una posición en la que no tienes muchos recursos, recurres a lo que sea para sobrevivir. Frankie es el máster en la cárcel, es su templo, su castillo. Él tiene a todo el mundo, maneja ese sistema. Como actor, que tampoco tengo esa libertad, me da para crear algo y darle esos detalles, que me parecen súper interesantes, para completar a Frankie.

Tu personaje, además, tiene todo este negocio de los opioides, que en Estados Unidos es una crisis inmensa. ¿Qué tanto influyó esa realidad en la preparación para el personaje y para el rodaje?

Yo vengo de una familia de médicos. Mi papá, mi mamá y mi hermano son médicos, y yo me gradué de biología. Pero mira lo interesante. Cuando me cae el programa, yo había escuchado de algo de los opioides, pero no le había prestado atención a esto de lo que es pentinol u oxycotin. No sabía que era una crisis.

Te voy a dar una analogía bien pequeñita. Cuando tú te vas a comprar un carro, y te fijas en el que vas a comprar, de repente comienzas a verlo con más frecuencia. Porque antes no le habías puesto atención, pero cuando ya estás buscando el que quieres, lo comienzas a ver más. Eso me pasó con los opioides.

Al leer el libreto y de lo que se trataba, decidí estudiar y ver qué es lo que está pasando. Comienzo a leer, a ver, y cada vez que abría el periódico o prendía el televisor, me daba cuenta de que veía más de los opioides. Ahí supe que es una crisis enorme. Y creo que mucha gente no se está dando cuenta que esto está destruyendo familias. Es algo que te puede pasar a ti, a mí, a cualquiera.

Supongamos que mañana te tienen que sacar las cordales o que jugando baloncesto te jodiste la rodilla y hay que operarte el ligamento. Automáticamente te dan estos opioides para contrarrestar el dolor. Esta es la parte en la cual, si tu tienes una predisposición a la adicción, te puede llevar y te quedas, papá. Es un problema muy serio. Creo es la causa número uno de muertes por drogas en Estados Unidos.

Una de las cosas que me encanta de este programa es que está poniendo el problema en el spotlight.

¿Cómo fueron esas primeras reuniones en las que se sientan con el elenco a leer los diálogos alrededor de una mesa?

Fue algo muy lindo. Primero que nada, si no lo he dicho lo diré como 30 veces, el libreto es espectacular. Rebecca Cutter ha hecho un trabajo magnífico como escritora. Para un actor es como si le dieras plastilina a un niño para jugar; ella nos dio juguetes. Esa primera lectura fue interesantísima. Yo había conocido a la que es mi novia, la madre de mi hijo, porque yo audicioné con ella para ver si teníamos química. Era la única.

Hasta que nos reunimos todos es que nos conocemos con el resto del elenco. Ya es diferente porque estás escuchando la voz del actor, unas palabras que solo habías escuchado en tu mente. Ahora ves que alguien les está dando vida. Además todos son tremendos actores.

Yo jugué tenis toda mi vida, y mis mejores juegos fueron con gente que era de un calibre mayor. Me encantó porque aquí veo tremendos actores, que respeto muchísimo. Me ha encantado tener esa oportunidad. Siempre bromeo porque mi personaje está la cárcel, entonces no interactúo con muchos de ellos, solo con los que vienen a visitarme. Pero esa energía cuando nos unimos todos, fue muy linda.

Me acuerdo el primer día, llegó el jefe Jerry Bruckheimer, que es un productor reconocidísimo, y yo jamás pensé que viniera. Yo jamás pensé que él fuera a estar aquí en una lectura, qué carajos. Cuando entró J.B. por esa puerta, todo el mundo pensó “holy shit”. Cuando el jefe está aquí, es porque esto tiene valor, tiene un peso y es su bebé. No tienes idea, está pendiente de todo.

Mi hermano, escúchame, desde Prison Break yo no me he sentido tan orgulloso de un programa. He tenido la oportunidad de hacer otros, de los cuales haces porque hay que comer, hay que pagar la casa, hay que mantenerte; estoy seguro que has tenido que hacer entrevistas o escribir artículos de cosas que tú dices, “Bueeeeeno, no es lo que quisiera hacer, pero vamos”. Yo espero que esta no sea una de ellas [carcajadas], pero no importa.

A lo que voy es que este es un programa del que estoy extremadamente orgulloso de ser parte. Tengo ganas de que el mundo vea esto.