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Fotografía por Norman Jean Roy

La revolución de Pantera Negra

Chadwick Boseman y Ryan Coogler relatan cómo hicieron la película de superhéroes más innovadora de todos los tiempos

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Hace un par de años Chadwick Boseman actuó en una película, no muy buena, llamada Dioses de Egipto. Pero además del bajo nivel de la cinta, esta también se hizo infame por “blanquear”, es decir, por representar antiguas deidades africanas con actores blancos de Escocia, Dinamarca y Australia. Boseman, el único líder negro, interpretó a Thoth, el dios egipcio de la sabiduría e inventor de las matemáticas. Antes de que la película saliera, un entrevistador le preguntó a Boseman acerca de la crítica, y él le respondió que estaba de acuerdo con ella, tanto así que había aceptado el papel para que el público viera al menos un dios de ascendencia africana. “Así es”, añadió con seriedad. “La gente no hace películas de 140 millones de dólares en donde los protagonistas sean negros o morenos”.

Dos años marcan una gran diferencia. Porque ahora tenemos a Pantera Negra, una película de 200 millones de dólares protagonizada por actores negros y morenos. La cinta estaba haciendo falta. Stan Lee y Jack Kirby crearon a Pantera, el primer superhéroe negro, en 1966, pero solo apareció en la pantalla grande 50 años después, cuando Boseman sobresalió en Capitán América: Civil War. Ahora, después de una década de películas del universo cinematográfico de Marvel protagonizadas por un número demográficamente desproporcionado de actores blancos, el mundo finalmente tiene su primera película de un superhéroe africano. “Es un momento de cambios trascendentales”, dice Boseman. “Todavía recuerdo la emoción de la gente al ver Malcolm X. Y esto es más grande, porque también incluye a otra gente. Todo el mundo viene a ver las películas de Marvel”. Y no está exagerando. La cinta rompió un récord de preventa de boletas para las películas de superhéroes, y la prensa hablaba de un estreno de 165 millones de dólares; mejor que cualquier película (no secuela) de Marvel, excepto Los Vengadores, y posiblemente suficiente para estar en el top 10 de los mejores fines de semana de estrenos de películas de todos los tiempos.

Una lectura rápida: Boseman interpreta a T’Challa, el rey de la nación ficticia africana de Wakanda (la civilización más rica y tecnológicamente avanzada de la tierra) y a su alter ego, Pantera Negra, un guerrero afrofuturista con poderes sobrehumanos encargado de proteger a su pueblo. Según el jefe de Marvel Studios, Kevin Feige, Boseman era su única opción para el papel. Cuando lo llamaron estaba listo. “Dijo que sí por teléfono”, recuerda Feige. “No lo dudó”.

Hasta ahora, Boseman, de 41 años, era más conocido por hacer películas biográficas, en las que interpretó a una serie sin precedentes de importantes íconos afroamericanos: Jackie Robinson (42), James Brown (Get On Up) y Thurgood Marshall (Marshall). De cierto modo, Pantera Negra era el siguiente paso (es Thurgood Marshall con garras de vibranium y un jet). Boseman había querido interpretar al personaje durante años y tenía un diario desde 2012. “Es una escogencia perfecta”, dice el director Ryan Coogler. “Su físico, su personalidad reservada, el hecho de que se ve más joven de lo que es y una sabiduría que sobrepasa sus años”.

“La interpretación de Chad fue maravillosa”, dice Michael B. Jordan, quien hace el papel de Killmonger, su antagonista. “No podría imaginarme a nadie más”.

Unas semanas antes del estreno de la película, Boseman trata de relajarse con un té de menta en el café hipster en donde solía escribir cuando era un aspirante a guionista recién llegado de Nueva York. Está vestido completamente de negro, excepto por unos tenis de gamuza y un collar con los colores panafricanos (rojo, dorado y verde). Es alto y delgado, tiene unos elegantes dedos largos y nudillos de boxeador (Coogler dice que a veces entrenaban en el set para llenarse de energía). Uno de sus puntos fuertes como actor es fijarse en todo con intensidad y serenidad, al igual que en la vida real. (“Lo veo todo”, dice Boseman.) Cuando habla es reflexivo y minucioso.

De cierto modo, Boseman es un personaje divertido para ser una estrella de cine de acción. Es “90 por ciento” vegano, a veces menciona intelectuales afrodescendientes radicales como Yosef Ben-Jochannan y Frantz Fanon, y dice que se pone ansioso en el escenario o delante de las multitudes (“¿Ir a un programa de entrevistas? Dios mío. No”). Pero también sabe que él es un medio para algo más grande: “Sinceramente creo que hay una verdad que el mundo necesita saber en un determinado momento. Y por eso la gente está entusiasmada con Pantera. Este es el momento”.

Es un momento decisivo para los afroamericanos y Hollywood. El elenco cuenta con grandes talentos; además de Boseman y Jordan, están Angela Bassett, Forest Whitaker y varios actores de ascendencia africana inmediata, incluyendo a Lupita Nyong’o de Star Wars (que creció en Kenia), a Danai Gurira de The Walking Dead (que fue criada en Zimbabue) y a Daniel Kaluuya de ¡Huye! (cuyos padres emigraron a Inglaterra desde Uganda). Y no es solo la primera película de superhéroes con un elenco predominantemente negro, también es la es primera con un director negro, escritores negros, trajes y diseñadores de producción negros, y un productor ejecutivo negro. Algunos grupos comunitarios están alquilando teatros enteros para proyectar la cinta; la gente está haciendo campañas de financiación para que niños afrodescendientes de pocos recursos puedan ver la película.

“Estábamos haciendo una película sobre lo que significa ser africano”, dice Coogler. “Fue un espíritu que todos trajimos a ella, sin importar la ascendencia. El nombre código del proyecto era Motherland. Todos aprendimos sobre África”.

El poder de la pantera “Recuerdo la emoción de la gente al ver Malcom X. Y esto es más grande”, dice Boseman.
De izquierda a derecha: Nakia (Lupita Nyong’o), T’Challa/Black Panther (Chadwick Boseman) y Okoye (Danai Gurira). Fotografía por: Film Frame.. © Marvel Studios 2018

“Es una producción enorme y se necesita mucho dinero y mano de obra para crear todo este mundo africano”, dice Boseman. “Pero esto no es Star Wars, ¡es una película de un superhéroe negro!”. Por un lado, él aún no puede creer que esté sucediendo. Pero, por el otro, ¿por qué no debería suceder? Además, dice Boseman, “¿Qué significaría si no ocurriera? Estaríamos afirmando que hay una segunda clase en las películas de Marvel. Una ciudadanía de segunda clase”. Para Boseman, el color de la película es inseparable de su atractivo. “Algunos actores afrodescendientes dirán que no quieren interpretar a un personaje solo porque es negro”, comenta. “Y eso es genial, no estoy diciendo que estén equivocados. Pero eso es perder toda la riqueza que ha sido blanqueada”.

El actor habla apasionadamente sobre la lucha de los actores negros por un buen material (“Muchas veces la humanidad de los personajes negros es inexistente”) y de la doble moral de Hollywood cuando se trata de identificar nuevos talentos afrodescendendientes (“Todos los años los agentes vuelan a Australia para encontrar al próximo gran actor blanco. Pero ¿hasta dónde van a viajar para encontrar al próximo talento negro?”).

“Están sucediendo cosas grandes”, admite Boseman. “Si piensas en Barry [Jenkins], Ava [DuVernay] y Ryan, este es un renacimiento del cine negro. Pero todavía no es suficiente. Es cuestión de números. Si tienes 15 oportunidades, yo tengo tres. Si tienes nueve oportunidades de equivocarte, yo tengo una. Todos sabemos que si te equivocas, tu carrera se acaba. Veo la intensidad. Veo cómo es Ryan. Si tienes un fiasco, nunca trabajarás en esta ciudad de nuevo”. Se ríe. “¡Puedes corregirme si estoy equivocado!”.

Dejamos el café, y Boseman sube a la parte trasera de una Escala de rumbo a Larry King Now. “Déjame llamar a mi madre rápidamente para no meterme en problemas”, comenta. El actor habla con su madre y le pregunta qué se va a poner en el estreno. Luego siguen hablando durante unos minutos acerca de una función de la película para 150 niños en su ciudad natal y se despide de ella diciéndole que va a una entrevista.

Boseman creció en Carolina del Sur, en una pequeña ciudad llamada Anderson. Su madre, Carolyn, era enfermera; su padre, Leroy, trabajaba en una fábrica textil y tenía un negocio de tapicería. Todavía viven allí. Chad, como lo llaman (“En realidad no sé por qué mi mamá eligió Chadwick… es un nombre raro para un hombre negro”), es el menor de tres hijos. Su hermano del medio, Kevin, es bailarín y cantante, y ha estado de gira con la producción de El Rey León y con la compañía Alvin Ailey. Su hermano mayor, Derrick, es predicador en Tennessee. “Creo que es bautista”, dice con timidez. “Les acabo de dar dinero, pero no recuerdo qué escribí en el cheque”.

El racismo era parte de la vida. Su distrito escolar todavía era segregado hasta unos años antes de su nacimiento. “Me decían ‘nigger’”, recuerda. “Veía camiones con la bandera confederada camino al colegio. No estoy diciendo que ocurriera todos los días, pero había gente que aún tenía esa tradición”.

EN UNA MISIÓN Coogler y Boseman en una de las locaciones el año pasado. “Estábamos haciendo una película sobre el significado de ser africano”, dice Coogler.

En el verano de 2015, dos semanas antes de que un supremacista blanco les disparara a nueve feligreses en una iglesia de Charleston, Carolina del Sur, Boseman, que se encontraba rodando Captain America: Civil War, en Atlanta, manejó a casa para ver a su familia. “Mis primos me contaron y me advirtieron que había manifestaciones del KKK en un parqueadero. Eso quiere decir que no es algo del pasado”.

Boseman era un chico tranquilo que amaba el dibujo y quería ser arquitecto. También jugaba baloncesto, y era lo suficientemente bueno como para ganarse una beca en la universidad. Pero durante su primer año de bachillerato, un chico de su equipo fue asesinado a tiros. Boseman enfrentó la tragedia escribiendo una obra llamada Crossroads, en respuesta al incidente, y la presentó en el colegio. Se dio cuenta de que le gustaba contar historias. “Sentí un llamado”, dice. “De repente, jugar baloncesto ya no era tan importante”.

Decidió presentarse a estudiar dirección en Howard, la universidad históricamente negra de Washington, D.C., cariñosamente conocida como La Meca. En su libro Between the World and Me, el escritor Ta-Nehisi Coates —contemporáneo de Boseman en Howard y, casualmente, escritor de los comics de Pantera Negra— la llama “el cruce de caminos de la diáspora negra”, donde “vástagos de aristócratas nigerianos en trajes de negocios se saludan con chichos calvos de chaquetas deportivas moradas”. Boseman lo devoró. Consiguió trabajo en una librería africana y viajó a Ghana. También aprendió sobre cierto superhéroe africano.

“En una universidad históricamente negra te empiezas a interesar por lo más importante de esta cultura… John Coltrane, James Baldwin, Pantera Negra”, dice. Boseman tomó clases adicionales de actuación para mejorar su dirección. Uno de sus profesores era Phylicia Rashad, conocida también como Clair Huxtable en El Show de Bill Cosby. Se convirtió en su mentora. “Ella hacía obras de teatro en D.C. y yo iba a verla, y luego me llevaba a casa y me hablaba”, dice. “Se preocupaba por sus alumnos”. Rashad tiene buenos recuerdos de Boseman. “Chad era un chico delgado de ojos grandes, sonrisa cautivadora y buenos modales”, dice. “Tenía grandes aspiraciones. Nunca me pidió que le presentara a alguien, quería hacer todo por sus propios méritos”.

Mientras tomaba la clase de Rashad, Boseman y algunos de sus compañeros se presentaron a un programa de verano en Oxford para estudiar teatro. Fueron aceptados, pero no tenían dinero para ir. “Ella nos ayudó”, dice Boseman. “Logró que algunos de sus amigos famosos nos pagaran la matrícula”. (“No diré quién me pagó, pero no fue Bill Cosby”).

Mientras estaba en Oxford, estudió el canon occidental: Shakespeare, Beckett, Pinter. “Pero siempre sentí que los escritores negros eran igualmente clásicos”, dice. “Es igual de difícil hacer obras de August Wilson, y las historias que está contando también son épicas”.

Después de graduarse, Boseman se trasladó a Bed-Stuy, en Brooklyn, donde se adentró en la escena del teatro hip hop de Nueva York escribiendo y dirigiendo obras con estrellas de rap y coros de beatboxing. “Lo que Hamilton está haciendo ahora”, dice con orgullo, “nosotros lo estábamos haciendo hace 15 años”. Para ganar un dinero extra, también les enseñaba actuación a los niños del SchomBurg Center, una biblioteca de investigación negra en Harlem. (“Estaba muy orgulloso y satisfecho por eso”, dice Rashad). Eventualmente comenzó a tener apariciones en los shows habituales —Law & Order, CSI: NY, Cold Case— antes de su gran oportunidad interpretando a Robinson en 42. Pero en general siempre buscó proyectos que tuvieran el mismo peso emocional que sintió cuando tenía 17 años y una bala se llevó su amigo e inspiró su primera obra.

Llega la pantera
La creación de Stan Lee y Jack Kirby, T’Challa apareció por primera vez como invitado estrella en Los cuatro fantásticos, luchando contra un ejército de mercenarios que buscaban explotar los recursos de su patria en África.

“Hacer esto tiene que tener algún significado para mí”, dice Boseman. Porque así fue como comenzó”.

Cuando Boseman obtuvo el papel de Pantera Negra, una de las primeras cosas que hizo fue pedirle a su padre que se hiciera una prueba de ADN. Quería saber más sobre sus raíces. “En AfricanAncestry.com especifican el grupo étnico del que uno proviene, sin limitarse exclusivamente al país”. (Para clarificar: Yoruba es de Nigeria, Limba y Mendé son de Sierra Leona, y Diola es de Guinea-Bissau). Dice que también rastreó su linaje americano tanto como pudo. “Para ir más lejos”, dice con una sonrisa irónica, “tendría que ir a los registros de propiedad”.

Boseman se basó en una amplia gama de influencias de la vida real para T’Challa: Shaka Zulú y Patrice Lumumba, discursos de Mandela y canciones de Fela Kuti. Leyó acerca de los guerreros masáis y habló con un babalawo yoruba. Para sus escenas de peleas se formó en artes marciales africanas: boxeo dambe, lucha con palos zulú y capoeira de Angola. También viajó dos veces a Sudáfrica para su investigación, y allí, en Ciudad del Cabo, un músico callejero le dio un nombre xhosa: Mxolisi, o “Pacificador”. “Creo que fue su forma de decirme: ‘Como afroamericano, sé que estás desconectado de tus ancestros, de tu cultura y tus tradiciones, esta es mi forma de darte la bienvenida de nuevo’”, dice Boseman.

Lo más importante para él fue el acento. En la cinta, los wakandanos hablan esencialmente xhosa, uno de los idiomas oficiales de Sudáfrica, y cuando hablan inglés lo hacen con el acento de esa lengua. “Tuve que luchar por eso”, dice Boseman. “Sentía que no había ninguna posibilidad de hacer la película sin un acento. Pero tuve que convencer al estudio de que no debíamos temerle a eso”. Mi argumento era que acostumbráramos al público en los primeros cinco minutos —que les diéramos subtítulos o lo que necesitaran— y ellos seguirían el acento del mismo modo en el que sucede con el acento irlandés o cockney. Todo el tiempo vemos películas en donde esto ocurre”, dice. “¿Por qué de repente se piensa que no podemos seguir un acento si es africano?”.

Kirby llevó a su icónica creación a un emocionante recorrido de ciencia ficción al estilo de los 70.

Desde luego, también estaba Obama. Cuando se concibió la idea para una película de Pantera Negra, un afroamericano era presidente de EE. UU. “Creo que, de cierto modo, su presencia le abrió la puerta”, comenta Boseman. Del mandatario tomó prestado el concepto de “un líder que no va a responder a la crítica; el tipo de persona que puede guardar silencio y mantener su polo a tierra”. También dice que él y Coogler hablaron sobre el vibranium —el metal de gran valor que le proporciona la riqueza y la destreza tecnológica a Wakanda— como una especie de arma nuclear. “Es algo parecido”, dice. “¿Quién preferiría usted que recibiera la llamada a las tres de la mañana? Prefiero que sea alguien como Obama o T’Challa que… alguien más”.

Eso nos lleva a hablar de Trump: según Boseman, ¿cuál sería la reacción de T’Challa —el monarca del reino más avanzado de África— después de las declaraciones del presidente sobre algunos “países de mierda” de África? Boseman sonríe (el año pasado dijo que Trump le estaba dando una voz a la supremacía blanca). “Me encantaría responder”, dice. “Pero no quiero desgastarme en eso”.

Unos días más tarde se estrena Pantera Negra a nivel mundial en Los Ángeles. Es como si la mitad de los afroamericanos de la industria de Hollywood estuviera allí: Don Cheadle comiendo palomitas de maíz en el balcón, Laurence Fishburne subiendo las escaleras, Donald Glover con un traje brillante color mandarina, Jamie Foxx con una camiseta que dice “Wakanda forever”. Cuando la película se proyecta hay ovaciones, lágrimas y risas. Es una celebración. La gente se siente conectada.

Esa misma semana Coogler trata de asimilar todo en un hotel de Beverly Hills. “Los estrenos son abrumadores”, dice. Esos días estaba pendiente de los casi 50 miembros de su familia (entre ellos su abuela y otros ancianos) que venían a ver la cinta desde San Francisco. “Tenía la mente saturada”, dice.

Se ha hablado mucho del hecho de que Coogler sea el primer director negro en una película de Marvel, pero poco se ha hablado de su edad. Solo tiene 31 años, una corta edad como para dirigir una película de este calibre. Es el cineasta más joven que hemos contratado, dice Feige, de Marvel. “Su talento es impresionante”. Las dos películas anteriores del prodigio —Estación Fruitvale de 2013, sobre el asesinato de Oscar Grant, un afroamericano desarmado al que la policía le disparó por la espalda en una estación de metro de Oakland; y Creed, de 2015, acerca de un joven boxeador que crece en un reformatorio y aprende a canalizar su enojo en el ring— fueron bien recibidas por la crítica y tuvieron éxito en taquilla, algo que ratificó que Coogler daba la talla. Pero Jordan, que protagonizó ambas películas, dice que todavía era como una fantasía estar en el set de una película de 200 millones de dólares con el mismo director que hace cinco años estaba rodando una película independiente de 900 mil dólares con cinta pegante y una cámara”.

Por su parte, Coogler ha dicho que estaba demasiado estresado para disfrutar el momento. “Pero todos los días veía algo nuevo y quedaba asombrado. No podía creer que en realidad estuviera haciendo algo así”.

“No sé si alguna vez has oído a James Cameron hablar de Titanic?”, dice. “He visto sus entrevistas y siempre comenta que hizo la cinta porque quería explorar el océano. Lo que realmente le apasionaba era sumergirse en altamar y buscar naufragios, y por eso vio al Titanic como una oportunidad para hacer eso, ganar dinero y tal vez sacar una película. Cameron logró hacer una cinta increíblemente exitosa como resultado de su curiosidad.

Christopher Priest fue el primer escritor negro de Pantera. Su historia fue clave en la creación de película.

Pantera Negra de Coogler trata muchos temas: familia, responsabilidad, padres e hijos y el poder de las mujeres aguerridas. Inmigración, fronteras, refugiados. Lo que significa ser negro, africano, un ciudadano del mundo.

Pero también es una película sobre EE.UU., aquel país de la sentencia mínima obligatoria y el comercio transatlántico de esclavos. Se trata de cómo, en palabras de un personaje, “los líderes han sido asesinados y las comunidades se han llenado de drogas”. Y se trata —en las crudas palabras de otro personaje— de “mis antepasados que saltaron de los barcos porque sabían que la muerte era mejor que la esclavitud”.

Cuando Coogler estaba creciendo en Oakland su padre trabajaba en una correccional en San Francisco. “Se llama YGC, centro de orientación juvenil”, comenta. “Es donde los menores están encarcelados. Y es una mierda. Al cumplir 21 años, Coogler también trabajó allí. “San Francisco es una ciudad predominantemente blanca y asiática”, dice. “pero vas allí y solo vez niños negros e hispanos. Los ves enfrentando condenas que no tienen sentido. Estos chicos no tienen oportunidades”. Algunos de los problemas con los que Coogler comenzó a lidiar en YGC se convertirían en temas de sus dos primeras películas: familias rotas, abusos policiales, carcelarios y escasez de oportunidades para la juventud negra. Estos también aparecen en Pantera Negra. Principalmente a través del personaje de Jordan Killmonger, un miembro de la familia real de Wakanda que fue abandonado y creció huérfano en Oakland e ingresó a la Armada, para luego convertirse en un asesino que regresa a su país ancestral con el fin de derrocar a T’Challa y usar las riquezas y las armas de Wakanda para provocar un levantamiento racial internacional. “De donde vengo, cuando los negros iniciaban una revolución, nunca tenían armas o recursos para luchar contra sus opresores”, dice. Su plan es armar a los afrodescendientes en todo el mundo, “para que puedan alzarse y matar a quienes tienen el poder”.

Al igual que Boseman, Jordan basó a Killmonger en figuras de la vida real: Malcolm X, Marcus Garvey, Huey P. Neutonio, Fred Hampton, Tupac Shakur. “Un joven negro de Oakland que creció en medio de la opresión, sin padres y siendo parte de este sistema”, dice Jordan. “Al ser afroamericano entendí la rabia de Killmonger, y cómo pudo llegar a hacer lo que tuvo que hacer por cualquier medio necesario”.

Para Boseman, Killmonger y T’Challa son dos caras de una misma moneda. No tanto como Malcolm y Martin —porque T’Challa también está en pie de lucha–, pero algo similar. Radicalidad versus diplomacia, revolución versus paz. “Esas ideas, ese conflicto… he tenido esa conversación casi toda mi vida”, dice. “Pero en realidad nunca sucedía en un escenario donde se pudiera escuchar. El hecho de que lleguemos a tener esa conversación y que la gente llegue a escucharla teniendo que lidiar con ella es lo que hace que esta película sea muy diferente”.

En otras palabras, disfrute su película del superhéroe negro. Pero prepárese para enfrentarse a 500 años de opresión sistemática. “Mucha gente ha comprado boletas, pero realmente no estaba esperando eso”, dice Boseman con una sonrisa.

Después de un largo día de promoción, Boseman se relaja en un bar de hip hop cerca de West Hollywood. Está con Logan Coles, su compañero de redacción y amigo cercano de Howard, y con Addison Henderson, su amigo y entrenador. Están aquí para celebrar: Además de la película, la mujer de Coles tiene ocho meses de embarazo de su primogénito. “Está a punto de estallar”, comenta Boseman levantando su copa de tequila: “¡Por la nueva vida!”.

Mientras el DJ pone Tupac y Nas, los tres hablan de lo que viene en el futuro. Sin duda veremos más de Pantera Negra cuando se una al Capitán América para defender al mundo de una invasión alienígena en Avengers: Infinite War. Pero Boseman parece más emocionado de volver a escribir. Él y Coles están a punto de empezar a trabajar en un guion sobre un ministro y activista antipandillas de Boston, a quien Boseman espera interpretar. También están puliendo un guion que escribieron titulado Expatriate, que trata de un secuestro de un avión en 1970 y cuya cinta será dirigida por ganador del Óscar, Barry Jenkins (Moonlight).

En 2016 Ta-Nehisi Coates comenzó a escribir una aclamada versión del cómic. “Lo que ha hecho con Pantera es formidable”, dijo Coogler en ese momento. “Es mi escritor favorito”. Ilustración por: Brian Stelfreeze

Boseman tiene mucho por hacer. “Hay miles de historias en nuestra cultura que no se han contado porque Hollywood no creía que fueran viables”, dice. “Sería increíble ver historias de figuras africanas que no se han visto. Como los africanos en Europa o los moros en España. Si vas a Portugal, tienen estatuas de gente negra en todos lados. No solo hemos estado aquí”, dice Boseman, “también hemos afectado directamente a todo lo que uno considera europeo”.

“Es increíble”, dice Coles. “Recuerdo cuando nos sentábamos en un café en Bed-Stuy y no teníamos dinero para el café. Sin embargo, conocíamos al dueño y él nos regalaba sopa y nos quedábamos hasta tarde escribiendo guiones. Aunque nunca pensamos en nada de superhéroes”.

La mesera trae otra ronda y Boseman propone otro brindis. “¡Por ver la película y por saber que es buena!”. Antes de despedirnos Boseman cambia de opinión. Está hablando del viaje a Oxford y de la celebridad que le dio el dinero a Rashad. “Después de que volvimos, recibimos una carta del benefactor”, dice. “Denzel me patrocinó”. Sí, ese Denzel. “Estoy seguro de que él no sabe”, dice Boseman. “Fue al azar, ¡cuando me enteré le escribí de inmediato mi carta de agradecimiento!”. Pero a menos de que Washington sea un acaparador o tenga una memoria fotográfica, no hay razón para pensar que se acuerda de un universitario desconocido de hace 20 años. “He querido reunirme con él para decírselo”.

Hay una razón por la que no quiso contármelo antes. “Nunca quieres hacer sentir a alguien como si te debiera algo más”, dice. “Ya te han dado lo que se suponía que iban a darte. Pero me di cuenta esta mañana de que he llegado a un punto en el que no necesito más ayuda”, dice sonriendo.